miércoles , 17 abril 2024
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Los próximos pasos

Dulce Maria Sauri Riancho (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Se cerró el ciclo de las postulaciones adelantadas a la candidatura presidencial. El pasado jueves 7 arrancó formalmente la organización de las elecciones 2024.

El saldo, en general, fue positivo. El Frente Amplio x México (FAM) demostró que es posible crear y mantener una coalición entre ciudadanía y partidos políticos y, además, abrir paso a una aspirante que no pertenece a ninguno de los partidos coaligados.

Por su parte, Morena y sus aliados siguieron el guión definido por el presidente de la república. El desenlace estaba perfilado desde meses atrás, aunque no resto mérito alguno a la disciplinada y leal aspirante que supo aprovechar las oportunidades brindadas desde Palacio Nacional.

Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum comienzan a transitar un camino inédito en muchos sentidos. Desde luego, su condición de género, que permite señalar que, al día de hoy, una mujer será presidenta de México por primera vez. Ambas tienen retos en común, aunque una diferencia fundamental las separa. Xóchitl es libre y autónoma de las fuerzas políticas que la apoyaron en este primer tramo; Claudia recibió el bastón, pero pronto se sabrá si también el mando del movimiento que la ha cobijado.

Las dos fueron designadas para una tarea específica: Xóchitl, la construcción del Frente Amplio x México (FAM) y Claudia, para activar a los comités de defensa de la Cuarta Transformación.

El plazo para realizar sus respectivas tareas está marcado por el calendario electoral, pues las precampañas se inician el próximo 5 de noviembre, para concluir el 3 de enero de 2024. Tienen entonces poco más de 8 semanas para cumplir sus encargos antes de comenzar su proselitismo interno. Repasemos sus principales retos.

El panorama de Xóchitl Gálvez aparece dominado por el difícil equilibrio entre la necesidad de reforzar los lazos con los partidos participantes en el FAM y la consolidación de sus vínculos con las organizaciones sociales y ciudadanas, las mismas que han jugado un papel esencial en su triunfo.

En relación con los partidos, Xóchitl tendrá que identificar y reconocer a los distintos liderazgos partidistas, no solo de las cúpulas sino de las bases, justo donde se encuentran militantes y simpatizantes aún desconcertados por la abrupta salida de Beatriz Paredes de la contienda. Si algo demostró el priismo en estas últimas semanas, es su capacidad para sacudirse la tristeza, emocionarse y trabajar por una causa.

Ahora, sin subterfugios ni reservas, Xóchitl es nuestra, pero a la vez ella tendrá que ganar voluntades que no pasan en automático a su cuenta sólo porque así lo define la dirigencia nacional. Me imagino que algo parecido puede suceder en el PAN y en el PRD.

El tejido entre partidos y organizaciones ciudadanas se dio en todo el país a través de los comités estatales organizadores del FAM. Una parte fundamental de la responsabilidad de la coordinadora Gálvez radica en consolidar estas estructuras ciudadano-partidistas, así que en las próximas semanas Xóchitl podría nuevamente recorrer las 32 entidades y sostener encuentros privados con estos comités, cruciales para la campaña del próximo año.

Al mismo tiempo, los partidos deberán cumplir dos tareas políticas de la mayor importancia. La primera, la formulación del convenio de coalición electoral entre los tres: PAN. PRI, PRD, que deberá registrarse antes del 5 de noviembre. ¿Coalición total: presidencia de la república, diputaciones, senadurías, gubernaturas en 8 estados y la Ciudad de México? ¿O parcial, con todos los riesgos que conlleva ir junt@s en una parte y separados en otras?

Además, comienzan a perfilarse las candidaturas a todos esos cargos. ¿Participará Xóchitl en estas definiciones, fundamentales para abonar a su triunfo? No concibo que se quede al margen de estos procesos porque, a final de cuentas, ella saldrá a dar la cara por todas las candidaturas del FAM y a la vez, ellas y ellos trabajarán para ganar desde los distritos y los municipios.

El voto “en cascada” existe, por eso es importante que quien será candidata presidencial opine y participe. Si, como esperamos y confiamos, la coalición electoral del FAM se refrenda, entonces se entregará una plataforma electoral común al iniciar el año, en enero. Es donde quedará plasmado el compromiso del gobierno de coalición, que se integrará al ganar las elecciones.

Claudia Sheinbaum tiene sus propios retos. Restañar las heridas provocadas por un proceso interno es más fácil cuando se cuenta con el aparato de gobierno. Sin embargo, Claudia no podrá menospreciar a sus adversarios, aunque ahora los vea deprimidos y derrotados. Más allá de lo que decida Marcelo Ebrard, vienen las postulaciones al Congreso de la Unión, las 9 entidades con renovación de gubernaturas, siete de ellas encabezadas actualmente por Morena. ¿Cumplirá Claudia las instrucciones presidenciales sin presentar resistencia? ¿O tiene como manual de campaña al libro “Quién Manda Aquí”, el mismo que exhibió el presidente López Obrador cuando anunció su determinación de cancelar la magna obra del nuevo aeropuerto internacional de Texcoco?

La primera prueba ya apareció. La renuncia de Omar García Harfuch a la secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, a tiempo para aspirar a la candidatura a la jefatura de Gobierno, parece dar un mentís a Mario Delgado y a Ricardo Monreal, aspirantes los dos al mismo cargo.

Claudia ya placeó a su “gallo”; para ella no hay conciliación que valga el riesgo de cualquiera de esos personajes “haciéndole la contra” desde el Palacio del Ayuntamiento a quien ya desde ahora se siente presidenta.

Las semanas anteriores al 5 de noviembre, perfilarán el ejercicio del poder —sí, porque eufemismos aparte lo tienen— tanto por Xóchitl como por Claudia en sus respectivos ámbitos de acción. Tendrán que hacerlo con la discreción que impone el Código Electoral, pues cualquier evento considerado como acto anticipado de precampaña puede derivar en la cancelación del registro de la candidatura. Y más vale, en el caso de Xóchitl, no arriesgarse.

De los hombres, la próxima semana hablamos. Del dubitativo Marcelo y de un personaje singular que solicitó su registro como candidato independiente a la presidencia de la república y, pese a ser ciudadano estadounidense, fue autorizado por el INE para recabar 960,000 apoyos antes del 5 de enero del año próximo.

Me refiero a Eduardo Verástegui, político mexicano de ultra-derecha, que aspira a introducir a la política mexicana el populismo de Bolsonaro de Brasil, de Milei de Argentina y del trumpismo estadounidense.— Mérida, Yucatán.

dulcesauri@gmail.com

(*) Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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