jueves , 19 enero 2023
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Baba Vanga, vidente búlgara

Por: Franck Fernández Estrada(*)

Fuente: Diario de Yucatán

Escribo esta nota a comienzos de enero de 2023. Todos los especialistas políticos y económicos vaticinan un año difícil. Y no es para menos. La pandemia de Covid aún nos golpea. Como si esto no fuera suficiente para alterar la logística de suministros y comercio internacionales, la injustificable invasión de Rusia a Ucrania añade peligrosamente leña al fuego. Con la llegada del año, muchos brujos y videntes nos vaticinan enfermedades, plagas, guerras y todas las cosas feas que podamos imaginar. En la prensa se ha hablado mucho últimamente de una vidente búlgara conocida como Baba Vanga de las que les quiero hablar hoy.

He tenido la suerte de vivir durante seis meses en Bulgaria y después visité ese hermoso país en tres ocasiones más, ya por menos tiempo. Doy testimonio de la belleza de Bulgaria, de lo bendecida que es su tierra donde, con solo tirar una semilla, el fruto germina casi solo. Pero si Bulgaria es bella, más bella aún es su gente. El búlgaro es sincero y hospitalario. Por demás, es una raza bonita. Las mujeres y los hombres son muy bien parecidos. Me siento en Bulgaria como en mi propia tierra.

A los muy pocos días después de llegar por primera vez a su capital, Sofía, una señora ya mayor, viuda de un pope ortodoxo, me dijo que mi destino estaba marcado con un águila, que siempre triunfaría. No es necesario decir que, con mis 24 años de entonces, casi no la creí. Con posterioridad otras dos búlgaras (ninguna de ellas se conocían entre sí) me predijeron cosas similares. Una leyéndome los restos de la borra en la taza de café me dijo que mi destino estaba marcado con una V de Victoria. La tercera me aconsejaba gastar todo el dinero que tuviera, que mientras más gastará más tendría.

Les explico todo esto para decirles que entre los búlgaros, y entre los eslavos en general, existe una predisposición a las profecías, a la videncia, a predecir el futuro. Y esto me trae directamente a la señora de las que les quiero hablar hoy, una señora que nació en tierra serbia el 3 de octubre de 1911 de padres búlgaros, campesinos y pobres. Fue bautizada Vangelia Pandeva, pero por todos es conocida como Baba Vanga. Vangelia en griego significa “la que trae buenas noticias”. Baba sería como un apodo, que en español es como “tía”.

Su infancia fue casi normal. Su madre falleció cuando tenía tres años. De niña le gustaba jugar a cubrirse los ojos con una tela y adivinar en qué lugar de la habitación estaban ocultos algunos objetos. A los 12 años vivió un incidente muy raro. Venía del campo camino a casa cuando se produjo repentinamente un tornado que la elevó a los aires, tirándola bien maltrecha a varios de cientos de metros de donde se encontraba. Después la encontraron con los ojos llenos de tierra y bajo muchos escombros. Ella narró que cuando estaba en el aire sintió como que alguien le ponía una mano en su cabeza y después se desmayó.

Necesitaba tratamiento pero su precio, 500 levas de aquella época, era demasiado dinero para su padre y su madrastra pues, mientras tanto, su padre había contraído nuevas nupcias. Lamentablemente por falta de cuidados médicos, a los 16 años, nuestra Baba Vanga perdió la visión. Fue enviada a una escuela para niños invidentes a las afueras de Belgrado, donde maestros especializados en niños ciegos le enseñaban a leer, coser, bordar, a ocuparse de las tareas domésticas, a tocar el piano y a todas las enseñanzas necesarias para el futuro de estos niños. Fue en esta institución donde conoció al amor de su vida, otro niño también ciego de una familia acomodada. Comenzaron los preparativos para la boda cuando, a consecuencia de parto, murió la madrastra y su padre la mandó a llamar para que se ocupara de la casa y de sus hermanos. Tuvo que priorizar su responsabilidad familiar a su felicidad.

Fue en 1940 cuando Vanga cayó en trance por primera vez. Con una extraña voz masculina predecía la vida o la muerte de los que estaban en la guerra por la que atravesaba el mundo en esos momentos. En 1942 Dimiter Gusherov, un soldado que estaba de permiso, se le acercó para que le dijera quiénes eran los asesinos de su hermano. Vanga le dijo que se lo diría a condición de que no se vengara porque viviría lo suficiente para ver con sus propios ojos la desaparición de los asesinos. Con este hombre se casó y se la llevó a vivir con él a Petrich, pequeña ciudad cercana a la frontera de Bulgaria, Macedonia y Serbia. La fama de Baba Vanga aumentaba, todos venían a verla para que les predijera su futuro, incluso vino hasta el Zar búlgaro Boris III. A Hitler le mandó decir que saliera de Rusia, porque perdería la guerra. Dicen que el fürher se burló de la vidente búlgara.

