Por:SemMéxico
Sara Lovera
SemMéxico, Cd. de México 13 de abril 2026.- Una de las razones más perniciosas para no avanzar en la política de género en los últimos años es no dialogar con las mujeres organizadas.
No mirar aquel 8 de marzo de 2020, donde miles y miles de mujeres organizadas en colectivas se revelaron como la masa crítica que rebasó a los gobiernos, a los congresos y a las instituciones responsables de prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres.
Se llamó primavera feminista mexicana: el boom de las protestas en el 8 de marzo o el 25 de noviembre; las de cada día cuando hay una desaparecida o una asesinada. Sucesos fuera de la intención de las oposiciones al gobierno, que no son imaginación o cuento, sino cosa real.
Al gobierno de Andrés López Obrador esto le fue indiferente. Él, una y otra vez, las calificó de manipuladas por la derecha o sus enemigos. Despreció las observaciones de organismos internacionales y engavetó las recomendaciones y sentencias.
Ese gobierno de la 4T desmanteló lo construido por las feministas y sus aliadas durante 50 años. Así de tremendo es. Vació el presupuesto; cerró las casas de mujeres campesinas; hostigó a los refugios para mujeres violentadas, las estancias infantiles; acabó con el dinero para programas de cánceres femeninos; descalificó a dirigentes, periodistas y feministas. Fue error histórico, porque hoy somos todas.
Además, afectó a las comisiones de búsqueda y de víctimas. Hoy, la presidenta de la República sigue esos malos pasos. Desconoce reclamos que le aparecen en cada gira de trabajo. En la última semana eso sucedió en Puebla y Morelos. Sucede en las alcaldías de la Ciudad de México. ¿Qué, no se da cuenta?
La crisis humanitaria que discutirá la Asamblea de la ONU no es un chiste. Se suman expedientes y reclamos en el comité de la CEDAW y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.
Hoy sabemos que 19 niñas y niños desaparecen todos los días. Ya no tenemos CONEVAL; se sospecha de INEGI; se acabó la transparencia. El ciclo se repite y se expande. Se designan consejeros del INE a modo. Ni hablar de la reforma judicial. ¿Es un invento?
Las colectivas feministas tienen lazos con las colectivas de familiares y mujeres en busca de justicia y contra las desapariciones; hoy nada puede ocultarse. Todos los días se asesina, hiere, violenta a decenas de mexicanas de todos los rincones del país; ellas se niegan a callar y no se resignan. Gritan sobre los féretros. Pero desde Palacio lo que se anuncia son leyes: papel mojado.
La presidenta y su equipo ni reparan ni atajan. Me dirán que la protesta no da para preocupar a la 4T; cierto, desde la mirada del poder patriarcal. Un amigo me dijo: “dile a tus amigas que se organicen”. Uff, ¿más? Ellas, organizadas, hallan las fosas clandestinas; identifican cómo es el horror y no dejan de poner los tendederos con las fotografías de sus hijos e hijas desaparecidos, o de sus maridos, o hermanos, o madres asesinadas.
Lo que sucede la presidenta no podría resolverlo como arte de magia, pero algo podría hacer. Negada al diálogo con los partidos políticos y las organizaciones que no controla, lanza una mala señal tras año y medio de acceder al poder que sí tiene. No le importa exponerse al juicio internacional. ¿Por qué?
En la discusión del cambio constitucional para dar facultades al Congreso para legislar sobre el delito del feminicidio en el Senado, la morenista Malú Micher Camarena, de la Comisión de Igualdad, dijo que en 2025 cuatro mil carpetas de investigación se relacionaron con feminicidios. O sea, ya no puede ocultarse.
Me pregunto si las carpetas incluyen las desapariciones, esa herida humana donde falta esa niña de 9 años, esa hermana de 19, esa tía de 25, esa profesora universitaria, esa trabajadora de una empresa de confección. Ese marido querido. ¿Cómo no lo ve? O si lo ve y está aterrada. Veremos.
- Periodista, editora de género en la OEM, directora del portal informativo semmexico.mx
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