lunes , 27 mayo 2024
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Ucrania, país bajo la piel

Denise Dresser (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Salgo de Ucrania sacudida. El país, su Presidente, su gente, su resiliencia se meten debajo de la piel. Sus historias son las nuestras, sus luchas son a las que alguna vez nos enfrentamos, invadidos una y otra vez. Ucrania tan lejana, pero tan cercana en las heridas compartidas.

Como antes, cuando nos arrebataron parte del territorio. Como ahora, cuando contamos a las víctimas de la violencia diaria, infinita. Allá hay desplazados buscando cómo escapar de las balas, y acá también. Allá hay fosas comunes de los sin nombre, y acá los seguimos buscando, hurgando entre la tierra. Allá en Izum, acá en Sonora, y Jalisco, y Chihuahua, y Guanajuato.

A miles de kilómetros de distancia se apilan las historias de tortura o de violación, mientras nosotros llevamos años recabando las nuestras, sin que importe demasiado. Ucrania reclama nuestra falta de solidaridad, y tiene razón en hacerlo. Porque en el largo arco de la historia, qué posiciones asumimos, qué valores defendemos, y a qué causas nos sumamos va a definir el futuro de México muchos más que si Delfina Gómez le gana a Alejandra del Moral, o si el Presidente ataca a otro periodista en la mañanera, o si una de las corcholatas parece ser la favorita en la competencia de subyugación para ser seleccionado por el dedo presidencial.

El lopezobradorismo a diario encoge las miras, nos aísla del mundo, nos empequeñece como país, hacia adentro y hacia afuera. Lejos quedó una política exterior en la que contábamos, en la que contribuíamos, en la que importaba lo que México tuviera que decir.

Hoy, AMLO nos empuja a la estridencia, o a la irrelevancia. Al pleito callejero en el cual nos tachan de indeseables, o a la toma de posturas que nos colocan en el lado antidemocrático de la historia, en las peores compañías. México antes era un actor respetado en el ámbito internacional. Ahora sólo nos conocen por el comportamiento pendenciero y pugilista de un Presidente que parece olvidar de dónde venimos, y el país que fuimos.

Un país invadido, saqueado, colonizado. Un país que ha sobrevivido intervenciones imperialistas, y sabe cuán humillantes son. Y a pesar de ello, hoy que Ucrania atraviesa circunstancias que podríamos entender, a AMLO y a su círculo cercano les gana el antiamericanismo de las viejas izquierdas latinoamericanas.

Se ha comprado, palabra por palabra, la propaganda y la desinformación rusa diseminada por toda la región, y omnipresente en México. Aquí donde acaban de ser acreditados 40 nuevos “diplomáticos” en la embajada rusa. Aquí donde se recluta a periodistas mexicanos para darles cursos de “media training” en Moscú. Aquí donde demasiados mexicanos creen que Rusia invadió Ucrania para atajar a los neonazis, o liberar a los rusos oprimidos en Donetsk y Luhansk, o impedir la incorporación ucraniana a la OTAN.

AMLO se cree esas narrativas conspiratorias, y lo demuestra cada vez que asume una postura de “neutralidad” en el conflicto, o propone una tregua de cinco años, o promueve la paz cuando no puede haberla si Rusia no se retira del pedazo de Ucrania, del cual ilegal y violentamente se apropió.

Estar ahí

Pero como dice Zelensky: “hay que venir a Ucrania para entender”. Ver los edificios derrumbados, las casas destruidas, las vidas interrumpidas. Ver fosas donde han encontrado más de 400 cuerpos en Izum. Recorrer las cámaras de tortura, utilizadas para interrogar a civiles inocentes. Escuchar a un sobreviviente decirte “si los rusos hubieran respetado 10% de la Convención de Ginebra, yo sería un hombre diferente”.

Oír a la primera dama susurrar suavemente que no sabe cuándo volverá a vivir con su esposo, al cual solo ve de vez en cuando. Saber que de Ucrania salieron más de 8 millones de personas después de la invasión, y quienes se quedaron ahora se abocan a defender a su país, como pueden. Escuchar las sirenas avisándote que se dirige hacia ti un ataque de drones o misiles, y correr al refugio antibombas más cercano. Nada de eso —humano, brutal, conmovedor— debería ser ajeno.

¿Acaso si Estados Unidos nos hubiera quitado Baja California y luego invadiera Chihuahua aceptaríamos la paz? ¿Cederíamos parte del país para apaciguar al invasor? Ucrania se mete debajo de la piel porque te enseña cuánto están dispuestos a hacer quienes no quieren quedarse sin patria. No permitirán que un extraño enemigo profane con sus plantas su suelo. Y le darán un soldado en cada hijo.— Ciudad de México.

denise.dresser@ mexicofirme.com

(*)Periodista

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