domingo , 4 diciembre 2022
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Deja pandemia 32 millones de personas en ocupaciones informales, en especial, mujeres: Saúl Escobar

  • En la “nueva normalidad”, regreso a la desigualdad de antes. Se recuperó el empleo, pero informal
  • Aumento de la pobreza de personas trabajadoras de 36.6 a 44 por ciento.

Guadalupe López García

SemMéxico, Ciudad de México, 10 de septiembre del 2021.- Las mujeres fueron las más afectadas por la pandemia. Abandonaron el mercado laboral, amentaron sus cargas de trabajo en casa, más que a los hombres, y se reincorporaron en ocupaciones más vulnerables y desprotegidas. “La mujer sigue siendo en México, la mujer de su casa”, señaló el sindicalista Saúl Escobar Toledo.

Durante el seminario “Informalidad y precariedad laboral. Rumbo a la Copa Mundial FIFA 2026”, convocado este martes por la Red de Mujeres Sindicalistas, en el marco del proyecto “México Unido 2026. Promoviendo los Derechos Laborales. Rumbo a la Copa Mundial”, el economista y profesor investigador de Instituto Nacional de Antropología e Historia presentó una serie de estadísticas que indican cómo la precariedad laboral se recrudeció durante la pandemia. Incluso, la “nueva normalidad” ha representado volver a la estructura de desigualdad de antes, remarcó.

Reflexionó: por la pandemia, durante varios meses se frenaron casi todas las actividades económicas, a raíz de la reclusión domiciliaria, impuesta por el gobierno y los estados multinacionales como el remedio más eficaz, junto con el distanciamiento social. Nos prohibieron salir, no porque estuviéramos enfermos sino para detener los contagios y la pérdida de vidas. Esto hizo más severa la reclusión, ha habido otras pandemias, quizá más mortales, pero no frenaron las actividades económicas de todo el mundo.

La ciencia y las instituciones no estaban preparadas para esta pandemia. Es un evento que no tiene precedentes en la historia del capitalismo y de la humanidad, lo que muestra la necesidad de cambiar el modelo civilizatorio que fomenta la desigualdad, el desperdicio y la ostentación, y adoptar un modo de vida más respetuoso con la naturaleza y utilizar la tecnología y el saber para la salud y felicidad de todos. Es una de las enseñanzas que nos ha dejado, pero ¿qué va a seguir después? Se preguntó.

Alertó que la nueva normalidad puede ser —por desgracia— peor o tener posibilidad de cambio o ambas circunstancias. Y Escobar dio cifras. En el segundo semestre de 2020 se fueron abriendo actividades llamadas no esenciales con disyuntiva, por el riesgo latente de contagio, como en la industria maquiladora de la frontera norte del país; particularmente, en Ciudad Juárez, Chihuahua, industria en la que laboran muchas mujeres.

En ese lapso, 12 millones de personas salieron de la Población Económicamente Activa (PEA); es decir, se quedaron sin trabajo. 9.5 millones se catalogaron como “ausentes con vínculo laboral” y muchas no recibieron sus ingresos o prestaciones completas.

En el primer trimestre de 2020, la brecha laboral (personas desocupadas, las que están en esa situación, pero no buscan activamente un trabajo —aunque han manifestado que necesitan un empleo— y las subocupadas) era de 12.4millones, en el tercer trimestre se elevó a 22.4 millones (incremento de más de 80%). En el tercer trimestre de 2021 había bajado. Daño causado entre el primer y tercer trimestre de 2020: aumento de la pobreza del 36.6 al 44 por ciento de las personas trabajadoras.

La desigualdad también se incrementó, pues la masa salarial, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), sufrió una caída de 12.4 %. Aunque el impacto fue alto, la pobreza laboral ya era alta antes de la pandemia.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2021, se estableció que la pérdida de ingreso tuvo que ser cubierta por otros familiares y amigos (en 54% de las personas interrogadas), el 20 por ciento vendió o empeñó algún bien, el 56 por ciento utilizó lo ahorrado y el 80 por ciento redujo gastos. El 52 por ciento dijo que no fue suficiente para cubrirlos.

