Desperdicios alimenticios
Jorge Antonio Lechuga Andrade (*)
Fuente: Diario de Yucatán
Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba, España, creó un biocombustible a partir de los ácidos grasos provenientes de los desperdicios de alimentos de restaurantes. El método usado es de menor costo energético y más sostenible que otros utilizados para la obtención de gasóleo de origen vegetal.
Con la intención de fomentar el desarrollo de una economía circular eficaz, los investigadores tratan de incorporar al sistema productivo los desechos que se producen en el mismo. Siguiendo la regla de las tres ‘r’ (reducir, reciclar, reutilizar), esta estrategia pretende que el actual flujo de los alimentos (recursos-producto-residuos) se transforme en un flujo circular (recurso-producto-residuos reciclados-producto).
Biocombustible
Así, en un estudio publicado por la revista “Fuel”, demuestran que la grasa de los desperdicios de comida es adecuada para la producción de un biodiesel que cumple las propiedades fundamentales de la norma europea y que se obtiene con un importante ahorro de energía, así como tiempo de reacción.
Los expertos lograron reducir el tiempo dedicado a la transformación de los ácidos grasos en biodiesel, mediante una reacción llamada transesterificación (intercambio del grupo alquilo de un éster con otro de un alcohol), incluyendo el ultrasonido en el proceso. La técnica convencional incluye un calentador-agitador y funciona bajo demanda continua de energía, mientras que el dispositivo de ultrasonido, con menor potencia energética y menos tiempo de exposición, consigue lograr el mismo cambio químico mediante ondas.
La investigadora Dra. Pilar Dorado, responsable del trabajo, comentó que “el aceite que se ha obtenido, procede tanto del contenido lipídico de la propia comida desechada como de aceites ya usados, grasas, carnes, sebo de cordero y aceite de pescado. Tras el procesado, el biodiesel que se logra podría usarse en motores comerciales”, agregó.
El análisis de propiedades físicas y químicas mostró que el producto cumple con el estándar europeo de biodiesel, aunque aún es necesario ajustar más la estabilidad a la oxidación, el rendimiento y el contenido de glicéridos, requisitos necesarios para su comercialización inmediata. Este biocombustible también se podría utilizar mezclándolo con gasóleo o mediante la simple adición de antioxidantes fenólicos, unos compuestos naturales que contribuyen a un mejor rendimiento del motor.
Aprovechar desperdicios
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), alrededor de un tercio de la producción de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia en todo el mundo, lo que equivale a aproximadamente 1,300 millones de toneladas al año.
En este contexto, el uso de biocombustibles ha avanzado notablemente en los últimos años. Sin embargo, el 95% de las materias primas de biodiésel provienen de cultivos comestibles como la palma, la soja y otros tipos de aceites.
Por ello, la comunidad científica explora vías alternativas para la obtención de aceites a partir de otros productos, como las que plantea este estudio. Además, la posibilidad de reutilizar basura orgánica procedente de alimentos para extraer grasas y transformarlas en biocombustible cumple el doble objetivo: reciclar los desechos y fabricar un producto sostenible. Se trata de un ejemplo de economía circular, donde los residuos se convierten en materia prima para fabricar otros productos.— Mérida
jorge.lechuga@correo.uady.mx
Doctor en Proyectos de Innovación Tecnológica, profesor e investigador de la Uady
En este contexto, el uso de biocombustibles ha avanzado notablemente en los últimos años. Sin embargo, el 95% de las materias primas de biodiésel provienen de cultivos comestibles
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