lunes , 30 enero 2023
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México, sin equipo

Denise Dresser (*)

Fuente: Diario de Yucatán

  • El juego de México contra Argentina es un reflejo perfecto de lo que ocurre en la 4T.

En esta ocasión, salió a la cancha un equipo mexicano temeroso, individualista, a la defensiva, con complejos de inferioridad.

Un equipo predispuesto a dar excusas, no resultados. Un equipo que no llegó con el ánimo de demostrar que sabe jugar en la cancha grande, e imponerse ahí. Un equipo de ambiciones pequeñas y movidas conocidas.

Olía a viejo, como tanto de lo que hace el gobierno actual, con la mirada centrada en el ombligo y no en el horizonte.

Las estadísticas lo comprueban. Según Eurosport, México interceptó mucho más: 12 versus 7. Tacleó mucho más: 18 versus 14. Se enfocó en defender, no en progresar, no en ganar, no en jugar de una manera más inteligente o innovadora.

Cuando el Tri tenía el balón, la tendencia era a despejar, no a pasar, no a cooperar, no a construir algo que llevara a buen resultado.

El equipo mexicano llegó a Qatar pensando chiquito, tal y como lo hace López Obrador. El capitán con sus contramarchas revanchistas y sus mañaneras concentradas en desestimar a los demás, mientras se aplaude a sí mismo.

Argentina, en cambio, sí jugó a ganar. Tuvo posesión del balón el 59% del tiempo. En gran parte porque los despejes del Tri les entregaban de nuevo la pelota y los argentinos se dedicaban a jugar en equipo. Lograron 525 pases exitosos versus 370 nuestros. Esto le permitió triunfar a un equipo que confiaba en sí mismo y en sus miembros. No le apostaron al único héroe, al único que puede meter un gol.

La excelencia en la ejecución también importa. El 40% de los disparos argentinos a gol, bloqueados o no, iban camino al blanco versus 25% de los del Tri. México tuvo el doble de offsides. Y recaudó cuatro tarjetas amarillas versus una de Argentina.

Aprendieron bien la lección de la 4T: si no vas ganando, juega más rudo. Finalmente, lo que cuenta al competir contra el mundo, es si logras ganar. O si pierdes.

Se habla mucho, se presume mucho, pero no se ha logrado un solo gol en todo este Mundial. El Tri es ejemplo de la mentalidad lopezobradorista que desdeña la excelencia, denuesta el “aspiracionismo” y celebra la mediocridad.

Según el discurso de AMLO en el Zócalo ayer, el peor crecimiento económico de los últimos sexenios no se resuelve mejorando, o corrigiendo, sino convocando a decenas de miles a gritar porras porque vamos perdiendo.

Porque nos quedamos atrás en educación, empleo, cine, arte, ciencia, salud.

La selección fue igual de “exitosa” en este juego contra Argentina, como lo son el “aeropuerto” de Santa Lucía, la “inaugurada” refinería de Dos Bocas, el Tren Maya de juguete que tiene obsesionado al pequeño AMLO.

En un país donde se llena el Zócalo para celebrar la falta de resultados, la destrucción de la democracia, la corrupción del narco y la militarización con esteroides, no sorprende el contagio deportivo.

Tanto en el fútbol como en el fin de sexenio vienen retos inmensos. Hay que corregir la estrategia frente a Arabia Saudita. Hay que salir a la cancha a ganar, no a justificar el por qué no se puede, o porque otros tienen la culpa.

El Tri es un equipo que puede llegar más lejos, pero no si persiste en salir con el tono defensivo de cada mañanera. Si sigue así, su única opción será escoger ventana o pasillo en el vuelo de regreso.

A más largo plazo, y con más seriedad, AMLO está actuando igual que Luis Echeverría cuando encabezaba macromarchas a su favor.

Idéntico que López Portillo cuando defendió el peso “como un perro” y luego lo devaluó. Así fue y así nos fue.

Si la automarcha se interpreta como un gran apoyo y no como un gran autogol, México no va a cambiar de rumbo. Y el resultado será similar a lo que padecimos al final de otros sexenios: presidentes satisfechos consigo mismos pero dañinos para el país.

Así como el Tri debería salir a la cancha con otro juego, AMLO tendría que reflexionar sobre lo poco que ha logrado, y lo mucho que nos ha dividido.

Somos un país cada vez más enojado, cada vez menos capaz de ponerse la camiseta nacional. La contramarcha es una escenificación muy cara para tapar pérdidas que cobran factura al día siguiente.

Tanto AMLO como el Tri tienen la oportunidad de corregir, pero hay poco tiempo y no bastarán las porras en el estadio de la 4T.

Si López Obrador no deja de jugar y “ganar” solo, su gobierno pasará a la historia como una tarjeta roja más.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

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