miércoles , 28 febrero 2024
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De ranas y cocodrilos

Dulce Maria Sauri Riancho (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Confuso y contradictorio: así aparece el panorama político ante nuestros ojos.

¿Cómo hacer un comentario que, presuntuosamente, contribuya a la reflexión colectiva y al proceder razonable, esperanzador?

¿Qué hacer ante los reiterados ataques a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), a su presidenta, Norma Piña, cuya figura caricaturizada fue introducida en un ataúd cargado, por cierto, ¿por altos funcionarios del gobierno de Veracruz?

Conforme la SCJN ha resuelto la gran cantidad de espinosos asuntos que su anterior presidente dejó acumular, la intensidad de las presiones del presidente López Obrador hacia la Corte han aumentado, la virulencia de los ataques verbales y materiales contra sus instalaciones en el Zócalo de Ciudad de México se han acrecentado.

De pronto, han surgido voces que reclaman “prudencia y moderación” a la SCJN en sus resoluciones, para reducir la intensidad de las presiones ejercidas por el Ejecutivo federal y sus corifeos.

Esas “prudentes” conciencias sugieren al poder Judicial poner la otra mejilla, a tolerar y a esperar que la avalancha de los ataques pase, como si el tiempo de verdad todo lo curara.

Por otra parte, una “ocupación temporal” con tufo de expropiación, afectó a Ferrosur, filial de Ferromex, de Grupo México, en sus tramos ferroviarios concesionados que confluyen en el puerto de Coatzacoalcos.

Irrupción militar en las instalaciones (fueron integrantes de la Secretaría de Marina), en la penumbra de la madrugada, con el argumento de “seguridad nacional” recién reafirmado.

La mayoría de las organizaciones empresariales han volteado hacia otro lado. Deben pensar: ¿para qué correr el riesgo de las represalias gubernamentales que inmediatamente se activarían si osan levantar la voz?

Para poder transmitir mis sentimientos y percepciones sobre el estado de ánimo que me ha acompañado estos días, decidí recurrir a nuestros amigos del reino animal, cuyo olfato, oído y perspicacia les evitan caer en trampas y situaciones en los que está en juego su propia vida. Ellos son protagonistas de numerosas fábulas que me gustaron desde niña: Esopo, Lafontaine y muy especialmente, Samaniego.

Don Félix, alavés de origen, contestatario y rebelde aristócrata de finales del siglo XVIII, tiene una fábula en forma de poema, que posiblemente l@s amig@s lectores recuerden porque nos acompañó en el aprendizaje de las primeras letras:

Bebiendo un perro en el Nilo al mismo tiempo corría. —Bebe quieto —le decía un taimado cocodrilo. Díjole el perro prudente: “Dañoso es beber y andar, ¿pero es sano el aguardar a que me claves el diente?” ¡Oh, qué docto perro viejo! Yo venero tu sentir en esto de no seguir del enemigo el consejo. (1)

Esperar que se atempere el ánimo presidencial, que retorne la cordura a su actuación política equivale al llamado a que la SCJN deje de resolver conforme a la Constitución, que encuentre resquicios legaloides para evadir los asuntos que importan al presidente López Obrador, por ejemplo, mantener en secreto el monto de los dineros gastados en sus grandes proyectos de infraestructura, como el Tren Maya y la refinería Dos Bocas.

La SCJN, como el perro prudente, tendrá que beber del apoyo de la ciudadanía y del pueblo mientras corre hacia adelante. Detenerse, reducir su paso, solo significará que el cocodrilo la tendrá más fácil para “clavarle” el diente de una elección por voto popular de las y los ministros de la SCJN. ¡Corre, corre, SCJN!

Siempre me han gustado las ranas y su croar después de una tarde de lluvias. Pero estos batracios también han sido empleados para ejemplificar un fenómeno social importante. Se denomina el “síndrome de la rana hervida”, que es una analogía utilizada para describir el comportamiento social ante un problema, que por ser percibido como lento y gradual, hace que sus daños puedan considerarse como efectos a largo plazo o de plano, sean ignorados.

La premisa consiste en que, si una rana se introduce repentinamente en agua hirviendo, saltará; si, en cambio, la rana se deposita en una olla de agua templada, y luego se eleva la temperatura, lentamente, hasta el punto de ebullición, la rana no percibirá el peligro y se cocerá hasta la muerte. (2)

Como las ranas, hace casi 5 años vivimos la cancelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al iniciar este gobierno —se encendió el fogón—; después, hemos asistido a la destrucción del Seguro Popular, al desmantelamiento de los órganos constitucionales autónomos, al saqueo de los fondos y fideicomisos para disponer del dinero ahorrado e invertirlo en las grandes obras lopezobradoristas. Entonces aumentó la temperatura del agua, pero todavía una parte importante de la sociedad siguió considerando la situación lejos de sus preocupaciones cotidianas.

Conocimos la amenaza al INE, reaccionamos ante ella, pero numerosas personas continuaron pensando que ese asunto no les competía, que era solo de políticos y ciudadan@s contrarios al presidente López Obrador.

Ahora se acumulan las presiones contra la SCJN y sus ministro/as; se presenta abierto desacato a las resoluciones judiciales, como la que ordena al Senado el nombramiento de tres comisionados faltantes del INAI: hacen caso omiso.

La temperatura del agua ha subido grandemente, se avizora una campaña electoral plagada de irregularidades y excesos que ningún tribunal podrá corregir. El imperio de la fuerza y los hechos consumados se establece y nosotros, como las ranas, reaccionamos poco y tarde, tanto que no alcanzaríamos a revertir los daños que ya están hechos.

Habrá algunas ranas que, al detectar el peligro, saltarán de la olla. Son las más fuertes, las más ricas, las que podrán decir, desde sus pent-houses de Miami o Madrid, que sus colegas se equivocaron, que no debieron apoyar a quien metía más leña al fuego donde se cuecen —o cocieron— sus semejantes.

Las ranas normales, como ustedes y yo, amig@s lector@s, tenemos que movernos para tirar la olla del fogón y, con su agua, apagar el fuego y regresar al charco, a la laguna o al cenote donde antes vivíamos con problemas, pero en libertad. Se puede. Gracias, perro, cocodrilo y ranas por darnos ánimo y consejo.— Mérida, Yucatán.

dulcesauri@gmail.com

1) Félix María de Samaniego: en Antología de la poesía española, Rialp.

2) https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_la_rana_hervida

(*)Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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