Edgardo Arredondo Gómez (*)
Fuente: Diario de Yucatán
- “La empatía es la medicina que necesita el mundo”.— Anónimo
Mérida, 29 de agosto, 2026.- “Más de 200 enfermeros llegan a reforzar el hospital O’Horán”. La nota con variaciones en este encabezado circuló pronto en redes sociales y noticiarios. No pude evitar asociar la escena con lo ya visto tantas veces, cuando lamentablemente por delitos de alto impacto la Guardia Nacional o el Ejército envía doscientos a trescientos elementos más para reforzar la seguridad. Me refiero, no me mal interpreten, al estilo del comunicado. Días antes la inconformidad del personal de enfermería desembocó en una protesta en las afueras del nosocomio. Los reclamos en atención a la falta de personal con la consabida sobrecarga laboral y la consecuencia más grave, una insuficiente atención a los pacientes. No vimos a personal exigiendo aumentos salariales, vimos algo que es común en el personal sanitario durante estos tiempos de la medicina en la 4 T: Mejores condiciones laborales. La respuesta del gobierno estatal con esta movilización del personal no fue lo único, el gobernador hizo una serie de declaraciones, algunas desafortunadas. Justificó parte del problema en que el personal tenía programadas sus vacaciones en el mes de agosto, y esto condicionó una disminución en la plantilla de trabajadores, diciendo que se abriría una investigación de quien lo autorizó.
Luego habló de apoyos extraordinarios por 50 millones de pesos en algunos rubros, desde equipamiento de hospitales como la donación de 30 camas hospitalarias para el área de Oncología Pediátrica del Hospital Regional de Alta Especialidad, y aseguró que continuarán las gestiones para conseguir más recursos y equipamiento que permitan fortalecer los servicios de salud para las familias yucatecas. Y remató instando a las trabajadoras y los trabajadores del nuevo hospital a “ponerse la camiseta”, haciendo alusión a su experiencia cuando trabajó en la industria hotelera.
Vayamos por partes. En el sector salud las vacaciones son programadas con meses de antelación, por la sencilla razón de que ese personal se suple por otros trabajadores. Eso ha sido siempre así. Si en un momento determinado, empleados basificados como sustitutos no están disponibles, se hace la contratación con personal no basificado. La programación de vacaciones y días festivos está de antemano bien establecida y planificada, lo cual no puede decirse de lo ocurrido en esta entrega recepción del hospital y la entrada al IMSS Bienestar con el desastre que se está viendo en el tema de la base trabajadora. El anuncio de que en 24 horas se obtuvo una partida presupuestal extra con tanta rapidez, deja la sospecha de que esa partida ya estaba presupuestada, lo cual no le quita su valor. Pero lo más lamentable es dirigirse al personal con un exhorto fuera de lugar: “¡pónganse la camiseta!”, la referencia a su desempeño en la industria hotelera es una lastimosa comparación. Y aquí es cuando en este recuento de daños, la empatía es fundamental. ¿A quién se le exige ponerse la camiseta, al personal de enfermería, entiéndase personal sanitario?: Sí, el mismo que estuvo en la primera línea de batalla contra el coronavirus, atendiendo enfermos con una entrega y profesionalismo, a pesar de las precarias condiciones, sin el equipo necesario, que derivó en convertirnos en el país con más personal sanitario que falleció en la pandemia; cuántos de estos trabajadores con la promesa de una basificación que, a más de cinco años, nunca llegó. Se les pide ponerse la camiseta a trabajadores que fueron maltratados, mientras se le dio calidad de privilegiados a extranjeros. Personal exhibido por guardar material en sus mochilas por la escasez o muchas veces llevando insumos pagados por cuenta propia, mientras medicamentos y materiales de curación se pudren y caducan en bodegas. ¡Ponerse la camiseta! cuando terminan cirugías iluminados con la luz de los celulares por un apagón y no hay plantas de emergencia. ¡Ponerse la camiseta!, cuando tienen que abrirse paso en salas de urgencias atestadas de pacientes en camillas, sillas y hasta en el suelo. ¡Ponerse la camiseta! cuando ni siquiera se les da alimentos, algún espacio para cuando menos tomarlos, ya no se diga cuando tienen que descansar en el piso en una colchoneta o sobre cajas de sueros. ¡Ponerse la camiseta! cuando se trabaja en un sistema de salud que se cae a pedazos mientras contemplan la opulencia con la que se desempeñan muchos políticos, magistrados y funcionarios que cuentan con Aseguranza Privada.
Lo digo como trabajador jubilado del IMSS y sin equivocarme como lo es en los trabajadores de salud del Issste, de SSA, la camiseta está bien puesta, cuando hay que dar la cara mientras nos espetan: “¡Otra vez se canceló mi cirugía!”, “Por mi tragas…, de lo que yo pago, tú comes”, “solo hay paracetamol”, “¿hasta cuándo me van a operar?”, “¿qué voy a hacer con mi quimioterapia”, “¿cuándo llegan las bolsas para mi diálisis?” y un interminable etcétera.
Estamos viendo simplemente los efectos de una crisis anunciada. Al informar el gobernador de los primeros meses del IMSS Bienestar, del ahorro a los yucatecos, fue claro cuando dijo que la secretaría estatal de salud solo se encargaría de vacunación y promoción, que el manejo integral de la salud quedaba a cargo de la Federación. Siendo así, con todo respeto señor gobernador: ¿no debió de haber sido el Dr. Alejandro Svarch Pérez, el director del IMSS Bienestar, quien diera la cara?; por lo que estamos viendo nuestras autoridades locales tendrán que atender los problemas que surjan y es claro que a usted ya le están endosando la factura política.
Se entiende que algunas de las fallas del nuevo hospital, desde inundaciones, falta de espacios dignos a los familiares de enfermos, la fuga de gas, son entendibles a cualquier instalación inaugurada y más sí se trata de estas megaobras entregadas en algunos puntos como inconclusas o al vapor, pero está surgiendo un problema más grave resultado de una total y absoluta falta de planeación y empatía, la más importante en este tipo de traslado de hospitales o de cambios de modelos de la salud: el elemento humano, nuestros médicos, enfermeras y en sí, todo el personal sanitario y administrativo. Y aquí insisto: ¿por qué no se hizo una consulta a los colegios médicos, universidades, empresarios o a la población de la conveniencia o no de entrar a este régimen?… ¿promesa de campaña?, ¿para quién?: ¿para el pueblo o para los de arriba?, ¿porque se tardaron casi dos años, en firmar?, ¿qué decía la letra chiquita? Ahora nos enteramos de que esto va para los próximos 30 años.
Insisto, lo digo con absoluto respeto señor gobernador, fuera de cualquier filia o fobia política: si algo tiene el personal sanitario con orgullo es tener la camiseta bien puesta, aun cuando ustedes la estén dejando llena de hoyos, arrugada y deslavada.— Mérida, Yucatán
(*) Médico y escritor
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