Denise Dresser (*)
Fuente: Diario de Yucatán
Mérida, 11 de mayo de 2026.- Debe ser una broma. No puede ser otra cosa. Una ocurrencia lanzada al aire, un globo de ensayo, un mal chiste de sobremesa. Porque si hablamos en serio, entonces el secretario de Educación Pública acaba de anunciar que el aprendizaje de millones de niños mexicanos puede ajustarse como quien mueve una cita en el calendario. Se recorta el ciclo escolar por el calor y por el Mundial. Porque el termómetro sube. Porque el balón rueda. Porque aparentemente la SEP ya no diseña política educativa; ahora produce pronósticos meteorológicos y calendarios deportivos.
Mario Delgado, nuevo director del Servicio Meteorológico Nacional con atribuciones futbolísticas, ya decidió cómo estará el clima dentro de meses. Esa eficiencia no la tiene ni la NASA. Ya calibró las temperaturas de junio y julio de 2026, detectó olas de calor sin precedentes y concluyó que la mejor estrategia pedagógica consiste en mandar a los niños a casa para ver los partidos. El aprendizaje puede esperar. Los goles no. Y tal vez pronto la SEP sustituya los libros de texto por análisis tácticos del 4-3-3, matemáticas con tiros de esquina, historia de México narrada por comentaristas deportivos y comprensión lectora basada en memes mundialistas. Porque si algo necesita un país hundido en rezagos educativos es menos escuela.
Aunque quizá lo más admirable sea la sensibilidad social de la propuesta. En este “tiempo de mujeres”, nadie espera que las madres absorban el costo de semanas adicionales sin clases. Nadie supone que tendrán que reorganizar horarios, cancelar trabajo, pagar cuidados o dejar solos a los hijos mientras salen a ganarse la vida. Eso sería impensable en un gobierno cuyo lema es “Llegamos todas”. Sobre todo después de haber desmantelado las estancias infantiles. Porque seguramente ya existe un Sistema Nacional de Cuidados. ¿Verdad que sí?
Además, tampoco hay motivo para preocuparse por el impacto académico. México ocupa lugares mediocres o francamente alarmantes en las pruebas PISA desde hace años, pero claramente el problema era que los niños pasaban demasiado tiempo en la escuela.
Según la OCDE, más de la mitad de los estudiantes mexicanos no alcanza competencias básicas en matemáticas, y la comprensión lectora sigue desplomándose según los últimos informes de Mexicanos Primero y México Evalúa. Pero seguramente la solución era reducir clases. Además, los niños siempre podrán aprender geografía viendo dónde juega la selección.
Quizá el próximo paso sea suspender clases durante olas de tráfico. Cancelar secundaria en temporada electoral. Reemplazar exámenes por dinámicas de TikTok. Total, si el mensaje es que la escuela estorba, tarde o temprano alguien concluirá que lo más eficiente es eliminarla por completo y transmitir conocimiento mediante cápsulas patrocinadas entre el medio tiempo y los anuncios de apuestas deportivas. El mensaje ya quedó claro: la escuela es negociable. El calendario escolar es una sugerencia. El gobierno ya sentenció, encogiéndose de hombros: “Educación mediocre para un país mediocre”.
Pero no hay que exagerar. Estas decisiones seguramente se toman después de semanas de análisis. Estudios rigurosos. Consultas con expertos y mesas técnicas. Evaluaciones de impacto. Modelos pedagógicos sofisticados. Simulaciones logísticas. Porque si no fuera así, si realmente hubiera sido solo una ocurrencia lanzada sin medir consecuencias, ya estarían reculando. Y no rehuirían las preguntas inevitables: ¿De verdad se trata del clima? ¿O se trata de evitar conflictos políticos, marchas, presión sindical, caos urbano y problemas de gobernabilidad durante el Mundial?
En la novela La broma un comentario aparentemente trivial termina destruyendo la vida de un hombre. Milan Kundera entendió algo fundamental: las bromas dejan de ser graciosas cuando el poder las convierte en realidad. Ojalá esta no termine igual. Ojalá no acabemos descubriendo demasiado tarde que detrás del humor involuntario, detrás de la ocurrencia administrativa, detrás del secretario convertido en meteorólogo, hay algo más peligroso: la disposición a sacrificar otra vez la educación por conveniencia política o para proteger la imagen de la Presidenta. Y lo más inquietante es que quizá ni siquiera sea una broma. Quizá inadvertidamente Mario Delgado exhibe el diagnóstico más honesto que este gobierno ha hecho sobre lo poco que le importa el futuro de los niños en México.
ÁTICO
Se recorta el ciclo escolar porque el termómetro sube, porque el balón rueda. ¿Tan poco importa el futuro de los niños de México?— México
(*) Académica y politóloga
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