Olegario M. Moguel Bernal (*)
Fuente: Diario de Yucatán
Por décadas, en México no supimos de alternancia en el poder. La democracia era una ilusión, un concepto etéreo del que se hablaba, pero jamás se le veía. Solo había de dos sopas: el PRI o el PRI.
No fue sino hasta que el hoy preso —con todos los tintes de político— Ernesto Ruffo Appel ganó la gubernatura de Baja California, que se encendió una luz, no para los simpatizantes de Acción Nacional, sino para la oposición en general. El mensaje fue que sí se podía romper, a base de cinceladas insistentes, el monolito político del PRI.
Después de la alternancia federal en el 2000 con Fox, y el regreso al PRI con Peña Nieto, hizo su entrada en la ecuación Morena, en 2018. No puede hablarse estrictamente de una democracia pendular, sino de una especie de carambola de tres bandas, si bien los actores son los mismos con diferente ropaje.
La historia política reciente de Yucatán ha ido casi de la mano de la federación. Resultó paradójico que la figura más recia del monolítico PRI, Víctor Cervera, fuera quien entregara el poder a la oposición. Más tarde volvió al PRI y luego retornó el PAN. En ese momento se empezó a visualizar una democracia de péndulo estatal. Hasta 2024, cuando Morena entró en escena.
Salvo estos movimientos en el espectro político, más propios del siglo XXI que del anterior, en México no hemos sido muy afectos a la democracia pendular. Más aún, Morena, a partir de que entró en liza como tercer jugador, ha buscado con denuedo poner fin al fenómeno de la alternancia.
Hemos sido parte de las olas políticas que rompen en América Latina, desde aquellos años pseudoizquierdistas de Echeverría, que no eran sino un ladeo hacia la siniestra del mismo partido acomodado al centro, para alinearse en el discurso —solo en el discurso— a aquella romántica y prostituida idea de la revolución cubana. Es la misma izquierda que hoy dice representar Morena, una izquierda que hace a un lado a los verdaderos luchadores izquierdistas, y donde los que quedan con ese perfil se han acomodado gustosamente a las mieles del poder y el presupuesto.
Lejos del alineamiento a la izquierda de aquellos años, o los que vinieron en este siglo con Mujica, Lula, Petro, Boric, Castillo y AMLO, el péndulo oscila ahora a la derecha.
En octubre próximo habrá elecciones en Brasil, donde Lula buscará un cuarto mandato. Se enfrentará a una derecha fortalecida, capitaneada por Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair.
Un eventual triunfo de Flavio cerraría la pinza electoral derechista en 2026, luego de los recientes triunfos de Abelardo de la Espriella, en Colombia, y Keiko Fujimori, en Perú, y el de marzo pasado, en Chile, con José Antonio Kast.
El movimiento del péndulo político, sin embargo, no alcanzó todo su desplazamiento en Perú y Colombia. Apenas cruzó el eje vertical para adentrarse tímidamente en la derecha. Esto es, Fujimori y De la Espriella ganaron por escaso margen.
La hija del expresidente Alberto Fujimori obtuvo 9.223,396 votos, contra 9.173,755 de Juntos por el Perú, apenas 49,641 de diferencia.
El colombiano, a su vez, ganó por únicamente 251,854 votos, menos de un punto porcentual, frente a Iván Cepeda.
Estos resultados revelan, en primer lugar, que los organismos electorales encargados de arbitrar las elecciones en aquellos países funcionan. ¿Se imagina el lector al INE reconociendo el triunfo de la oposición por esos escasos márgenes? Yo tampoco.
También revelan un hartazgo ciudadano con el modelo que prometió sacar a los países de la postración, un discurso que envejeció con rapidez. Lo mismo Petro que los gobiernos de izquierda de Perú se quedaron en las intenciones.
De la Espriella, un novato en lides electorales, derrotó al candidato identificado con la continuidad del proyecto de Petro. En Perú, Keiko hizo volver al poder a la línea de gobierno que fue desplazada por gobiernos de izquierda, a cuál más corrupto.
¿Significa una adhesión a los gobiernos de derecha, a la doctrina que representan? Pareciera que no. Acaso más bien es un rechazo a la izquierda, en un escenario donde la única alternativa viable es la derecha.
De ser así, ¿qué rechazarían de la izquierda los votantes? La respuesta estaría en la inseguridad, el deterioro económico, la corrupción rampante que juraron acabar y han acrecentado, principalmente en su beneficio, la incapacidad del Estado y el hartazgo de la polarización y las mentiras.
Los escasos márgenes de diferencia en la votación, sin embargo, también revelan que los partidos en el poder lograron rescatar suficientes votos a pesar del hastío, y fue gracias a su capacidad de operación política y manejo del presupuesto para temas electorales, algo que en México ha sido el sello de la casa.
No hay que soslayar que Morena posee una estructura territorial, electoral y política poderosa, quizá más que la que montaron los gobiernos izquierdistas en Perú y Colombia, lo que impediría que México sea una calca de aquellas experiencias.
Las cifras también hablan de sociedades divididas: izquierdas y derechas, leales y desencantados, alineados y no alineados, conformistas y luchadores, corifeos y críticos.
El movimiento del péndulo es cada vez más acelerado en América Latina. Las ideologías ocupan el poder por menos tiempo. Lo ceden más pronto que antes, e igualmente rápido lo recuperan. La razón del rápido movimiento del péndulo puede estar en que el voto se ejerce más como rechazo que como adhesión o simpatía. Se vota contra el gobierno anterior, más que a favor de un proyecto.
El ciclo se ha acortado, la alternancia se ha vuelto habitual y pronta.
¿Se sumará México a esta dinámica pendular?
En primer lugar, falta mucho para 2030, si bien 2027 será un ensayo interesante. Se necesitarán dos elementos básicos: el primero, que haya organismos electorales autónomos, y justamente para evitar la alternancia es que los gobiernos de la 4T los han cooptado, y el segundo, que haya una alternativa.
El votante harto del gobierno debe encontrar una opción atractiva cuando voltee hacia otro lado. Si solo encuentra el vacío, la alternancia jamás llegará.
Hoy lo que hay es un vacío imponente, lo mismo en México que en Yucatán.— Mérida, Yucatán
olegario.moguel@megamedia.co m.mx
@olegariomoguel
(*) Politólogo
..:: Visión Peninsular ::.. Visión Peninsular, publica solo la verdad de lo que pasa en nuestro Estado, Quintana Roo y Campeche.