Roger Antonio González Herrera (*)
Fuente: Diario de Yucatán
La función matutina en el Palacio Nacional ha alcanzado niveles de absoluto surrealismo.
Tras los muros coloniales de un recinto histórico, la presidenta de origen judío, Claudia Sheinbaum, desplegó este lunes su hipócrita sonrisa complaciente para recibir con bombo y platillo a la celebridad del momento: el Pato Merlín.
Aquella ave vestida de verde que saltó a la fama el día de la inauguración del Mundial 2026, rompiendo esquemas y convirtiéndose en un símbolo nacional improvisado, pisó el salón de la mañanera acompañado por su familia humana: Karla Gómez y sus hijos Cristian y Carlos, dedicados honestamente a la venta de aguas y refrescos en la calle.
Lamentablemente, en esta comedia de tintes dramáticos y lagrimosos, la mamá de Merlín se prestó a ser el peón de un burdo teatro. Ella misma declaró que buscaba mostrar una cara amable, “la parte bonita” de los mexicanos. Sin embargo, detrás de ese plumaje maquillado e instrumentalizado por el régimen de la Cuarta Transformación, se esconde un desesperado intento por ocultar la realidad de la violencia que asoma en todo el país.
Vivimos en un territorio de secuestros, extorsiones y regiones enteras gobernadas por los cárteles de la droga; un escenario lúgubre provocado por el deterioro de las instituciones democráticas y el fomento de la división y la confrontación que estos ocho años de gobiernos morenistas han sembrado, empezando por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Lo paradójico e insultante es que los continuadores de la obra de destrucción de aquel que acuñó la frase “me canso ganso”, usen hoy a un pato para lavar su desgastada imagen pública.
Mientras abren las puertas de palacio a la distracción animal, afuera, bajo el sol y la lluvia, se quedan esperando una cita las madres buscadoras que escarban la tierra con las uñas, los maestros que reclaman jubilaciones dignas y miles de ciudadanos ignorados por la arrogancia y la absoluta falta de empatía de la presidenta.
Pero cuidado: mientras el oficialismo maquilla su inutilidad con anécdotas tiernas, afuera de Palacio Nacional crece el hartazgo y se va configurando una genuina rebeldía dispuesta a sacarlos del poder.
Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
(*) Profesor
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