viernes , 4 septiembre 2026

Yucatán transformado

Edgardo Arredondo Gómez *

Fuente: Diario de Yucatán

  • “La esencia de la convivencia es realmente sencilla: vive y respeta como otros viven”.— Eraldo Banovac

Mérida, 4 de septiembre de 2026.- Como una serpiente luminosa, larga e interminable hasta donde la toma alcanzaba, así lucía por la noche un tramo del Periférico de Mérida. Un dron, estos artilugios que se han encargado de mostrarnos lo que nuestros ojos no pueden ver más allá de la cabeza, nos regalaba la imagen que me recordó una de tantas veces, cuando desde el avión las serpientes luminosas eran el Circuito Interior o una de tantas calzadas de la CDMX.

Recientemente fuimos testigos de las filas de vehículos que formaban interminables hileras a la entrada de nuestra ciudad, para ser más exactos en la carretera que llega de Cancún y, otro buen tanto en la de Progreso: vacacionistas regresando, semejante a lo que se observa todos los años en los noticieros, al cierre de las vacaciones, en la México-Cuernavaca, la México-Acapulco y la que usted quiera, en la capital transformada en un gigantesco pulpo.

Un choque entre particulares, de los de a diario. Los conductores se bajan, intercambian reclamos, epítetos altisonantes y saludos a la progenitora, para enfrascarse en un duelo a golpes, mientras los demás conductores detienen su marcha…, ¿alguien baja a separarlos?.. ¡Jamás! “¿Lo estás grabando, hija?, ¡grábalo!”, “mare, maistro, hay le van a pegar al ruco”… ¿Reforma con Insurgentes?, ¿Patriotismo con Viaducto? ¡No! ¿qué les pasa? Aquí en Mérida…, al norte, por el CUM.

Un chofer se baja de estos Va y Ven, lo que para mí son los enormes trombos azules, hace lo propio el conductor de un vehículo particular, un hecho de tránsito nada grave. “Para, para…, hay tiro, hay tiro”. Intercambio de golpes…, desde luego a grabarlos, luego que tal si se aburren y se separan, mientras los bocinazos ni los espantan. La escena cada vez más común. De nuevo a la usanza de cómo se resuelven los conflictos viales en las grandes urbes, aunque los choques mínimos siguen siendo motivo de que los conductores no se detengan, depende si va acompañado de la mentada y menos con la presencia de los llamados “monta choques”. Aquí, las calles llenas de líneas blancas por colisiones menores, sin consecuencias, impactos casi siempre con un agente patógeno presente: el celular mientras se conduce. El tránsito se lentifica: “No te muevas hasta que llegue la aseguradora…, ni que te lo pida el policía”.

Los pleitos vecinales siempre han existido, pero con celular en mano todo se vuelve viral: gritos, empujones y frases a la inmortalidad como el “¿Quién me haló mi cabello?” insultos hasta que las féminas llegan a las manos, combates que se empantanan cuando las contendientes se prenden del pelo. “Gente sin educación”, exclama el clasista, el mismo que ebrio el fin de semana se agarra a golpes con otros comensales en un lujoso antro. No es ni la Merced, no, tampoco la zona Rosa o Polanco, es Mérida.

“¡Mare, hija, ya parecemos cubanos!.. La frase sale disparada de un vecino harto de los apagones por su rumbo. En nuestra ciudad ya es una de las escenas más aterradoras: un estruendo que cimbra simultáneo con el apagón… “¡Ya se la saben, mi gente, tronó el transformador!: De seis a ocho horas, si les va bien; pero ¿para qué esperar?: “¡Vamos a cerrar calles, y aquí nadie pasa hasta resolver este problema” … “¿Oye…, y yo que culpa tengo?, ¡déjame pasar!” Del grupo aparece una señora con un físico impresionante y mejor va para atrás porque flota el olor a guamazos. Algunos ceden, se dan la vuelta, uno que otro envalentonado pasa el cerco…, mentadas de madre y hasta pedradas que llueven por todos lados. Terrenos invadidos, noticia común, pero acá no tan frecuente; el desalojo gandalla, legítimo o no…, “¡pues cerramos el Periférico, faltaba menos!” Como un gigantesco trombo los carros se detienen de un lado a otro. Un enorme coágulo tapando la arteria. Las autoridades tienen todo para desechar la obstrucción, pero no, “váyanse por otro lado”… “¡Nosotros invadimos por la buena estas tierras!”. No es el Estado de México, no es la capital: es Mérida.

“Hay se va a tirar este menso”, “¿Quién es el que se va a tirar?”. La señora saca su celular, no marca al 911, cómo creen, va a grabar cuando se estampe. En una torre de energía eléctrica, de estos postes de celulares, en algún puente del Periférico. No todas las ocasiones tienen un final feliz y hasta lúdico: “Se bajó cuando le ofrecí una caguama”. Para los demás actos heroicos: la policía o algún voluntario. Aquí en Yucatán donde hay menos crímenes, pero tenemos el doloroso tema del suicidio, es aberrante como puede más el ansia de saciar el morbo antes de hacer algo por la víctima.

Puestos de comida en la calle, ahora vamos a modernizarnos, lo de ahora son los Food Trucks, reflejo de la economía. En algunos puntos de la ciudad los parques son tianguis, en las noches, los fines de semana. Han proliferado banquetas cercenadas a la mitad con puestos de todo. Avanza la economía, no importa si es informal, hay que ganarse el sustento…, todos, hasta los que comienzan a gestionar un derecho de piso: “Cómo lo quiera usted, mi amigo, con sello oficial o bajo el agua”, “Para qué te llevas tu carrito, desínflale las llantas y así no lo mueven”. No es la Lagunilla, no es Tepito: ya son puntos en Mérida, no falta mucho para el “¡bara, bara, aproveche la oferta, la promoción!”.

Éstas son tan solo unas muestras de la gentrificación: “¡Vengan a Yucatán a invertir!, aquí en el estado más seguro, con abundante agua…, claro no se ve porque está abajo, cuál es el problema…, ¿a poco se creen lo de Xibalba? No es que estemos perdiendo identidad, se está transformando. No me mal interpreten, no es xenofobia, es un fenómeno de culturización al extremo, veloz e imparable. En el interior del estado, en las fiestas, alrededor de los improvisados ruedos, ¿muchachas con hipil? …, no por favor: pantalón de mezclilla ajustado, botas, camisa a cuadros amarrada al ombligo, sombrero tejano. Es un fenómeno de globalización alimentado por las redes sociales, se expande en forma imparable…, música de jarana mezclada con bandas y corridos.

No todo es malo, pero hay situaciones muy preocupantes: El video solo dura unos veinte segundos, una mujer joven en medio de la calle, pareciera ser en Umán, carros pasando a un lado, la gente que graba en su teléfono, ni se acercan, los comentarios tan lastimosos como el estado de la chica: “¡ya hay zombis en Yucatán”. Una tragedia. Un problema creciente de drogadicción, consumidores de cristal, la más barata y adictiva. Pero esta chica, basta tan solo esos segundos para detectar el fenómeno de plegamiento, a nada de la catatonia, esto tiene un culpable, hasta no probar lo contrario: fentanilo. Ya llegó, ¿a poco lo dudaban?— Mérida, Yucatán

*Médico y escritor

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