jueves , 25 julio 2024
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Chacumbele, él mismito se mató

Franck Fernández Estrada*  

Fuente: Diario de Yucatán

  • El desamor rompió el corazón de José Ramón Chacón Vélez

Sorprende la duración de vida que tienen muchas historias y refranes. Llegan a convertirse en la idiosincrasia de un pueblo, de una nación y, con el paso de los años, hasta se pierde el conocimiento del origen de estas historias y refranes. No hay cubano que no conozca el refrán “Se mató él mismito como Chacumbele”.

Algunos incluso han llegado a preguntarse quién era Chacumbele y si realmente existió. Pues bien, sí, sí existió este personaje del que tanto se habla sobre su triste fin por suicidio. Se sabe que nació en el pequeño poblado de Santa Cruz del Sur, en Camagüey, el 9 de noviembre de 1912. Se sabe que su madre murió en el parto y que vivía una vida bastante humilde en compañía de su padre.

Ambos ejercían el oficio de pescadores, como muchos lugareños de la pequeña ciudad camagüeyana. Su nombre completo era José Ramón Chacón Vélez.

La vida humilde, pero tranquila y honesta, fue adornada con los deseos de José Ramón de ser un día un gran trapecista. Ese sueño comenzó el día en que un pequeño circo itinerante pasó por su Santa Cruz del Sur, dejando en el corazón al pequeño grandes anhelos de un futuro en el circo.

Así estaban las cosas hasta que el día de su cumpleaños número 20,  el 9 de noviembre de 1932, se produjo el muy conocido ras de mar causado por el horrible huracán que atravesó toda la provincia de Camagüey. Ese ciclón, que aún para la época no llevaban nombres como hoy, entró por el sur, precisamente por este pequeño poblado. La desolación que dejó el ciclón tras sí fue enorme. Por una parte, las ráfagas de 250 km y después el ras de mar derribaron cuanto muro se encontró a su paso llevándose al fondo del mar a muchos de sus pobladores.

José Ramón logró salvarse aferrado a un algarrobo que se encontraba el fondo de su casa junto con su pequeña perrita “Lola”. Ese día José Ramón perdió también a su padre. Fue una de las casi 3,000 víctimas de esta tragedia, el mayor desastre natural que ha sufrido Cuba hasta nuestros días.

Al no tener nada más que lo retuviera en su Santa Cruz del Sur, decidió irse a La Habana a vivir con una tía. Allá, para sobrevivir y ayudar a la maltrecha economía de su familia, se dedicó a vender flores en el Parque Central de La Habana. Poco tiempo después logró entrar al muy famoso Circo Santos y Artigas, que habían fundado en 1916 los empresarios Pablo Santos y Jesús Artigas. El trabajo de José Ramón era sencillo, era tarugo. Tarugo se le llama en Cuba a los que cargan los atrezos de teatros y circos.

En ese momento, en el Santos y Artigas había dos estrellas. Uno era el trapecista polaco Bronislaw Korchinski, también conocido como “El Gran Korchinski”. El polaco tenía como pareja en el trapecio a Ilona Szabó, judía húngara, de extraordinaria belleza, conocida en el medio como “La muñequita húngara”. El polaco, incapaz de pronunciar correctamente los apellidos Chacón Vélez, le llamaba Chacumbele, de dónde el apodo.

En algún momento llegó un empresario norteamericano a La Habana y, ante el profesionalismo del polaco Korchinski, lo contrató para presentarse en un gran circo allá en el Norte. En su lugar, en el trapecio, quedó nuestro José Ramón, ya conocido artísticamente como Chacumbele, con su perrita “Lola”, a quien había iniciado en el trapecio, y la bella húngara. José Ramón e Ilona pronto se convirtieron en amantes.  El detalle es que Chacumbele se enamoró perdidamente de esta hermosa judía, para quien el trapecista era solo un pasatiempo, un hombre más. Entre los artistas del Circo Santos Artiga en ese momento también había un negro norteamericano, oriundo del pueblo de Laurel, en Mississippi. Su nombre era Harry Silver, conocido como “El Frenesí” o “El Dios de Ébano”. Harry había escapado de los Estados Unidos huyéndole al racismo que prevalecía en su Mississippi natal, ya que Cuba era más abierta a la raza negra. “El Frenesí” cantaba, tocaba el banjo, bailaba tap y hacía malabares.

El detalle es que, siendo consciente de la enormidad de su hombría, utilizaba para salir a la arena unas mallas rojas que no dejaban nada a la imaginación. Al moverse en sus bailes se movía aquella enorme hombría dejando loca a más de una mujer. Ilona, la húngara, deseaba conocer la hombría de este hombre y, un día que Chacumbele estaba en la cuerda floja con su perrita, los vio besándose. Chacumbele perdió el equilibrio del enojo. Cayó desde las alturas. No murió porque amortiguó la caída con el cuerpo de la pobre “Lola”. Sin embargo, salió muy mal lastimado de esta caída. Las dos piernas rotas, una muñeca, varias costillas, una de ellas incluso le había perforado el pulmón. Seis meses estuvo hospitalizado en La Habana y, al salir, quedó claro que nunca más podría subir a un trapecio.

Mientras tanto, Ilona abandonó Cuba con destino a la Francia ocupada por los nazis, donde fue apresada no más llegó a puerto francés y terminó sus días en el campo de concentración de Berger-Belsen. Por su parte, “El Frenesí”, “El Dios de Ébano”, regresó a Laurel, Mississippi, a visitar a su madre enferma. Como era un hombre guapo, creyó que podía conquistar a las blancas norteamericanas, como lo había hecho con las cubanas. Craso error. Una noche el Ku Kux Klan lo sacó a patadas de su casa. A la mañana siguiente amaneció colgado de un álamo con su miembro en la boca. Así advertían los supremacistas blancos del Ku Kux Klan a los negros que no estaba tolerado flirtearan con las mujeres blancas.

La tristeza de nuestro héroe de hoy, José Ramón Chacón Vélez, fue grande. Gracias a un pariente obtuvo el puesto de policía, velador nocturno. Su trabajo era caminar Prado arriba Prado abajo durante la noche y la madrugada. Su tarea era mantener el orden del lugar. Sabiendo que había perdido su amor, sabiendo que había perdido la posibilidad de volver al trapecio una noche, con su pistola, se quitó la vida.

Todo el mundo en Cuba conocía la historia de Chacón Vélez y fue de esta forma que pronto el grupo musical Trío Servando Díaz sacó la inmortal canción que llevaba el nombre “Chacumbele” en un disco de 78 rpm grabado por la RCA Victor. Chacumbele, aburrido de tan triste vida y de tanto sufrir, él mismito se mató. Así quedó inmortalizada la triste historia de nuestro trapecista José Ramón Chacón Vélez, Chacumbele.

(*) Traductor, intérprete y filólogo; correo electrónico: altus@sureste.com

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