miércoles , 8 diciembre 2021
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“Obrero y koljosiana”, un icono de la Unión Soviética

Franck Fernández Estrada (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Es innegable el desarrollo que tuvieron las ciencias y las técnicas durante el siglo XIX. Pero hay que reconocer que la mayor parte de los descubrimientos técnicos y científicos tuvieron lugar en Gran Bretaña durante el reinado de Victoria.

Hasta ese momento, diferentes países hacían exposiciones nacionales para exponer los logros de estos rubros, pero fue solamente en 1851 cuando en el Palacio de Cristal de Hyde Park, en Londres, se hizo la primera exposición internacional en la que se presentaron diferentes países exhibiendo todo lo que les era representativo.

Más frecuentes

A partir de 1851, las Exposiciones Universales sucedieron a ritmos más o menos frecuentes y continuaron hasta nuestros días teniendo también mayor o menor impacto mediático.

Hoy les quiero hablar de una muy importante Exposición Universal que se realizó en 1937 en París. Era la séptima que se realizaba en dicha capital francesa, siendo la ciudad que, hasta ese momento, mayor cantidad de Exposiciones Universales había recibido.

Se utilizaron los terrenos aledaños a la torre Eiffel, que ya había sido el elemento principal de la Exposición Universal de 1889.

Frente a esta famosa torre, del lado noroeste y sobre la pequeña colina de Trocadero, se creó para la Exposición Universal de 1900 un palacio que fue demolido para dar lugar a uno nuevo que respondiera al gusto arquitectónico de 1937, a saber, el art deco.

Pero es necesario recordar que 1937 fue un año muy agitado en la política mundial. Ya Japón había invadido territorios en Asia. Tenía lugar una cruenta Guerra Civil en España que, a pesar de lo que quieren negar algunos en nuestros días, fue cruel por parte de los dos beligerantes, se mataban entre hermanos y ahí no hubo ni buenos ni malos. Evidentemente, se estaban dando todas las condiciones para lo que estallaría tan solo dos años más tarde, la Segunda Guerra Mundial.

A esta exposición se dieron cita 52 naciones, pero decididamente la gran expectación eran las representaciones de dos jóvenes regímenes.

En Alemania triunfó en elecciones libres Adolph Hitler en 1933 y, por otra parte, la Unión Soviética solo contaba con menos de 20 años.

Era la primera Exposición Universal a la que asistía la Unión Soviética. Poco a poco las naciones del mundo reconocían a este nuevo régimen soviético que se instauró en la antigua Rusia zarista y que era dirigido con mano de hierro por Iósif Stalin.

Los organizadores de la exposición decidieron que el tema fuera “Las artes y las técnicas en la vida moderna” y se desarrolló entre el 25 de mayo y el 25 de noviembre de ese año. La idea del tema era demostrar que técnica y arte, es decir, lo bello y lo útil, pueden ir de la mano y una no está en contradicción con la otra.

A esta exposición asistieron más de 31 millones de personas y se desarrolló en una extensión de más de 100 hectáreas.

Cada país era responsable de la construcción de su propio pabellón, donde presentaría todo los logros en arte, técnica y ciencia.

Ahora bien, quizá sin ideas de trasfondo o de la forma más premeditada, los organizadores adjudicaron terrenos, uno frente al otro, al régimen soviético y al régimen nazi, sirviendo ambos pabellones como inicio de la explanada de Trocadero, inmediatamente antes de las orillas del Sena.

Es evidente que las dos naciones querían rivalizar en cuanto a belleza, desarrollo y simbolismo. Es evidente que al arquitecto del Führer, Albert Speer, se le adjudicó el diseño de este pabellón. Su creación fue siempre dentro del estilo del art deco de moda. Tres columnas gigantescas que simbolizaban al III Reich. Todo ello teniendo en el techo como colofón una gran estatua de un águila imperial.

Enfrente, la Unión Soviética presentó su pabellón diseñado por el arquitecto Borís Iofán y, como colofón, tenía la estatua de un obrero y una koljosiana.

Aquí debo explicar qué significa una koljosiana. Los regímenes totalitarios de izquierda realizaron reformas agrarias para más adelante nacionalizar las mismas tierras que entregaron a los campesinos, sin pretexto de poder mecanizar la producción mediante la creación de cooperativas o koljoses, como se les llama en ruso.

Forzosamente, una koljosiana es una campesina que trabaja en un koljós. No debemos olvidar que las dos clases sociales que se supone representan al comunismo son el proletariado y el campesinado.

“Obrero y koljosiana” (1937) es una estatua de 24.5 metros hecha en acero inoxidable por la escultora soviética Vera Mújina

Pues bien, por una parte, el obrero empuñada en su mano izquierda un martillo y, por la otra, la koljosiana empuñada en su mano derecha una hoz. Al unir las dos herramientas, formaban el emblema de la Unión Soviética. La escultura fue inspirada por la escultura antigua griega y realizada dentro del más puro estilo de realismo socialista que había abrazado su escultura, Vera Mújina.

El material utilizado fue el acero inoxidable, considerándose que es un metal que no se altera con el paso del tiempo y también haciendo un guiño a la palabra “stal”, que en ruso significa acero, y era el nombre de guerra de Joseph Stalin, el “hombre de acero”.

Escultura de gran altura

El tamaño de la estatua llegaba a la monumental talla de 24.5 metros. A pesar de los acuerdos de Brest Litovsk que firmaron los cancilleres nazi y soviético en agosto de 1939, en un artero ataque Hitler los rompió invadiendo a la Unión Soviética en junio de 1941 con la operación Barbarroja.

Pero volvamos a 1937 y a la explanada de Trocadero. Se comenta que Albert Speer conoció los planos del pabellón soviético por las autoridades organizadoras de la Exposición Universal e hizo el pabellón alemán 10 metros más alto con la idea de demostrar la supremacía del régimen nazi sobre el soviético. No existen pruebas de que esto sea cierto.

Al terminarse la exposición, la hermosa escultura de “Obrero y koljosiana” fue enviada de vuelta a la Unión Soviética sin que se supiera exactamente qué emplazamiento se le iba a asignar. Finalmente se puso a la entrada norte del gran parque de la Exposición de los Logros de la Economía de la Nacional en un pedestal aún más grande que el pabellón soviético para el que había sido creada la escultura. Esto, a gran disgusto de la escultora Vera Mújina, quien consideraba que a esa altura no se podían bien apreciar los contornos de los personajes que ella creó.

En 1957 los estudios oficiales de cinematografía de la Unión Soviética tomaron esta monumental escultura como su emblema oficial, por lo que todas las películas soviéticas a partir de ese año comenzaban con una representación de “Obrero y koljosiana”.

Hoy en día, después de 7 años de reparaciones, se le puede volver a ver en la Avenida de la Paz o Prospekt Mira, como se dice en ruso.

Afortunadamente, desde 1953 Vera Mújina no es parte de este mundo, porque estaría aún más a disgusto que en el pasado, debido a que el pedestal de “Obrero y koljosiana” en estos momentos es aún más alto.

(*) Traductor, intérprete y filólogo.

altus@sureste.com

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