Marco Baños
Fuente: El Sol de México
Mérida, 31 de agosto, 2026.- Será hoy, apenas diez días antes del inicio del proceso electoral 2026-2027, cuando Somos tenga la aprobación formal de su denominación y emblema modificados por determinación de las autoridades electorales.
Para el INE la expresión Somos México implica una apropiación semántica de la representación nacional, mientras que para el Tribunal es una expresión que, al ser de uso común, evoca ideas de pertenencia nacional, unidad, solidaridad, identidad colectiva, patriotismo y vinculación con el país que no cumple con la función de establecer la función de individualización y caracterización del Partido.
Con estos argumentos, que ya forman parte de las interpretaciones estrambóticas inventadas por las autoridades electorales, se obligó el cambio de denominación y características del emblema de Somos México. Son exigencias que no están en la ley. Sobre el emblema el Tribunal consideró que el uso de letras blancas sobre un fondo en color rosa podría generar confusión con el emblema de los partidos locales Fuerza por México fundados por Pedro Haces, así que ordenó modificar la distribución de los elementos cromáticos.
El Tribunal sostiene que la denominación Somos México puede resultar inequitativa frente a los demás partidos que deben construir su reconocimiento social con su actuación, propaganda y presencia pública, mientras que Somos se podría beneficiar por la utilización ordinaria de la expresión y su inclusión en campañas publicitarias hechas por empresas, asociaciones civiles, organizaciones deportivas o medios de comunicación. ¿Será?
La verdadera inequidad no está en una denominación partidaria y menos con criterios inverosímiles, está en otros elementos que son evidentes en la realidad política del país que todos vemos menos el INE y el Tribunal. La inequidad está en las campañas adelantadas de las candidaturas del oficialismo que piden abiertamente el voto ciudadano y utilizan recursos sin límite para contratar propaganda en todas sus modalidades, sin la obligación de reportar el monto de los recursos ejercidos y su origen; está en la negativa sistemática del INE para regular y fiscalizar estos procedimientos; está en las declaraciones expresas de aspirantes morenistas a las gubernaturas que se autorefieren como precandidatos como en Colima o en expresiones de simpatizantes que los mencionan como futuros gobernantes, caso Guerrero.
La inequidad también está en las mañaneras donde la Presidenta llegó al extremo de presentar extractos de la sentencia que modifica la denominación y el emblema de Somos. Está en la complacencia de las autoridades que se han negado a comportarse como árbitros imparciales de la contienda y está en las constantes modificaciones a normas electorales que inclinan la cancha de competencia a favor de las candidaturas de Morena: como ejemplo, veamos la nueva causal de anulación de elecciones por intervención extranjera cuya aplicación queda abierta para un Tribunal aliado del oficialismo.
México debe recuperar la institucionalidad democrática que se ha perdido con las asimetrías generadas deliberadamente por la 4T en todos los flancos electorales del país, volviendo nugatorio el principio de equidad y formalizando ventajas indebidas del oficialismo, que ha logrado convertir el arbitraje electoral en uno de sus principales brazos operativos. Como ciudadanos hagámonos cargo de que las elecciones de 2027 marcarán el rumbo del país en el futuro inmediato, o recuperamos condiciones democráticas o aceptamos vivir una autocracia que avanza en el control de leyes e instituciones y disminuye nuestros derechos.
Profesor en UNAM y UP. Especialista en materia electoral.
@MarcoBanos
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