martes , 23 julio 2024
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Del jarabe de la Tía Jemima hasta el movimiento “woke”

Franck Fernández Estrada *
Fuente: Diario de Yucatán

En la publicidad de algunos productos, como en las bebidas refrescantes con gas, el alcohol y el tabaco, suele aparecer el eslogan “Consumir con moderación”. Y es que en la vida realmente todo se debe realizar con moderación. Estoy muy mal situado para hablar del tema porque reconozco que soy goloso. Nada en exceso realmente hace daño y, como también dice el otro refrán, “Una vez al año no hace daño”. Pero esto se aplica, desde mi punto de vista, a muchos otros aspectos de la vida cotidiana.

En los últimos años nos hemos encontrado con un movimiento al que se le ha querido dar el nombre de “woke”, algo así como “despierto”.

El objetivo de mi trabajo no es hablar bien ni denigrar este movimiento. Cada cual es juez y tiene derecho a tener su propio criterio. Pero, repito, las cosas se deben hacer con moderación. Se han retirado estatuas de personajes de los que realmente no se conoce su historia como es debido. No podremos nunca juzgar el pasado con nuestros ojos de ciudadanos del siglo XXI porque forzosamente cosas que antes eran admitidas como normales ahora ya no lo son.

Que una gran compañía de dibujos animados nos imponga a una Blancanieves con un personaje que no le hace honor a su nombre y a enanitos que realmente no lo son no es aceptado por la mayoría. Recibir en parques de atracción a las niñas que entran a una tienda a comprarse un traje de princesa y les da la bienvenida un señor con barba, pasado de peso y vestido de princesa tampoco es aceptado por la mayoría. Rompe todos los cánones y las ideas que nos hemos hecho de una princesa. Para la mayoría una princesa es bonita, delgada, joven, mujer y sin barba.

Dentro del marco de este movimiento también algunas marcas de productos a las que muchos consumidores estaban habituados han tenido que cambiar su estrategia comercial. Esto me hace recordar a la muy famosa marca de harina preparada para hacer panqueques y el jarabe que los acompaña: Tía Jemima.

El movimiento “woke” también consideró que era indebido utilizar el famoso rostro de Tío Ben en la cubierta de su famosa marca de arroz. Mismo destino tuvo la nativa norteamericana que era el emblema comercial de la mantequilla Land Lakes. Estas marcas tuvieron que cambiar de nombre o de plano sacar de la presentación a su icónico personaje. Es con posterioridad al asesinato de George Floyd el 25 de mayo de 2020 que se incrementó un movimiento mundial para eliminar todo tipo de estereotipos que puedan llevar a pensar en discriminación.

La historia de la marca Tía Jemima se debe a que un pequeño fabricante de harinas tenía un gran excedente y decidió vender su extra de producción creando el preparado necesario para un panqueque, plato muy utilizado en el desayuno y no solo en los Estados Unidos. Fue la primera comida prepreparada del mundo. La marca fue creada en 1889 y surge la idea de que se tomara como medio publicitario a Nancy. Nancy Green había nacido como esclava en el año 1834 y murió en agosto de 1923 en un lamentable accidente automovilístico. Se alega que al presentar a una negra pasada de peso, con su piel lustrosa y un pañuelo en el pelo hace alusión directa a la esclavitud, la época en la que a estas mujeres se les llamaba “Mammy” por ser las empleadas en las casas de los ricos blancos esclavistas.

Lo hacían todo en la casa y lo de “Mammy” se adoptó por un grupo de actores de vaudeville blancos que se pintaban la cara de negro haciendo cuentos cómicos y muchas veces terminaban su actuación con un “Mammy”, como después hiciera Celia Cruz con su “Azúcar”. Gran exponente de este movimiento de vaudeville fue Al Jolson.

Nancy Green falleció trágicamente en Chicago, donde vivía la familia para la que trabajaba como ama de llaves. Un coche golpeó un camión y este, a su vez, se abalanzó contra la pobre víctima que caminaba tranquilamente por la acera. Fue el dueño de la casa donde trabajaba Nancy Green como empleada quien la había propuesto para el comercial, convirtiéndose en la primera marca comercial viva del mundo publicitario. En la exposición de Chicago de 1893 se encontraba detrás del stand de la marca preparando panqueques a todos los que se le acercaban, siempre con su jovialidad, su sonrisa y cantando canciones del sur de los Estados Unidos. Siempre trabajó como niñera, cocinera y ama de llaves de la familia Walker. La publicidad la llevó a viajar por todos los Estados Unidos, aparecía en ferias, mercados, espectáculos, gastronómicos, tiendas de comestibles locales. Era tan popular y querida que antes de llegar a un lugar se publicaban vallas publicitarias que decía: “¡Estoy en la ciudad, cariño!”. Normalmente había firmado un contrato vitalicio, pero fue ella misma la que lo rompió al solicitársele viajar a la Gran Exposición de París de 1900, negándose a viajar en barco. Fue reemplazada por otra mujer negra con las mismas características: regordeta, risueña con una piel lustrosa parienta de ella.

Nancy Green fue una abanderada pionera en la lucha por la igualdad racial y al salir de la carátula de las cajas de preparados para  panqueques Nancy Green sale de la historia y con ello todo su legado, como comentan sus descendientes quienes no están satisfechos con la decisión de PepsiCo, dueña de la empresa. Se le cambió el nombre al producto y el consumidor dejó de consumirlo. En resumidas, se tuvo que cerrar la planta que tenían en un pequeño pueblo de Ohio para la producción de la harina y el jarabe de Tía Jemima cerrando el único medio de sustento de 500 familias del lugar de ese pueblo.

Con el paso de los años, la imagen de Tía Jemima fue evolucionando y ya la última era una mujer, siempre negra, pero más moderna. Delgada, con el pelo arreglado, con una hermosa blusa blanca y pendientes de perla.

Este movimiento “woke” lo vemos también en películas de época en la que, por ejemplo, en una muy exclusiva reunión de la nobleza inglesa aparecen nobles negros o de otras razas cuando en la realidad histórica no hubieran podido pertenecer a esa clase. Ahora es de rigor contratar en las películas un porcentaje de personas de razas que no sean la caucásica aunque no se apeguen a la realidad histórica. Esto dará lugar a que las próximas generaciones se pregunten por qué lucharon afroamericanos y otras minorías por los derechos civiles si ellos mismos formaban parte de la élite noble y privilegiada del pasado.

Otro caso muy sonado es el de la muy famosa película “Lo que el viento se llevó” que nos narra la vida de la familia O’Hara, rica, sureña y esclavista durante la Guerra de Sucesión de los Estados Unidos y de cómo era tratada la Mammy de la casa. La escena en la que Scarlett quiere ir a un baile y le pide a su Mammy que le apriete cada vez más el corsé para hacer más fino su talle ha querido ser abolida de la película. Eso es una violación de la realidad histórica. Es necesario que en el futuro las nuevas generaciones sepan cómo era el esclavismo, que no por endulzarlo u omitirlo va a dejar de ser una realidad histórica que lamentablemente no podemos cambiar porque, como lo dice el propio nombre de la novela en que se inspiró esta gran película… eso ya el viento se lo llevó.

Como he dicho al principio, creo que todo en la vida debe ser tratado con moderación, no podemos juzgar al pasado con nuestra perspectiva actual del siglo XXI, porque, en ese caso tendríamos que estar constantemente reescribiendo la historia. Un pueblo que no conoce su historia está condenado a revivirla.

*Traductor, intérprete y filólogo.

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