sábado , 5 septiembre 2026

Hay de narrativas a narrativas

Olegario M. Moguel Bernal *

Fuente: Diario de Yucatán

Mérida, 5 de septiembre, 2026.- Don Polo Ricalde y Tejero leía con esmero y deleite la nueva novela que cayó en sus manos, apenas un par de días atrás. En solo ese tiempo engulló tres cuartas partes de las más de 500 páginas.

Tan absorto estaba que no se percató de la llegada de su amigo Ángel Trinidad, quien se sentó frente a él en la mesa del café que frecuentan.

—Lo veo muy concentrado, don Polo. ¿Qué tratado de política lee?

Alzó la vista, aún envuelto en la niebla de la trama.

—De política, nada. Es una novela que me hicieron llegar… Aunque, pensándolo bien, puede leerse con ojos de tratado político.

—Pues de qué trata.

—De los siete pecados capitales. ¿Quiénes si no los políticos son su viva encarnación?

—Especialmente de la avaricia.

—De la avaricia, sí. Y qué me dices de la soberbia…

—Claro, claro, don Polo. Lo mismo que de la pereza… bueno, ya no sigamos porque van a salir más de siete. ¿Qué libro es?

Don Polo bebió su expreso cortado a pequeños sorbos, acercando a su amigo el volumen.

—“17 metros bajo tierra” —leyó en voz alta su amigo—. ¿Se trata de algunas fosas? ¿O de las tumbas de políticos caídos en desgracia?

—Ni uno ni otro. Es una novela filosófica, de fe, de reflexión y conversión y, aunque no lo creas, de aventura, cosa que no le resta mérito, más cuando viene con una narrativa frenética. La autora, Illya Novelo, tiene una pluma que echa lumbre de tan impetuosa.

Ángel Trinidad pasó las páginas al vuelo.

—Me lo prestará luego… ¿No le parece que la narrativa es una de las grandes aportaciones del ser humano a la cultura?

Mirándolo de hito en hito, don Polo apostilló:

—A la cultura, al conocimiento, a la historia misma. Pero por desgracia no siempre lo es. Hay de narrativas a narrativas. Aquí, por ejemplo —alzó el libro—, es un instrumento atinadamente empleado para hacernos disfrutar una muy buena lectura. Pero no toda la narrativa es así.

—Claro, hay libros muy malos.

—Los hay. Pero no me refiero a eso. Hablo de la narrativa política. En especial de los regímenes que la emplean no como un complemento de la gestión de gobierno, sino como su mecanismo central de construcción y conservación del poder.

“Para los regímenes de izquierda, la narrativa es la Biblia. Sobre ella construyen el relato que repiten una y otra vez y sobre el que se basa todo el andamiaje de su ideología. En el mundo, el manual de la izquierda ordena emplear una narrativa fácil de llegar a las masas —razón de ser, únicamente en el discurso, de todas sus acciones—, prometedora de mejores tiempos y crítica feroz del pasado.

“Algo así como: ‘Por décadas, una élite gobernó para unos cuantos. Nosotros representamos al pueblo. Los problemas actuales son consecuencia de ese viejo régimen. Estamos transformando el país y quienes nos critican defienden, consciente o inconscientemente, el pasado’”.

—Me suena muy conocido.

—Es la misma narrativa aquí que en Venezuela, Nicaragua… y en Cuba desde hace más de seis décadas. Siempre hay un pasado de villanía o un imperio culpable de las desgracias… y siempre la izquierda es “la esperanza”.

—Y siempre hay quienes les creen, de lo contrario la narrativa no surtiría efecto.

—Es correcto. Y, además, causa efecto porque tiene una enorme ventaja: permite interpretar cualquier hecho desde esa perspectiva, sencilla y perversa a la vez.

—Ahora sí me perdí.

—Es simple: si hay buenos resultados, es gracias a la transformación. Si son malos, es consecuencia de décadas de abandono. Si la prensa o la oposición critican, es porque perdieron privilegios, porque eran beneficiarios del antiguo régimen. Si un indicador económico mejora, es mérito de la transformación; si empeora, es producto de factores externos o de la herencia recibida.

—La herencia maldita.

—Así la califican en nuestras tierras… —hizo una pausa para apurar el resto del expreso cortado—. En estos días leí una frase, antítesis de esa narrativa: “Yo no echo culpas al pasado, yo atiendo los problemas del presente”.

—Sí, claro. La leí en la entrevista que le hizo el Diario a Cecilia Patrón con motivo de su segundo informe.

—La narrativa de izquierda, estimado amigo, es todo lo contrario a las palabras de la alcaldesa. Es una especie de sistema inmunológico para el grupo en el poder: puede absorber acontecimientos adversos sin causarle una pérdida importante de apoyos, porque siempre está ahí la narrativa para culpar al pasado, lo mismo que para ocultar, desviar o negar la realidad.

Ángel Trinidad se rascó la cabeza intentando asimilar la idea.

—Quiere decir, don Polo, que ¿llega el momento en que la narrativa sustituye a los resultados?

—En México ese momento llegó desde el primer día. Y sí, lo has captado bien. Lo vemos todos los días. La narrativa de la 4T es más exitosa que el gobierno que la crea.

Entre desangelado y confundido, Ángel Trinidad inquirió.

—O sea que la narrativa “perversa”, como usted le llama, es exclusiva de los gobiernos de izquierda, ¿no es así?

—¡Dios mío, no! Esos sapos no salieron de mi boca. ¡Vaya que si la derecha también echa mano del modelo! Pero de eso hablaremos luego. Por ahora, ten en cuenta una perla de la “impoluta” derecha: Trump acaba de lanzar una moneda con su rostro.

—Y volvemos a los pecados capitales. La soberbia es canija.— Mérida, Yucatán

*Politólogo

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