martes , 7 julio 2026
Ultimas Noticias

Grietas en la azotea

José Antonio Gutiérrez Triay (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Recién el triunfo de AMLO escribí un artículo titulado: “El pez por la boca muere”. Había en mi prospectiva dos razones, la primera era que el Mesías Tropical hablaba hasta los codos y presumía que su pecho no era bodega y así, sin filtros, dijo una serie de incoherencias, dignas de un gobernante bananero. La otra parte del título, resulta obvia porque le apodan el peje.

Sin sentirme vidente escribí que Morena era un movimiento, un amasijo antes de ser un auténtico partido, gracias a la popularidad de un líder carismático en la coyuntura con un México decepcionado. Surge, además, la expresión de la existencia de un Prian muy compartida con los electores.

Cuando el inobjetable triunfo de 2018, surgió un gran problema que fue encontrar a las personas idóneas para conformar el gabinete. No existía entre los militantes leales, personas para los cargos públicos de gran importancia para realizar una buena administración pública: La caballada estaba flaca, como diría don Porfirio Díaz.

Al acercarse la toma de posesión invitó a distinguidos personajes para colaborar en su proyecto en distintas especialidades, aceptaron y luego, muy pronto se fueron por no aguantar las improvisaciones y ocurrencias de su jefe. No quisieron ser corresponsables de una catástrofe que vislumbraban, de grandes o pequeñas proporciones. Entonces surgió aquello del 90% de lealtad y 10% de capacidad entre los que serían colaboradores.

AMLO cayó en la cuenta que, para mantener su proyecto de perpetuarse en el poder, no le bastaría con electores cautivos a través los apoyos sociales de Bienestar. Por aquella razón y lo antes expuesto para gobernar, inició la invitación de los expertos “mapaches” que con tanta intensidad antes combatía.

No le fue difícil encontrarlos, los camaleónicos chapulines son “presupuestívoros”, no saben vivir fuera del presupuesto. Así surgió el Primor. Sin embargo, descuidó que aquellos tránsfugas lo serán siempre, cuando les surjan nuevas oportunidades porque la embarcación empiece a hacer agua, migrarán como verdaderos mercenarios del quehacer político electoral.

Aquel paradigma de lealtad del jefe máximo de Morena, se fue llevando hasta las entidades del país y nuestro Yucatán no fue la excepción, con las características propias de un gobierno paralelo. Hoy pesan fuertes acusaciones contra los gobiernos morenistas por presuntos acuerdos con grupos del crimen organizado. La justicia norteamericana tiene en su lista de implicados a connotados políticos que se cobijan con las siglas del oficialismo. Algunos de los señalados prefirieron entregarse como soplones para que las leyes gringas les resulten menos draconianas.

El campeonato mundial de fútbol y los triunfos del equipo nacional parecen apaciguar el descontento nacional que surgió antes del evento internacional, sin embargo, pueden reactivarse cuando se diera la eliminación del equipo nacional en dicha justa. Los sueños terminarán y vendrá una decepcionante cruda contra los gobiernos al vivirse una triste realidad.

Pueden renacer las inquietudes de esta tregua por el fanatismo deportivo, se acordarán que los salarios están superados por la inflación real, esa que se vive en la mayoría de los hogares, no la de las estadísticas. Las madres buscadoras de sus desaparecidos por fin serán escuchadas, los jubilados retomarán su lucha y nuevamente el disgusto por la impunidad y corrupción reinantes.

Los gobiernos de ese amasijo oficial sin identidad y sentido de pertenencia, llamado Morena, tendrán que hacer circo, maroma y teatro para su supervivencia. Ya veremos lo que sucederá en las elecciones del próximo año, como en otros países latinoamericanos, donde decepcionados de los gobiernos de izquierda, el pueblo les retiró su apoyo. Algunos vemos que fue con la injerencia del gobierno de Donald Trump.

En Yucatán, el colectivo ¡Ya basta! expone sus investigaciones acerca de la negativa de información en cuanto a los recursos del erario para la ampliación del Puerto de Altura, están en completa oscuridad. Ese dinero es nuestro a través de un préstamo que autorizó el Congreso del Estado para una buena finalidad, pero muy mal operados que parecen terminar en los bolsillos de los patrocinadores de las campañas electorales. Nos asiste el derecho que nos informen, porque, desde luego, somos los ciudadanos quienes terminaremos pagando.

Es probable que la ampliación del Puerto corra la misma suerte del hospital de Ticul o la que por años tuvo el O’Horán, muy nuevo, muy grande, pero con grandes carencias.

Es probable que el manejo oscuro de aquellos recursos terminen como siempre en la adquisición de algunas tierritas o inmobiliarias, llenando las bolsas de políticos y sus asesores. Los yucatecos al parecer veremos una vez más cómo nos toman el pelo, dejando minucias construidas de infraestructura pública y engrosando un capital privado en corruptas alianzas para luego blanquear aquellos mal habidos capitales.

¿Hasta cuándo soportaremos?— Espita, Yucatán

(*) Escritor, docente y cronista de Espita

Deja un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *