martes , 18 junio 2024
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Estrategia de seguridad

Sergio Aguayo (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Desde 1982, siete presidentes han intentado domar al crimen organizado. Todos han fracasado. Urge una estrategia de seguridad integral que incorpore la participación de la comunidad internacional porque, para bien y para mal, ya existen múltiples arterias conectando a la seguridad mexicana pública, privada y criminal; con el exterior.

El presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó abiertamente la Iniciativa Mérida que normó la relación de seguridad con Estados Unidos durante la etapa de Felipe Calderón Hinojosa.

Él deseaba extrapolar el espíritu del “abrazos sí, balazos no” a la relación; su prioridad era que Estados Unidos atendiera la pobreza y marginación del sur mexicano y de América Central.

En 2021 nació el Entendimiento Bicentenario que nunca entusiasmó ni a Washington ni al Presidente mexicano. Un indicio de su orfandad en México es que jamás fue abordado en las mañaneras presidenciales. Cuando Marcelo Ebrard dejó la Cancillería, el Entendimiento fue enviado a la abarrotada bodega de las propuestas abandonadas. Eso no impidió que cada dependencia mantuviera y manejara sus relaciones con Estados Unidos. Mientras tanto, López Obrador estableció una línea directa con el embajador Ken Salazar, quien ha hecho lo posible por complacer al Presidente.

La relación se ha mantenido y desordenado. Eso explica que quienes aspiran a la Presidencia se han comprometido a buscar el apoyo externo, pero sin un concepto unificador que dé coherencia a la colaboración.

Eduardo Guerrero recomienda avanzar Hacia un Tratado de Seguridad para América del Norte (TSAN) (“Nexos”, febrero de 2024). Su diagnóstico se sintetiza en la frase “no podemos solos” porque, argumenta, México tiene a las “organizaciones criminales más sofisticadas, grandes y rentables del mundo” y porque tiene un “aparato policial y un sistema de justicia débiles y proclives a la corrupción”.

Con esos supuestos Guerrero propone el TSAN que sería “otro paso adelante en el proceso de integración regional”. De contar con la colaboración de Estados Unidos y Canadá, considera, podrían acortarse los tiempos para que México tenga “corporaciones policiales relativamente confiables”.

La propuesta de Guerrero es audaz, despertará resistencias y se le pueden poner peros de diverso tipo, pero la seguridad está tan deteriorada que debemos intentar lo que está a nuestro alcance. Un aliciente perverso es el renacimiento del unilateralismo estadounidense. Al igual que nosotros, el vecino del norte elegirá presidente este año.

Por ello, veo en clave electoral el Informe de la DEA 2024 sobre México. La administradora Anne Milgram presentó la semana pasada el texto de 57 páginas. Su tesis central es que Estados Unidos nunca había enfrentado una “crisis más peligrosa y letal con las drogas”, en especial con el fentanilo. La magnitud de esa amenaza lleva a ese organismo a dar la máxima “prioridad operativa” a “perseguir y derrotar a los principales cárteles mexicanos”; al de Sinaloa y a Jalisco Nueva Generación. Si Joe Biden es reelecto es posible que los demócratas endurezcan su postura.

En el bando conservador retumban con mayor fuerza los tambores llamando a combate. Donald Trump ha anunciado en varias ocasiones su intención de atacar por la fuerza a los dos cárteles. Su belicosidad podría hacerse realidad si llega a la Casa Blanca; basta recordar que en junio de 2019 dobló al actual gobierno mexicano y le impuso la política migratoria que todavía padecemos.

El primero de octubre tendremos nueva presidenta y a principios de enero de 2025 tomará posesión el nuevo inquilino de la Casa Blanca. México tendrá unos meses para tomar la iniciativa y presentar una nueva estrategia de seguridad que encaje de mejor manera la colaboración con Estados Unidos.

Por ahora, me parece sugerente el razonamiento de Eduardo Guerrero. Tiene sentido sumar el apoyo externo a una estrategia integral de seguridad. Es igualmente urgente que se involucren la sociedad y el Legislativo. Este último tiene la facultad para lograr que un eventual tratado de seguridad se negocie y aplique respetando nuestra soberanía. Pensemos en esto, mientras; escuchemos las visiones y propuestas que se discutirán en el tercer y último debate presidencial.— Ciudad de México.

(*) Investigador y analista. Colaboró Erick Morales

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