lunes , 5 diciembre 2022
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La panadería Poilâne

  • El intento de desprestigio por parte de una publicación

Por: Franck Fernández Estrada(*)

Fuente: Diario de Yucatán

Dicen que en la guerra y el amor todo está permitido. Pero hay maneras de desprestigiar o de calumniar al enemigo que son muy traídas por los pelos. Hoy les quiero hablar de la historia de una famosa panadería de París, Poilâne, que se encuentra en el 8 Rue de Cherche Midi, en el distrito seis de la capital francesa, del lado sur de la ciudad.

Esta panadería abrió sus puertas en 1932, hace ya 90 años. Si ha logrado no solo continuar existiendo desde entonces, sino también ampliar su clientela más allá de los límites de este barrio de artistas de Saint-Germain-des-Près al resto de Francia y a las principales capitales del mundo, donde tiene sus sucursales, es gracias a una permanente búsqueda de calidad y de respeto de lo que se le vende al cliente. Personalidades famosas han sido desde siempre sus fieles clientes… una de ellas es la antiguamente pulposa y bella Brigitte Bardot, BB como le llamaban los franceses.

A esta panadería, que no es de las más baratas de París, los parisinos suelen venir los sábados y domingos, que son los días en el que generalmente no trabajan, para llevar al desayuno de estos días de descanso un croissant o una baguette de calidad… de muy buena calidad. No es extraño ver esos días cola para comprar los productos que se hacen a la antigua, dentro de un respeto de las tradiciones, con muy buenas levaduras, harina molida en viejos molinos de piedra y con hornos de leña. Es decir, a la antigua.

Todo esto para contarle que, en los años 80, antes de la caída del régimen soviético, periodistas del famoso periódicoPravda” (que significa “verdad” en ruso y que no siempre hace justicia a su nombre), publicó una fotografía de un sábado o de un domingo de una cola delante de la puerta de la panadería Poilâne. Esto con la intención de hacer creer que también en París había que hacer cola para comprar el pan nuestro de cada día, como en el resto de las ciudades detrás de la cortina de hierro. Es evidente que los pobres lectores de la no-pravda, desconocían que literalmente cada 2-3 esquinas hay una panadería en París, algunas con productos de mejor calidad que otras.

Desde entonces primero cayó estrepitosamente el imperio soviético, como un castillo de naipes carente de cimientos, Yeltsin tuvo el mal tino de poner a un antiguo agente de la KGB con base en Dresde en puestos claves, agente que ha sabido apoderarse del poder, en el mejor estilo de la antigua autocracia zarista. Este señor hoy critica el capitalismo. Él, rodeado de todos los lujos y exuberancias de los más recalcitrantes, rancios y opulentos capitalistas. Él y sus acólitos. He tenido la oportunidad de visitar todas las grandes capitales capitalistas del mundo, a excepción de Tokio y Seúl. Juro que en ninguna de ellas he visto tanto despilfarro y ostentación de todos los signos exteriores del capitalismo como lo he visto en Moscú, claro, no en posesión de la mayoría, sino de unos muy pocos enquistados en el poner y en la economía.

Esta desinformación y miedo en que el régimen soviético mantenía a sus ciudadanos no deja de recordarme un incidente. Estaba yo en la tienda Mark & Spencer del Boulevard Haussmann de París antes de la caída del comunismo. Comprar en Mark & Spencer es garantía de comprar productos de calidad. Los precios no son los más asequibles, pero la relación precio calidad es inmejorable. Al comprar un producto de Mark & Spencer uno tiene la seguridad de que, si lo cuida, lo podrá conservar por muchos… muchos años. Allí estaba yo y escuchaba las conversaciones de unos soviéticos sobre las diferentes compras que querían hacer y del poco dinero con el que contaban.

A una señora, hermosa mujer, me le acerqué para decirle en ruso que si, en el momento de pagar, presentaba su pasaporte soviético no le cobrarían el IVA que, en ese momento, en Francia era de 18.6%.

Ingenuo yo. Ni me daba cuenta de que, cuando llegaban a un país extranjero, a los escasos y, por sobre todas las cosas, seguros ciudadanos soviéticos que lograban salir de la Cortina de Hierro como turistas, se les confiscaba el pasaporte para que no pudieran escaparse. Aquella pobre mujer, por hermosa que fuera, no podía presentar su pasaporte. A pesar de eso, ella con cara de espanto me dijo en un horroroso francés: – Je ne comprends pas (no entiendo). Ahí mi compañero me pregunta qué es lo que pasaba, ella con cara de espanto y yo de enojo. Molesto por la respuesta de la pobre señora dije en ruso, bastante alto para que todos los demás me pudiera escuchar: -A ella no le basta ser soviética, sino que también es estúpida.

Ahora me arrepiento de haber sido tan desagradable con aquella pobre mujer que, lo único quería, era protegerse del agente de la KGB que siempre los acompañaba. Quería protegerse de mí, que solo quería ayudarla en sus compras, para que no la acusaran de haber tenido contacto con un sucio capitalista en una tienda March & Spencer de París.

Esta fotografía a las puertas de una panadería Polâine no fue la única utilizada por el régimen de Moscú para desorientar a sus lectores. Existe una tienda de delicados productos y, por sobre todas las cosas excesivamente caros. Su nombre de Fauchon es su nombre y existe desde 1886. Es la representación del más elevado lujo de la gastronomía francesa. No es de extrañar que a las vísperas de fiestas, los parisinos, con el afán de tener esa noche a la cena un producto de extrema calidad, hagan cola delante de la puerta del refinado establecimiento para su velada. También esas colas fueron presentadas en el pasado por la no “Pravda” para desorientar a sus lectores.

(*)Traductor, intérprete y filólogo; correo electrónico:  altus@sureste.com

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