jueves , 20 junio 2024
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San Luis, rey de Francia

  • Entre la religión y el gobierno, Luis llevó a Francia un paso adelante hacia la modernidad

Por: Franck Fernández Estrada (*)

Fuente: Diario de Yucatán

 “Querido hijo, a pesar de que lo amo con la vida, prefiero verlo muerto ante mis pies que verlo cometer un pecado mortal”. Así se expresaba Blanca de Castilla, esposa de Luis VIII y madre del futuro Luis IV, quien más adelante sería reconocido por la historia como San Luis, rey de Francia. Llegó al trono muy joven por la muerte de su padre y fue su madre, con corazón de hombre dentro de un cuerpo de mujer, la que tuvo que asumir la función de regente del reino de Francia, hasta la mayoría de edad de su hijo. Blanca tuvo que enfrentarse a los grandes Señores de Francia que estaban en contra de la autocracia del rey, queriendo gobernar cada uno de ellos en sus propias tierras.

Luis se casó con Margarita de Saboya estando ambos profundamente enamorados. Luis fue un hombre alto, rubio, bien parecido, en general de buen carácter, amante de hacer chistes e imitar a personas de la corte y extremadamente católico, como su madre. Hubiera preferido ser un simple sacerdote que rey de Francia. Vivió entre los años 1126 y 1270. Era justo con los católicos pero, con aquellos que él consideraba impuros, era un verdadero inquisidor. Participó en la séptima cruzada con el objetivo de reconquistar Tierra Santa, donde se lució por su valentía en el combate

Esta séptima cruzada terminó mal, muy mal. El rey fue tomado como rehén por los musulmanes y después de un año de cautiverio fue devuelto a Francia contra el pago de una muy fuerte suma de dinero.

Luis desde temprano comenzó a modificar el sistema judicial de Francia. Toda su vida la vivió dirigida al Señor. Durante algunos años de su vida mantuvo a un confesor para la mañana y un confesor por la noche. Se mortificaba con frecuencia para expiar sus pecados. A su mesa siempre había pobres y prefería darle de comer en persona a los ciegos para que no pudieran ver que era el rey en persona quien les alimentaba. Fue el primero de los reyes de Francia en fundar hospitales para los pobres. Establece una justicia equitativa, igual para todos los súbditos de su reino. Famosos son sus encuentros con el pueblo durante los cuales él mismo fungía como juez sentado delante de un roble. En el principal salón del actual Ministerio de Justicia de Francia existe una escultura representando al rey impartiendo la justicia bajo ese famoso roble, como símbolo de una realeza justa. El dato negativo de su personalidad es que podía ser colérico, de ahí su necesidad de confesarse con frecuencia. Era particularmente duro con los blasfemos.

Si bien el rey era extremadamente condescendiente con su pueblo católico, contra judíos, cátaros y musulmanes era particularmente feroz, un verdadero verdugo. Fue un reconocido mediador en conflictos entre reyes y nobles católicos durante todo su reinado. Es así como importantes monarcas de la época le llamaban para servir como árbitro en los litigios que los enfrentaban. Durante su reino, Francia conoció un gran desarrollo, en particular gracias al hecho de que no hubo guerras contra otros reinos de Europa. Fue el momento de un gran desarrollo cultural, ejemplo de ello es la construcción de las catedrales, pudiéndose considerar el siglo XIII francés como el siglo de San Luis. Luis llevó a Francia un paso adelante hacia la modernidad. Para el reinado de Francia, su canonización, que se produjo 30 años después de su muerte, fue una aureola de respetabilidad durante cinco siglos para los reyes de Francia que le sucedieron.

Luis no fue el primero de los hijos de Luis VIII y Blanca de Castilla, sino el segundo, por lo que pasó a ser Delfín heredero de la corona a la muerte de su hermano. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en el Castillo Real de Poissy. A los príncipes reales se les daba una muy esmerada educación que incluía la formación militar. Fue su madre, Blanca de Castilla, la que forjó el carácter de su hijo, fue su principal tutora religiosa y, como todas las madres, pretendía que su hijo fuera perfecto. A la muerte de su padre, Luis VIII, Luis tiene tan solo 12 años. Su padre no había designado a nadie como regente en caso de que su hijo tuviera que subir al trono menor de edad. Fueron los consejeros del rey fallecido los que reconocieron en Blanca de Castilla la mejor tutora de su hijo y futuro Luis IX sabiendo que, a pesar de ser una princesa extranjera, Blanca era una perfecta reina francesa, conociendo cómo era su carácter y cuáles sus principios religiosos.

