viernes , 2 diciembre 2022
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Asignatura pendiente del feminismo

De Rita Cetina a Elvia Carrillo Puerto (y 2)

Piedad Peniche Rivero (*)

Fuente: Diario de Yucatán

El general Salvador Alvarado, gobernador que trajo la Revolución mexicana a Yucatán, fue quien comenzó a cambiar las ideas que dominaban en esa época con el discurso socialista.

Por decreto de 22 de diciembre de 1915, Alvarado fundó la Escuela Normal Mixta del Estado, que establecía la temida coeducación de jóvenes de ambos sexos y la igualdad de planes de estudios normalistas.

Así, las mujeres, cuyo destino profesional había sido hasta entonces fatalmente la docencia, podían acceder a la Universidad y virtualmente al conocimiento de la biología.

Elvia Carrillo Puerto y Rosa Torre, quienes con el discurso de la participación política de las mujeres, alentado falsamente por los socialistas yucatecos desde 1918 y perfilado en 1916 por el mencionado gobernador Alvarado, transformaron la necesidad de conocer la biología en el derecho de vivirla mediante el control de la natalidad. Vivirla no con fines de libertad personal, de “amor libre”, como les achacaban los adversarios del feminismo en sus días, sino con propósitos eugenésicos, un tema que recibió mucha atención en la primera mitad del siglo XIX tanto en América Latina como en Estados Unidos y Europa.

¿Por qué cargarse la mujer proletaria de hijos que no puede mantener, ni educar, ni traer al mundo en las mismas condiciones físicas en que trajo a los dos o tres primeros? Se trata de restringir la cantidad en beneficio de la calidad, decían.

Las ideas sobre eugenesia las había estado difundiendo en Yucatán la periodista, abogada y feminista veracruzana Esperanza Velázquez Bringas cuando, en 1922, el gobernador Felipe Carrillo Puerto y su hermana Elvia lanzaron una campaña en favor del control de la natalidad, desde el Partido Socialista del Sureste.

La campaña comenzó con la publicación de “La regulación de la natalidad o la brújula del hogar”, un folleto de la feminista y socialista norteamericana Margaret Sanger, prohibido en los Estados Unidos. En agosto de 1923, Anne Kennedy, secretaria ejecutiva de la American Birth Control League y asistente de Sanger, fue invitada a visitar Yucatán para asesorar al gobernador en relación con el establecimiento de dos clínicas de control natal, incluyendo una en la zona roja de la ciudad de Mérida.

La señora Kennedy se reunió con los hermanos Carrillo Puerto y doctores en medicina y se realizaron juntas y conferencias con padres de familia, estudiantes, maestros y maestras, a fin de discutir las ideas de Sanger y cómo difundirlas.

Como otras veces, un grupo de profesoras politizaron el asunto llevando sus protestas hasta el ministro de Educación. Decenas de padres de familia salieron a las calles de Mérida protestando contra el citado folleto, porque —según decían— era distribuido en las escuelas. Una marcha que la prensa socialista calificó como de varios fanáticos al frente de muchos ignorantes.

El gobernador les salió al paso diciendo que el folleto se distribuía exclusivamente en el Registro Civil y entre las parejas que iban a contraer matrimonio. Al final, todo se redujo al alboroto, pues las clínicas nunca se instalaron, lo que no es extraño porque las técnicas de Sanger eran de difícil aplicación en Yucatán, donde hasta el agua potable era un lujo.

Lo que sí quedó muy claro es que, a partir de las ideas de los hermanos Carrillo Puerto, la maternidad quedó separada de la sexualidad y que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres podían comenzar a ser reclamados como derechos políticos.

El asesinato del gobernador Carrillo Puerto el 3 de enero de 1924 a manos de los militares golpistas levantados contra el presidente Obregón, que se posesionaron del gobierno del estado durante 4 meses debido a que Carrillo Puerto era fiel a Obregón, fue la oportunidad para que la cúpula del Partido Socialista del Sureste, los compañeros del asesinado Felipe, reprimieran duramente a Elvia y compañeras del movimiento feminista de la Liga “Rita Cetina Gutiérrez” que ella presidía.

Elvia tuvo que exiliarse y su exilio marcó el fin de todo feminismo organizado en Yucatán. Pero la biología, el “mejoramiento de la raza”, como alternativa para aliviar la pobreza de la clase proletaria, especialmente de las mujeres que no podían participar en la vida social si tenían una carga de hijos involuntaria, siempre estuvo en su agenda feminista del ex D.F., su nuevo hogar.

Actualmente, a pesar de que las yucatecas ya podemos conocer libremente los secretos arcanos de la naturaleza gracias a la conquista en 1915 del derecho a la educación superior, levantada sobre las bases que construyó Rita Cetina en 1870, y aunque desde 1953 tenemos el derecho a votar y ser votadas, gracias a las luchas de Elvia por el sufragio —presentadas recientemente en este mismo espacio—, nos urge revivir la vieja tradición radical de los secretos arcanos de la naturaleza, en la lucha por el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos. Es la asignatura pendiente.— Mérida, Yucatán.

Exdirectora del Archivo General del Estado

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