miércoles , 1 julio 2026
Ultimas Noticias

“Los camiones del Va y Ven pesan. Las excusas del gobierno de Yucatán, más todavía”

  • Incapacidad, desconocimiento o abandono.

  Por el Lic. Francisco J. Pérez y Pérez.

Fuente: Facebook

Mérida, 1 de julio de 2026.- Hay declaraciones que, sin proponérselo, revelan más de lo que pretenden ocultar. Las de la senadora Verónica Camino Farjat quien vincula el peso de los autobuses del Va y Ven con las rupturas de tuberías en Mérida es una de ellas. No porque sea completamente falsa, sino porque desplaza la mirada hacia el síntoma y la aleja del problema real: una infraestructura urbana que no ha sido modernizada al ritmo que la ciudad crece, y un gobierno que lleva ya tiempo en el cargo perfeccionando el arte de explicar por qué las cosas no funcionan, en lugar de hacer que funcionen.

Conviene encuadrar la declaración. Camino Farjat no es una voz externa que observa desde la distancia: es senadora de Morena por Yucatán, reelecta en 2024 y Vicepresidenta de la Mesa Directiva del Senado. Que una legisladora de ese rango opte por señalar a los autobuses en lugar de exigirle soluciones al gobierno de su propio partido dice algo sobre los reflejos políticos de esa bancada ante una crisis que lleva meses acumulándose.

  Lo que ya se sabía antes de que llegara el gobernador.

Cuando Joaquín Díaz Mena rindió protesta el 1 de octubre de 2024, el diagnóstico de la infraestructura hidráulica de Mérida no era un secreto de Estado. El propio director de la JAPAY, Francisco Torres Rivas, lo resumiría después con una claridad que habría sido difícil mejorar: la red es muy antigua, especialmente en el Centro Histórico, con tuberías de más de 50 años que presentan fallas constantes. Las cifras respaldan esa descripción: la JAPAY abastece a más de 381,000 hogares operando una red con una antigüedad de hasta 66 años, que genera aproximadamente 22,000 fugas anuales y desperdicia entre el 35 y el 40 por ciento del agua producida.

Hay un detalle que agrava la situación: Torres Rivas fue Secretario de Obras Públicas durante el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco, precisamente cuando se realizaron intervenciones en el Centro Histórico sobre esa misma red al construir las calles de pavimento hidráulico y la introducción de iluminación en esa zona. El funcionario que hoy pide urgentemente recursos para repararla es el mismo que en su momento tuvo bajo su responsabilidad las obras sobre esa misma infraestructura. La pregunta pertinente no es qué heredó el gobernador. Es qué han hecho, él y su equipo, con lo que ya sabían de sobra.

  El autobús no es el villano de la historia.

Antes de continuar con el análisis político, conviene detenerse en lo que la técnica tiene que decir, porque los números son más elocuentes que cualquier argumento partidista. Quien esto escribe es abogado, no ingeniero civil. Pero la información es pública: la ingeniería civil dispone del estándar AASHTO desarrollado por la American Association of State Highway and Transportation Officials que establece con precisión matemática el daño que cada tipo de vehículo ejerce sobre la infraestructura vial y las tuberías que corren debajo. El principio fundamental es que ese daño crece de forma exponencial a la cuarta potencia del peso por eje. Si un abogado puede encontrar este estándar en minutos, el director de la JAPAY y el gobernador de Yucatán no solo pueden: están obligados a conocerlo.

Un autobús Va y Ven completamente lleno pesa aproximadamente 20.5 toneladas, distribuidas sobre un chasis de 12 metros con suspensión neumática de bolsas de aire, tecnología diseñada para amortiguar los impactos sobre el pavimento y lo que hay debajo. Eso mismo pesa un volquete mediano cargado de grava. Pero mientras circulan por Mérida con normalidad camiones olla revolvedores de hasta 33.5 toneladas, plataformas de materiales con hasta 46.5 y pipas de 42 toneladas, la discusión pública apunta al autobús de pasajeros. Aplicada la fórmula AASHTO, el paso de una sola olla de concreto llena genera el mismo daño estructural sobre las tuberías que el paso continuo de más de tres autobuses Va y Ven completamente llenos.

La suspensión neumática del Va y Ven reduce además su impacto real por un factor de 0.8, mientras que la suspensión rígida de muelles del camión olla lo amplifica por un factor de 1.4, transmitiendo ondas de choque directas al subsuelo. La disparidad entre lo que dice la técnica y lo que dice la senadora es, cuando menos, llamativa.

En la búsqueda de la información nos topamos que hay además un factor que el debate público ignora sistemáticamente: el parque vehicular privado. Una SUV grande tiene un factor de daño individual infinitamente menor al del Va y Ven, pero miles de SUVs y autos compactos detenidos en los embotellamientos que hoy sufre Mérida producen un efecto destructivo diferente: la carga estática prolongada elimina el tiempo de recuperación elástica del suelo, y los cientos de motores encendidos simultáneamente generan microvibraciones de baja frecuencia que, sobre el subsuelo cárstico de Mérida conductor acústico casi perfecto, fatigan las uniones y codos de tuberías de PVC o asbesto envejecidas hasta agrietarlas. El verdadero destructor de la infraestructura hidráulica de Mérida no es el autobús. Es la combinación de vehículos de carga pesada que nadie menciona y de miles de vehículos particulares que nadie controla, operando sobre una red que ya superó su vida útil por décadas.