Su don

Comenzó tímidamente, primero le habló en secreto del don que tenía a vecinos y allegados, para que no la creyeran loca. Decía que eran seres invisibles los que venían y le narraban al oído las profecías. También recibía a los familiares de muertos para hablar con su ser querido desaparecido. Durante la época comunista de Bulgaria, Liudmila Zhívkova, hija del presidente búlgaro del momento Thodor Zhívkov y de la que los búlgaros se burlaban llamándola “La Cocodrila”, la tomó bajo sus alas para protegerla, a condición de que le hablara de su futuro. También vinieron dirigentes políticos de Bulgaria e incluso de la Unión Soviética. Se dice que en aquella época vaticinó la muerte de Indira Gandhi, de Leonid Brézhnev, del colapso de la Unión Soviética, de los problemas que se producirían en Siria, Nicaragua y de la invasión de Praga en el verano de 1968.

Por su parte, los escépticos argumentan que el fenómeno de Vanga es una falsificación iniciada por el gobierno búlgaro, que fueron los servicios especiales los que crearon todo este fenómeno para atraer un flujo turístico con sus consecuentes beneficios financieros. Vanga recibía a todo aquel que se le presentara para hablarle de su futuro. Solo no recibía a los escépticos ni a aquellos a los que ella sabía tenían sus días contados. El científico búlgaro Giorgi Lozánov contabilizó durante esos años unos 7,000 casos de predicciones que se hicieron realidad, pero este estudio no fue considerado científico.

Cuentan que una vez vino a visitarla el célebre actor ruso Viacheslav Tíjonov (actor más conocido por la magnífica versión soviética para el cine de la novela homónima “La guerra y la paz” de León Tolstoi en el papel del príncipe Andréi Bolkonski). Apenas entró a su habitación, Vanga le preguntó por qué no había hecho lo que su amigo Yuri Gagarin, el conocido primer cosmonauta de la humanidad, le pidió antes de su fatídico vuelo en un avión de prueba. Le preguntó por qué no había comprado un reloj despertador para ponerlo sobre una mesa como adorno. El actor, también vidente, se mostró profundamente consternado porque ese incidente solo lo conocían él y el difunto Yuri Gagarin.

A Baba Vanga también se le adjudica predecir la tragedia del submarino ruso Kursk, que cobró la vida de sus 118 tripulantes en 2000. También se dice que Baba Vanga dijo que “los hermanos estadounidenses serán picoteados por pájaros de hierros”, haciendo alusión al atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. Se dice que profetizó la llegada de “un hombre negro” a la presidencia de los Estados Unidos. Dijo que en el 22/02/2022, ocurriría un evento fatídico, considerando sus seguidores que se trata de la invasión rusa a Ucrania del 14 de febrero de ese año.

Predicciones sin cumplir

Sin embargo, poco se habla de las predicciones que no se han cumplido. Dijo que en 2011 habría una guerra nuclear de la que pocas personas se salvarían y que los musulmanes harían la guerra a los sobrevivientes, acusándolos de haber sido los causantes de esta hecatombe. También dijo que los ganadores serían los musulmanes. Anunció 2340 como el año del fin de la humanidad a consecuencia de cataclismos cósmicos. Debemos considerar que Vanga nunca utilizó fechas en sus profecías. Baba Vanga enumeró los eventos en forma secuencial, usando formulaciones vagas, por lo que vincular sus palabras con lo que sucederá en el futuro es una mera falsificación. De ahí que no debemos creer a pie juntillas los escritos que vemos en internet y en la prensa sobre lo dicho por Baba Vanga para este año.

Enfermó de cáncer de mamas y se negó a someterse a ningún tratamiento. Un mes antes de su muerte, Baba Vanga dijo que moriría el 11 de agosto de 1996. Ese día pidió que se le bañara y que se le diera de comer pan y agua. Sobre las 9 de la mañana dijo a los presentes que sus familiares muertos habían venido a buscarla y hacía gestos como que abrazaba a alguien. A las 10 ya Baba Vanga no era de este mundo. Antes de partir les pidió a todos no llorarla porque ella llevaba una vida insoportable.

Frente a la casa donde vivió en la pequeña ciudad de Petrich, Baba Vanga mandó a construir una capilla a Santa Petronila la Búlgara pero, como esta santa no ha sido canonizada, no se le llama iglesia, sino templo. Por su parte, la Iglesia Ortodoxa, tanto la búlgara como la rusa, no la reconoce como una vidente en la medida en que ella no creía en la vida después de la muerte y en la resurrección, sino en la reencarnación, lo que la convierte en pagana. Ahora el amable lector tiene toda la información que le he brindado y lo dejo juez de considerar si esta señora fue una vidente o no.

(*)  Traductor, intérprete y filólogo;  correo electrónico: altus@sureste.com

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