El daño durante 2020 y 2021 alcanzó a cuatro quintas partes de las mexicanas y mexicanos y en este año, su patrimonio está pésimamente destruido. 50 por ciento de la población más pobre tenía cifra negativa (-0.2%), el 40 por ciento poseía el 21.5% de la riqueza nacional. El 10 por ciento acumulaba casi el 79 de la riqueza y el 1 por ciento más rico, el 47 por ciento. La desigualdad fue asentada por la pandemia.

Las actividades económicas se fueron recuperando, pero en el empleo informal. En el segundo trimestre de 2022, el 55.6% (32 millones de personas) es parte de las ocupaciones informales que trabajan en condiciones vulnerables, carecen de seguridad social, protección, estabilidad laboral y con ingresos reducidos.

Las mujeres han sido más afectadas por la pandemia. Abandonaron el mercado laboral, amentaron sus cargas de trabajo en casa: han sido maestras, cuidadoras de enfermos/as, ancianos/as, y se han hecho cargo, más que los hombres, de las tareas del hogar.

El 53 por ciento población mayor de 15 años son mujeres, pero solo el 40 por ciento trabaja o forma parte de la PEA. Las mujeres no están incorporadas en el mercado laboral en condiciones equitativas que los hombres. En otros países de América Latina, la situación es menos dispareja. La mujer sigue siendo en México, en muchos sentidos: “La mujer de su casa”. El país es mucho más machista que en otros, incluso, en América Latina, acotó Saúl Escobar.

En promedio, las mujeres de 15 años y más dedican 22 horas semanales al cuidado no remunerado, frente a las 13 reportadas por hombres. El promedio de las que forman parte de la PEA es de 20 horas, frente a 12 de los hombres, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), del cuarto trimestre de 2019.

Para Escobar, la nueva normalidad es volver a la estructura de desigualdad que había antes de la pandemia. Cuando las mujeres salen a trabajar, se colocan en ocupaciones más vulnerables, más desprotegidas. Viven discriminación y exclusión en varios sentidos.

En el ingreso laboral también hay disparidades. En el segundo trimestre de 2022, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada a nivel nacional fue de 6,434.04 pesos al mes. De los hombres fue de 7,14.25 y el de las mujeres de 5,655.87. El ingreso de los hombres ocupados es aproximadamente 1.3 veces más que el de las mujeres.

De la población más desempleada, es casi 80 por ciento de gente que tiene entre 15 y 44 años. Escobar reconoce que el aumento del salario mínimo ha ayudado a paliar la pobreza, pero los salarios contractuales han caído por la inflación.

El especialista en el medio laboral y sindical mencionó a las trabajadoras y a los trabajadores de plataformas digitales. Es un sector muy desprotegido, porque no tienen garantías de la ley, las empresas no los reconocen como trabajadoras, trabajadores, ni estas como patrones. La vulnerabilidad de las mujeres es muy alta, por vivir acoso y hostigamiento sexual mucho mayor que en otros espacios.

Indicó que, pese a que se afirma que se regresó a una “nueva normalidad”, la pandemia sigue. En este 2022, la Covid ha motivado el cierre de actividades en China, la disrupción de las cadenas de abastecimiento ha provocado demoras para descargar insumos y refacciones y ha estallado una guerra entre Ucrania y Rusia, lo que ha generado una inflación mundial. Se ha formado una crisis sanitaria, alimentaria, económica y del medio ambiente. No podemos ser muy optimistas, pero si somos conscientes de esta situación, podemos enfrentar los retos, aunque el panorama se vea un tanto oscuro, pronosticó.

Por otra parte, Escobar distingue en las jóvenes actuales un espíritu de rebeldía, subversión y sororidad que no veía en las mujeres de su época. El renacimiento de un feminismo duro y radical —aparentemente para mi generación—, es parte de una realidad nueva que vivimos y apostaría porque ese nuevo feminismo también sea una esperanza para cambiar las cosas en este país, finalizó.

SEM/glg/MG

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