Existe, eso sí, un punto donde el Va y Ven sí incide directamente: los paraderos. Cuando un vehículo de 20.5 toneladas desacelera y arranca en el mismo punto decenas de veces al día, genera estrés mecánico concentrado. Si debajo corre una tubería vieja instalada a poca profundidad, eso puede acelerar su fractura. Pero eso no es un argumento contra el transporte público: es un argumento contra la falta de diagnóstico y prevención que debería haber precedido a la instalación de los paraderos. Alguien debió revisar dónde estaban las tuberías antes de fijar las paradas. Ese alguien también tiene nombre y cargo.

  Una ciudad que crece sola mientras se gobiernan los diagnósticos

Mérida no es una ciudad donde solo circulen los autobuses Va y Ven. Entre 2010 y 2020 experimentó un crecimiento poblacional del 24.9 por ciento, y para 2024 su población rondaba los 1,269,000 habitantes. Una ciudad que crece a ese ritmo no puede ser administrada con tuberías de asbesto y cemento instaladas hace más de medio siglo. El tráfico pesado no es un fenómeno nuevo ni atribuible a un solo actor. Es la realidad cotidiana de cualquier ciudad que crece. Y si la infraestructura no puede soportar esa realidad, el responsable no es el tráfico. El responsable es quien gobierna y no moderniza.

Por eso, la pregunta correcta no es por qué pasa un autobús pesado por encima de una tubería, sino una más incómoda: ¿por qué la infraestructura pública no se está preparado para soportar las condiciones reales de una ciudad con alta población, un gran parque vehicular como lo es hoy la ciudad que Mérida? En ciudades como Monterrey o Guadalajara, con mayor circulación vehicular pesada, resulta difícil imaginar que las autoridades justificaran fallas en el suministro de agua argumentando que pasan camiones de pasajeros. La respuesta de una ciudad moderna es otra: revisar, invertir, reforzar, sustituir y modernizar el camino es hacia ese rumbo.

  La responsabilidad de quien gobierna hoy

Las calles son competencia municipal, la red de agua potable depende del Gobierno del Estado a través de la JAPAY, y el Va y Ven opera bajo la ATY, también de carácter estatal. Cuando un autobús estatal circula sobre una calle deteriorada y revienta una tubería estatal, la responsabilidad no se diluye entre instancias. Se concentra en quien tiene la obligación de coordinarlas. Ese es el gobernador. No la senadora que justifica por qué los camiones pesan.

La antigüedad de una red puede explicar una falla. Lo que no puede explicar ni justificar es la ausencia de un programa sostenido de sustitución y modernización. Resulta útil aquí un ejemplo cercano y concreto: la Catedral de Mérida. Cuando fue construida, no existía la red eléctrica, ni sistemas modernos de agua potable, ni protección contra rayos, ni instalaciones para sonido o megafonía. Sin embargo, la Catedral no se quedó congelada en el tiempo. Se adaptó. Incorporó nuevas tecnologías sin perder su valor histórico ni su esencia. Hoy funciona con elementos propios de cada época porque una obra viva debe responder a las necesidades de la sociedad que la habita. Lo mismo debería ocurrir con la infraestructura urbana. La red de agua potable no puede permanecer anclada en criterios del pasado mientras la ciudad crece, se densifica y exige servicios de mayor capacidad. La pregunta ya no es quién construyó esa tubería hace décadas. La pregunta es quién tiene hoy la responsabilidad de mantenerla, modernizarla y garantizar que funcione.

Ningún ciudadano espera que los problemas acumulados durante décadas se resuelvan en un mes. Lo que sí tiene derecho a exigir es que cuando la red pierde entre el 35 y el 40 por ciento de lo que produce, exista un programa de inversión aprobado, presupuestado y con calendario, no solo una promesa de estrategia proyectada hasta 2030.

Gobernar no es administrar excusas. Es asumir los problemas como propios desde el primer día y trabajar con evidencia, presupuesto y calendario para resolverlos. Lo que Mérida no necesita son más diagnósticos: ya los tiene, firmados por los propios funcionarios de la administración actual. Lo que necesita es un gobierno que entienda que auditar un problema no es lo mismo que resolverlo, y que pedir tiempo indefinido a los ciudadanos mientras ellos esperan agua en sus casas no es una política pública. Es una disculpa con sello oficial. Cada día que pasa sin un plan de modernización verificable no es responsabilidad de quien instaló esas tuberías hace cincuenta años. Es responsabilidad de quien firma los comunicados de prensa hoy.

Y mientras todavía no tengamos un transporte tipo DRON donde sea el viento el que nos impulse tendrán que seguir pasando los vehículos por nuestras calles así que tendrá que modernizarse y hacerse los trabajos adecuados, con los materiales correctos para soportar las cargas y las nuevas cargas que vendrán seguramente con el crecimiento de la ciudad.

Para concluir no es nada novedoso y desconocido para los gobernantes y los gobernados que ya en Mérida no transitan los camioncitos Ford T y las carretas de los viejos tiempos cuando se construyó la red de agua potable y no nos podemos quedar en ese pasado y en ese pensamiento.

  • En Mérida los camiones pesan. Las excusas pesan más. Y la ciudad, que sigue creciendo si sin que nadie modernice lo que tiene debajo, carga con todo.
Deja un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *