miércoles , 8 diciembre 2021
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El incendio de Washington

Por: Franck Fernández Estrada(*)

Fuente: Diario de Yucatán

El 6 de enero de 2021, un grupo de simpatizantes del presidente Donald Trump entró en el sacrosanto Capitolio de  Estados Unidos, templo de la democracia norteamericana y sede de las dos cámaras del Congreso. Aquí mi intención no es ni darle ni quitarle la razón a los que tomaron tal decisión, cada cual es juez y dueño de su apreciación. Mi deseo es solo aclararles que lo que se considera un hecho insólito por su envergadura realmente no lo es.

No es la primera vez que se produce un acto de esta naturaleza en el Capitolio de la ciudad de Washington. Durante la guerra de Vietnam, aquellos que protestaban contra ella hicieron grandes manifestaciones en las escaleras de este famoso edificio y también en los años 1930, veteranos de la Primera Guerra Mundial que no recibían sus pensiones, también protestaron ante las puertas del Capitolio. Ejemplos de este tipo hay varios en la historia reciente de la capital norteamericana. Pero las manifestaciones se limitaron a las escalinatas, no más. Sin embargo, hubo un momento que ya no todos recuerdan en el que el Capitolio no fue solo tomado sino también incendiado y, junto al Capitolio, todos los edificios públicos de esta ciudad. Pero, como suelo decir en estos casos, hagamos un poco de historia.

La Revolución Francesa de 1789 fue un parteaguas en la historia de la humanidad. Trastocó al mundo de ese momento y en más de una forma. La revolución francesa tuvo varias etapas, que culminaron con la creación de un imperio. Napoleón, al declararse emperador, repudió a su amada Josefina por no darle descendencia y se casó con la sobrina nieta de la reina que pocos años antes habían guillotinado. Paradoja de esa revolución.

América no escapó a estos cambios. Fue el momento en que los diferentes virreinatos de América Latina comenzaron sus movimientos de independencia de España. Estados Unidos, recientemente creado, en la medida en que Inglaterra estaba muy ocupada en su guerra contra Napoleón, decidió dar un golpe a las colonias inglesas del norte con la intención de anexionárselas. Las colonias que son hoy Canadá no se habían unido al movimiento de separación de Inglaterra que iniciaron las 13 colonias que comenzaron el proceso de creación de lo que hoy conocemos como Estados Unidos. Los norteamericanos incluso llegaron a conquistar varios territorios y tomar la ciudad de Toronto, que entonces era la capital del Alto Canadá y que se llamaba York. La ciudad de York fue incendiada por los norteamericanos.

Al ser derrotado definitivamente Napoleón en la batalla de Waterloo, los ingleses decidieron mandar más soldados y material bélico para enfrentar a los norteamericanos. Eso es lo que se llama la guerra anglo-norteamericana de 1812 y 1815. Poco a poco los ingleses, mucho mejor organizados y equipados que la recién creada milicia norteamericana, pronto reconquistaron los territorios que habían perdido. Iniciaron un importante bloqueo naval de la costa este de  EE. UU. Para esta fecha, ya existía la capital federal que había recibido el nombre del prócer de la independencia norteamericana: Washington.

Si bien inicialmente se había pensado crear la capital en la ciudad de Filadelfia, donde había comenzado el movimiento independentista, después se consideró que era oportuno situarla a medio camino entre los estados del norte y los del sur. El terreno que se escogió para recibir la nueva capital era pantanoso e inhóspito. Para 1814, fecha de los acontecimientos que les estoy narrando, Washington en una ciudad miserable, insalubre y con muy poca población. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico y moral, no dejaba de ser la capital de la recientemente creada nación.

La fuerte presencia militar británica en las costas era signo evidente de que los ingleses querían tomar alguna ciudad costera de importancia. El Secretario de Guerra de  Estados Unidos insistía en que la intención de los ingleses era tomar Baltimore. A pesar de todas las advertencias que se les hacía a las autoridades, la capital federal se mantenía prácticamente sin protección militar. El Secretario de Guerra se equivocaba, el objetivo no era Baltimore, era Washington. La ciudad fue tomada por sorpresa. Los oficiales que dirigían las tropas inglesas eran el General Robert Ross y los Almirantea Alexander Cochrane y George Cockburn quienes habían dado la orden expresa de no atacar las casas particulares, sino exclusivamente los edificios oficiales.

Para estas fechas, el presidente de  EE.UU. era James Madison, un hombre poco propenso a tomar decisiones de urgencia. Afortunadamente, Míster Madison estaba casado con una mujer que sí las tomaba por él, Dolly Madison. La huida del gobierno fue de urgencia al punto que, cuando llegaron los ingleses a la Casa Blanca, los recibió una mesa preparada para la cena de esa noche con 40 cubiertos, prueba de que en las altas esferas del gobierno no esperaban tan pronta invasión.

Madison huyó con todo su gobierno dejando detrás todos los objetos oficiales y de valor de la Casa Blanca. Cuando su esposa se dio cuenta, regresó a la ciudad y, con carretas, varios esclavos y el mayordomo francés de la Casa Blanca, comenzó a sacar la mayor cantidad posible de objetos de valor y documentos oficiales. Fue así que se salvaron entre otros, el gran retrato de tamaño natural de George Washington que hoy se puede ver en la sala este de la Casa Blanca.

Después del incendio de la Casa Blanca solo quedaron en pie las paredes de mampostería siendo pasto de las llamas todo el resto. Si bien el material con el que inicialmente se construyó la casa es piedra caliza blanca, fue a partir de este incendio que, con el fin de ocultar las marcas del incendio, se les colocó un enlucido blanco a las piedras. A partir de ese momento se le llamó Casa Blanca, porque antes se le llamada Casa del Pueblo o Casa Presidencial. Por su parte, el Capitolio, que aún no tenía su magnífico domo, también fue pasto de las llamas. Allí se perdió una magnífica biblioteca de 3,000 libros. También los ingleses se ensañaron contra el Arsenal donde incendiaron varios barcos en construcción. Pasto de las llamas también fueron el Departamento del Tesoro y el periódico “National Intelliger”.

Los ingleses no tenían la intención de conquistar la ciudad de Washington. La intención era vengar el incendio de York/Toronto. A la mañana siguiente, los ingleses abandonaron el sitio no sin antes dejar encendidos los fuegos de los vivacs que habían hecho en la Colina del Capitolio con la intención de que los norteamericanos creyeran que aún se encontraban presentes.

Como ya he explicado, una vez que llegaron de Inglaterra los refuerzos que se liberaban de la guerra napoleónica, los norteamericanos perdieron todas las posesiones que habían obtenido por esa guerra. El impacto de la toma de Washington y el incendio de los edificios públicos fue más bien moral que estratégico. Un pequeño grupo de soldados ingleses demostró su superioridad ante las tropas de la nueva nación. Más adelante, en la ciudad de Gante, en la actual Bélgica, se celebraron conversaciones de paz entre las dos naciones. A pesar de que ya había sido firmada la paz, hubo una última batalla de esta guerra que se realizó en la ciudad de Nueva Orleans que no hacía mucho los norteamericanos habían comprado a Napoleón por 15 millones de dólares.

Para los canadienses, que optaron por crear su nación solo 53 años después de estos acontecimientos, éste fue el nacimiento de su sentimiento patrio. Así que cuando escuchen decir que Canadá invadió a Estados Unidos, como algunos dicen, no lo crean. Aún para esas fechas no existía ese país.

(*) Traductor, intérprete y  filólogo;  correo  electrónico: altus@sureste.com

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