Manuel A. Baeza Bacab (*)
Fuente: Diario de Yucatán
Mérida, 15 de abril de 2026.- La atención a la salud de los niños siempre ha estado entre las prioridades de los médicos de diferentes épocas, quienes intercedían ante las autoridades para alcanzar este beneficio y hacerlo llegar a las clases más necesitadas del país.
Uno de los primeros médicos preocupados por la salud de los niños fue el insigne Dr. Eduardo Liceaga, el médico más importante del siglo XIX, fundador del primer servicio hospitalario para niños enfermos en el ya desaparecido Hospital de San Andrés de la capital de República, y creador del Hospital General de México, además de introductor de la vacuna contra la rabia. Ya en el siglo XX, surgen dos figuras que sientan las bases de la Pediatría, como especialidad: el Dr. Mario A. Torroella quien funda su enseñanza a nivel universitario y el Dr. Federico Gómez Santos, creador del Hospital Infantil de México, fundado en 1943.
A pesar de los avances nacionales, Yucatán nunca se quedó rezagado en materia de atención infantil, podemos presumir que, en 1906, el nuevo edificio del Hospital O’Horán se inaugura con un Servicio de Cirugía y Medicina de niños a cargo del Dr. Ignacio Molina, de esta pequeña sala surge en 1912, de la mano del Dr. Francisco Colomé, el Servicio de Infancia en el hospital, y la cátedra de Pediatría en la Escuela de Medicina, que, la modernidad ha transformado en el Servicio de Pediatría, que hoy conocemos, y que tanto beneficio ha brindado a la niñez yucateca.
Pero la historia no termina ahí, en 1940, tres años antes de que se inaugurara el Hospital Infantil de México, a instancias del Dr. Manuel Acevedo Ruiz del Hoyo, el gobierno del Ing. Humberto Canto Echeverría inauguró el 1o. de febrero el Hospital del Niño de Mérida, ubicado en la remozada “Quinta Las Águilas” (calle 62 por calle 35), que infructuosamente trató de expropiar el gobierno estatal, pero que en un gesto de nobleza el Sr. Álvaro Peón de Regil, conde de Miraflores donó para el Hospital del Niño.
Sin embargo, y a pesar de sus grandes logros, el hospital tuvo corta vida, y fue clausurado en 1966, por el entonces gobernador Luis Torres Mesías, que de mesías no tuvo mucho, más bien actuó como Herodes el “día de los santos inocentes”. El pretexto fue que era más adecuado reunir en el Servicio de Infancia del Hospital O’Horán todos los recursos para la atención de los niños yucatecos, pero es claro que una sala de pediatría nunca será mejor que todo un hospital pediátrico.
Algo semejante a lo que hoy, las autoridades del Estado quieren hacer al cerrar el Hospital Corea- México y trasladar la atención de los niños a un servicio hospitalario, que hoy está saturado y que obviamente nacerá saturado. Sin olvidar que los recursos que se puedan otorgar a la atención para la salud de niños nunca serán suficientes, mucho menos cuando estos recursos se limitan, se escamotean, y las familias padecen un calvario para lograr la atención de sus menores.
Las razones dadas para cerrar el hospital en 1966, por el gobierno estatal se desvanecieron, cuando la “Quinta las Águilas”, fue fraccionada y vendida al mejor postor, a excepción de una porción de terreno donde hoy se encuentran unos juzgados de lo familiar. Triste destino que también compartió el Hospital Ortopédico “Beatriz Velasco de Alemán”, mejor conocido como “Hospital del Niño Lisiado”, fundado y sostenido con recursos de particulares y gubernamentales, encabezado por el Dr. Fernado Guzmán Espinosa en 1952.
Sin embargo, a pesar de los invaluables servicios ofrecidos a la niñez yucateca que padecía secuelas de poliomielitis, en 1970 el gobernador Carlos Loret de Mola anunció su cierre para transformarlo en una escuela, que nunca existió, trasladando equipo y recursos al Hospital O’Horán.
Un año después el terreno se vendió para construir un nuevo fraccionamiento en la colonia Miguel Alemán. No aprendimos la lección de 1966, y menos la de 1972, pero debemos mencionar que nuestros vecinos del estado de Tabasco aprendieron a la distancia y crearon desde 1960 un hospital pediátrico, que hoy pervive con el nombre de “Dr. Rodolfo Nieto Padrón”, calificado como de Alta Especialidad, que hoy sufre, también, los embates de falta de recursos a pesar de ser un estado productor de petróleo y con grandes recursos económicos, pero al igual que el resto del país no le han llegado los recursos de la “salud dinamarquense” ofrecidos por el gobierno del bienestar.
Yucatán no está para seguir desapareciendo hospitales, ya sea de niños o adultos, nuestra población, sobre todo la de recursos limitados, necesita de la mejor atención con calidad y calidez, la cual podemos constatar que ofrecen las mujeres y los hombres encargados de esta función en los hospitales, pero la prevención y la resolución de los estados mórbidos requieren de recursos para contar con espacios dignos, métodos de diagnóstico tempranos y de vanguardia, así como medicamentos suficientes para curar a los niños enfermos.
Nos consta que la sociedad yucateca siempre ha sido generosa y altruista con la salud infantil, pero no debemos olvidar que la salud es un derecho consagrado en la Constitución del país y que los gobiernos nacional, estatal y municipal son los corresponsables de ofrecer los recursos para alcanzarla. El estado de salud infantil mexicano es precario, para muestra basta un botón: la inmunización de niños, niñas y adolescentes.
Es una realidad sin posibilidad de rebatir que, la administración de vacunas descendió a niveles intolerantes en los últimos años, a tal grado que estamos padeciendo sarampión y tosferina, dos enfermedades que se había mantenido a raya, gracias a las campañas de inmunización impulsadas desde la secretaría de salud federal, sobre todo en la época de otro ilustre pediatra mexicano: el Dr. Jesús Kumate Rodríguez.
México, y en particular Yucatán, se merece un futuro mejor donde niños, niñas, adolescentes, hombres y mujeres alcancen la plenitud de su desarrollo. Ojalá podamos lograrlo y pongamos primero a los niños. Estamos a tiempo.— Mérida, Yucatán
(*) Socio titular de la Academia Nacional de Medicina, expresidente de la Confederación Nacional de Pediatría de México y actual vicepresidente de la Academia Mexicana de Pediatría.
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