viernes , 28 agosto 2026

Indignación en todo México

Sofía Carvajal

Fuente: El Sol de México

Mérida, 28 de agosto de 2026.- Morena es una vergüenza nacional. Prometió un sistema de justicia que, a leguas, rápidamente demostró que sería un vil instrumento de politización de la justicia (lawfare).

Aplica una justicia lenta, cautelosa y extraordinariamente comprensiva cuando el señalado pertenece a su movimiento. Otra, rápida, implacable y espectacular cuando el acusado está enfrente.

Rubén Rocha Moya es el símbolo más ofensivo de esa doble vara. Por eso, burdamente, decidieron no entregarlo extraditado y, cuando decidió regresar al gobierno de Sinaloa, salieron a deslindarse de lo que dijeron que fue una decisión personal del gobernador, pedido en extradición por Estados Unidos por sus vínculos con el crimen organizado, dándole una bofetada en la cara al dolorido ciudadano sinaloense.

¿Qué pasó después para que luego se arrepintieran? ¿Acaso fue Omar Harfuch regresando de Argentina y de hablar con la DEA? ¿O la entrevista entre Fernando Farías y la DEA en Buenos Aires, antes de ser extraditado a México?

El gobernador de Sinaloa, increíblemente, regresaría al cargo después de meses de señalamientos gravísimos provenientes de Estados Unidos, que lo vinculan con Los Chapitos. Rocha los niega y la investigación mexicana, ridículamente, sostiene que no encontró elementos suficientes en su contra. Jurídicamente, eso resulta increíble: la Fiscalía carece de legitimidad judicial porque perdió su autonomía. Políticamente, resultó burdo el contraste. Pronto descubriremos qué sucedió para que volviera a pedir licencia el tan señalado Rocha Moya.

Sinaloa lleva años acumulando violencia, desapariciones, miedo y denuncias sobre la penetración del crimen organizado en el poder. Incluso la elección de 2021 quedó marcada por abiertos secuestros de operadores políticos opositores e intimidación criminal. Hoy, la acusación del Departamento de Justicia estadounidense sostiene algo todavía más grave: que Los Chapitos ayudaron a Rocha a ganar mediante el secuestro y la intimidación de adversarios y sus familias, y que posteriormente recibieron protección gubernamental.

Y, aun bajo semejante sombra, Rocha estuvo a punto de volver a la silla. ¡Cada episodio de este espectáculo ha sido una barrabasada de Morena! Demuestra lo que son: incongruentes y delincuentes. ¡Generan una fortísima indignación en la población nacional!

Mientras tanto, la justicia mexicana simula saber actuar con velocidad cuando quiere.

Ernesto Ruffo Appel, ex gobernador panista de Baja California, fue detenido el 16 de julio. En cuestión de días, estaba vinculado a proceso y recluido bajo prisión preventiva en el Altiplano por acusaciones de delincuencia organizada y contrabando. Será un tribunal —a modo, según sus críticos— el que determine su responsabilidad. Pero el contraste político es brutal: para un opositor, la maquinaria del Estado puede moverse en días; para un gobernador de Morena bajo acusaciones internacionales, el desenlace inmediato es el regreso al poder.

Esto demuestra la calidad de gobierno que tenemos, la denigrante clase política que, además de esto, todos los días nos da muestras terribles de mediocridad, incompetencia, falta de ética y sobrada corrupción. Morena demuestra que se pasa las leyes y la Constitución por donde le place. Todo lo maquilla en la mañanera, que no es otra cosa que un instrumento de comunicación engañosa. Morena nos ha llevado a una crisis de dimensiones insospechadas.

Algo semejante ocurre con Alejandro Moreno, presidente del Partido Revolucionario Institucional y de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe. Desde Campeche se han impulsado reiteradamente procedimientos para retirarle el fuero y procesarlo por presuntos actos de corrupción.

El problema es que esa misma ferocidad institucional parece desaparecer cuando las sospechas apuntan hacia Morena. Hay censura y linchamiento mediático para unos casos y encubrimiento y protección para otros.

Ahí está la verdadera degradación del régimen.

Morena llegó prometiendo terminar con la impunidad y, sin embargo, construyó una nueva: la impunidad de los leales. La justicia deja entonces de constituir un principio para convertirse en un instrumento mordaz. Al adversario se le investiga, exhibe y encarcela; al compañero se le protege, se invoca la soberanía, se piden pruebas, aunque procesalmente no procedan, y se espera a que el escándalo envejezca.

La indignación social evitó que Rocha asumiera nuevamente el gobierno. Ruffo está en el Altiplano. Alito, el más feroz opositor, continúa bajo la amenaza del desafuero.

Estos tres casos dejan una percepción devastadora: en el México de Morena, la severidad de la justicia parece depender demasiado de qué lado del poder se encuentre el acusado. La complicidad con el crimen organizado y el encubrimiento de los suyos son evidentes.

Y cuando la justicia tiene partido, deja de ser justicia para convertirse en un tortuoso instrumento del poder. Este no es el México que se venía construyendo ni al que aspiramos. El antídoto a semejante brutalidad: la ciudadanía organizada a través de la mejor opción electoral, una amplia alianza opositora.

Claudia Sheinbaum

Rubén Rocha Moya

Sinaloa

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