sábado , 5 septiembre 2026

Con Morena, México no está avanzando

Gustavo de Hoyos

El Sol de México

Mérida, 5 de septiembre de 2026.- Hace ocho años, Morena llegó al poder prometiendo acabar con “la mafia del poder”. Hoy tiene mayoría en el Senado, en la Cámara de Diputados, en 26 congresos locales y gobierna 24 estados. Controla jueces, controla leyes, impone su voluntad sin obstáculos reales. Y sin embargo, México no avanza.

La paradoja es evidente: nunca un partido había concentrado tanto poder en tan poco tiempo, y nunca ese poder se había traducido en tan poco progreso real para la gente. Morena no gobierna con contrapesos porque decidió eliminarlos uno a uno. Y aun así, no ha logrado resolver ninguno de los problemas que denunciaba cuando estaba en la oposición.

La corrupción no desapareció, solo cambió de nombre. Donde antes estaba Javier Duarte, hoy están Adán Augusto López y Cuauhtémoc Blanco. Donde antes estaban los excesos de Tomás Yarrington, hoy están las historias de Rocha Moya y de Inzunza. Los abusos que en su momento se le achacaron a Roberto Borge se repiten con Layda Sansores y con Rocío Nahle. Muchos pensamos que la generación de gobernadores que regresó con el PRI en 2012 sería difícil de superar en materia de opacidad; nos equivocamos.

El poder absoluto de Morena no ha servido para escuchar a quien piensa distinto, sino para callarlo. No ha servido para corregir el rumbo, sino para insistir en una estrategia de seguridad que ya fracasó y que sigue costando vidas. Los hospitales siguen sin medicinas. Las familias siguen sin llegar a fin de mes. Y las niñas y los niños de México, que deberían ser la prioridad de cualquier gobierno, no lo son de este.

Tampoco hay justicia. Las madres siguen buscando a sus hijos por su cuenta, porque el Estado no lo hace. Las cárceles están llenas de personas sin sentencia. Mientras tanto, el aparato judicial se ha usado como arma política para perseguir adversarios, no para impartir justicia.

Y cuando ese poder se ha usado contra la ciudadanía, las consecuencias han sido trágicas. Lourdes Maldonado en Baja California, Samir Flores en Morelos, Roxana Guzmán en Veracruz: periodistas y activistas asesinados frente a autoridades que no los protegieron a tiempo y que después no hicieron justicia. Carlos Manzo fue asesinado en Michoacán, el mismo estado donde hoy el gobierno hostiga al Movimiento del Sombrero y busca frenar el avance de Grecia Quiroz y de las candidaturas independientes.

El patrón es claro: Morena tiene todo el poder que un partido puede tener en una democracia, y en lugar de usarlo para que el país avance, lo usa para violar la ley, hacer trampa y protegerse a sí mismo. No gobierna para resolver los problemas de México, gobierna para permanecer en el poder a toda costa.

Ocho años bastan para juzgar un proyecto político. Ocho años de control total sobre las instituciones deberían haber producido resultados visibles: menos violencia, más justicia, mejor salud pública, mayor bienestar. En cambio, lo que tenemos es un país que se parece cada vez menos a una democracia con equilibrios y cada vez más a un régimen de partido único que confunde su permanencia con el interés nacional.

México no necesita más poder concentrado. Necesita que ese poder, el que ya tiene Morena, se use para gobernar de verdad.

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