A tan solo tres semanas de la muerte de Luis VIII nuestro joven Luis es consagrado Rey con el fin de no crear vacío de poder, ya que los grandes señores de Francia veían mal el poder central en manos de un rey, aún menor, con una regente mujer y extranjera. La consagración se llevó al cabo el 29 de noviembre de 1216. La desobediencia de los grandes señores, encabezados por el Duque de Bretaña, llegó al enfrentamiento armado. Gracias a la vehemencia de Blanca de Castilla, feroz en la defensa de los intereses de su hijo que, uno a uno, los grandes señores de Francia claudicaron entregándole una Francia pacificada cuando, al llegar a la mayoría de edad, en 1224, Luis toma las riendas del reino.

Su matrimonio fue arreglado por su madre. Luis se casa con Margarita a una princesa de Provenza. Si bien el matrimonio fue por intereses políticos, con el fin de acercar al Ducado de Provenza al reino de Francia, en poco tiempo esta joven pareja encontró el amor, considerando la historia a Margarita la reina de Francia que más fue amada por su marido. De este matrimonio nacieron 11 hijos que fueron cariñosamente atendidos por sus amantes padres, sin contar con las nodrizas.

Fue Luis IV quien, colindante a su palacio en la Isla de la ciudad de París, construyó la Santa Capilla, construida en tan solo siete años para servir de relicario a las reliquias de Cristo, que compró Luis a su primo Balduino II, emperador de Bizancio. Pocos años después, Luis IV estuvo muy enfermo, al punto que se creía que iba a morir. Al salir de su enfermedad, lo primero que hace es un voto para organizar una nueva cruzada, la novena que también será la última. Durante 12 años hizo una planificación muy detallada para lograr el éxito de esta cruzada. Todos los varones de Francia, incluidos el Duque de Normandía, se le unen y le juran lealtad.

También con este objetivo fue creado el puerto de Aigües Mortes, que daba acceso directo al reino de Francia al Mediterráneo en la medida en que todos los puertos del sur de Francia como la conocemos hoy pertenecían a otros señores. Desde el nuevo puerto de Aigües Mortes sale la armada hacia Chipre. De allí parten al delta del Nilo con la intención de llegar a El Cairo pero, antes de llegar a esta ciudad, el rey es apresado y tomado como rehén. Después de que su esposa Margarita reuniera el pago íntegro para su liberación, al saber que su madre había muerto pocos meses antes en París, y ante el fracaso de la contienda, decide regresar a Francia.

Al regresar a su país, la tarea principal de Luis es ocuparse de la justicia en su reino. El fracaso en la cruzada lo considera como un fracaso personal, cuestionándose la razón de este fracaso. Llega a la conclusión de que él no era lo suficientemente puro como para lograr el éxito de esa cruzada. Si antes de la cruzada Luis era devoto, después de la cruzada se convirtió en un verdadero asceta. Se vestía solo con una tónica y ya no con la ropa propia de un rey, ayunaba con frecuencia y se mortificaba a diario. Pretendió hacer de Francia una ciudad celeste en la que los vicios contrarios a la religión no tuvieran cabida. Suspendió entre otras cosas los juegos de azar y la prostitución, sacando a las prostitutas de las ciudades haciéndolas, ejercer su profesión a las afueras.

En 1270 organiza una octava cruzada, siempre con el fin de conquistar Tierra Santa. Esta es una cruzada expiatoria. Siempre desde Aigües Mortes salen los cruzados desembarcando en Túnez. Apenas llegan se desata una epidemia de cólera. Entre los fallecidos está su hijo Juan Tristán, que había nacido durante la cruzada precedente. El propio rey cae enfermo y fallece el 25 de agosto de 1270. Después de su canonización es en esta fecha la que se celebra su fiesta.

Casualmente un 25 de agosto, pero del año 1944, desfilando por los campos Elíseos marcharán los soldados aliados para celebrar la liberación de París de la ocupación nazi. Esta marcha terminó en la catedral Notre-Dame, donde se cantó un Te Deum en agradecimiento a la liberación de París, ciudad luz, capital del mundo

(*) Traductor, intérprete y filólogo

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