jueves , 20 junio 2024
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Sin resultados la 4T

Sergio Aguayo

Fuente: Diario de Yucatán

  • Para Norma Piña, por su entereza

El triunfalismo y las flaquezas del discurso presidencial sabatino se entenderán mejor si regresamos a los fraudes electorales de 1988 y 2006.

El 6 de junio de 1988 tras la elección presidencial se unieron las oposiciones de izquierda y derecha. Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Rosario Ibarra de Piedra se plantaron frente al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, para protestar por la caída del sistema.

Nació así la unidad en torno al voto limpio como palanca de transición. Unidad que se hizo trizas en 2006 cuando el PAN de Vicente Fox y Felipe Calderón se olvidó de principios y se lanzó por la victoria a cualquier costo contando, para ello, con el Instituto Federal Electoral domesticado por los partidos en 2003.

De ahí viene la animadversión del actual presidente contra Calderón, el PAN y el IFE-INE. Se olvida que el árbitro electoral fue recuperando su autonomía y ha organizado comicios aceptados por todos.

López Obrador tampoco ha sabido manejar la herencia dejada por la decisión de Calderón de declarar la guerra al narco en 2006. Uno de los aspectos todavía debatidos es qué tanto influyó en el belicismo calderonista el deseo de recuperar la legitimidad manchada por el fraude de aquel año.

El presidente presumió el sábado que tienen “asegurada la continuidad”. Es muy posible que Morena gane las elecciones presidenciales de 2024, pero sigue abierto el debate sobre el proyecto de país. Y uno de los temas más candentes es la estrategia de seguridad para 2024 y la atención que se dará a las víctimas de las violencias.

López Obrador nos prometió una política que resolvería la violencia porque atacaría las causas y combatiría al mal “haciendo el bien”. Estamos en el cuarto año de gobierno y han sido incapaces de frenar las masacres, las desapariciones y las fosas clandestinas. Tampoco han modificado su actitud hacia las víctimas que el presidente acaba de refrendar en Chiapas, donde estuvo el lunes pasado. Se negó a recibir o dialogar con los familiares de desaparecidos que lo esperaron ¡ocho horas!

El desdén viene del desencuentro que tuvo en una reunión con las colectivas de víctimas en septiembre de 2018. La magnitud del dolor y la desesperación desencadenada aquel día lo sacaron de quicio y lo llevaron a decidir concentrarse en las madres y padres de Ayotzinapa, olvidándose de todas las demás.

El desdén se ha mantenido. El 1 de julio de 2022 la Coordinación Nacional y el Consejo Asesor de la organización Nosotrxs, le enviaron una educada carta al presidente. Convencidos de que la “paz es una construcción colectiva”, le hicieron una mesurada propuesta: “convoque usted, desde su investidura presidencial, a una Conferencia Nacional por la Paz”. La carta estaba firmada por voces críticas —Mauricio Merino y José Ramón Cossío—, pero también por quienes lo han apoyado como Clara Jusidman y Marta Lamas, por ejemplo.

Respondió con una majadería. Después de cinco meses, una jefa de departamento de la Secretaría de Gobernación envió un texto burocrático donde acusaba recibo de la misiva, pero, sin aludir la invitación, les informaba que el gobierno de la 4T estaba trabajando por la paz desde el primer día y que su estrategia está funcionando. En suma, que se olvidaran del gobierno de la 4T para una reunión sobre la paz.

Los menospreciados decidieron en diciembre pasado convocar a una Conferencia Nacional de Paz que programaron para esta semana, sin saber que se empalmaría con la concentración del domingo. Durante tres largas jornadas, 186 instituciones —universidades, OSC, colectivas de víctimas y fundaciones— decidirán, en el Museo de Memoria y Tolerancia, las acciones que emprenderán para protegerse, acompañarse y, de ser posible, lograr modificar el desaire.

Desde hace 50 años acompaño, desde la independencia académica, estas iniciativas y lo seguiré haciendo desde el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México que se suma a este proyecto. El gobierno sabe cómo ganar elecciones pero sigue siendo incapaz de dar resultados. Esto refuerza la tesis de que la paz es un asunto de todos y de que las víctimas deben unirse para tomar la iniciativa. (Colaboró Jorge Araujo Justo).— Boston, Massachusetts.

@sergioaguayo

Investigador y analista

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