jueves , 16 julio 2026
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Morena obedece, Yucatán paga

Francisco Javier Rodríguez Vadillo

Fuente: Diario de Yucatán

  • Dos veces, sus diputados votaron en contra de que avanzara la discusión sobre la tarifa 1F.

Mérda, 16 de julio, 2026.- En Yucatán el calor no necesita campaña. Llega solo, se instala durante meses y gobierna con una eficacia que ya quisieran muchas instituciones. No distingue partidos ni espera autorización para superar los cuarenta grados.

El recibo de la Comisión Federal de Electricidad es igual de puntual: llega, cobra y no se conmueve ante palabras como “bienestar”, “pueblo” o “transformación”. La retórica no enfría recámaras ni paga kilowatts.

Los diputados de Morena que votaron contra el punto de acuerdo para continuar el análisis de la tarifa 1F lograron una proeza: hacer que la obediencia partidista resulte más sofocante que el clima.

Conviene precisar lo ocurrido antes de que algún prestidigitador legislativo convierta dos votaciones visibles en misterio metafísico. No se les pidió aprobar la tarifa sin estudios ni regalar electricidad: se les pidió leer, analizar, discutir y dictaminar.

Y votaron que no. Dos veces.

Una negativa no bastó para acreditar fidelidad a la consigna; había que ratificarla. La primera pudo ser un extravío; la segunda disipó toda duda: no fue lapsus, fue método. Cuando deciden no defender a Yucatán, lo hacen con una disciplina casi litúrgica.

¿Para qué estudiar un problema que padecen miles de familias si la respuesta desciende redactada desde la cúpula? Pensar por cuenta propia puede producir efectos incómodos: criterio, dignidad y vergüenza.

De ahí mi teoría —sin valor clínico, pero con abundante evidencia parlamentaria—: les faltó ácido fólico durante la gestación; se cayeron de la hamaca o de los brazos de la comadrona y se sacudieron la mollera; o, como sugiere la psicología social, se impusieron la conformidad, el dogmatismo marxista y la obediencia ciega. Las dos primeras explicaciones pertenecen al folclor; la última tiene bibliografía y pasa lista cada vez que votan.

La realidad climática es contumaz. Yucatán ha registrado temperaturas superiores a los cuarenta grados y máximas cercanas a los 44. En esas condiciones, ventiladores y aires acondicionados no son lujos de sibaritas, sino instrumentos de salud y supervivencia.

También están las cifras, esas criaturas impertinentes que arruinan las grandilocuencias partidistas. La propuesta estima que un consumo bimestral de 2,500 kWh costaría unos 8,047 pesos con tarifa 1D y 4,319 con tarifa 1F: una diferencia cercana al 46 por ciento.

¿Las cifras requieren revisión? Revísenlas. ¿Hay objeciones técnicas? Expónganlas. ¿Existen impedimentos jurídicos o financieros? Demuéstrenlos.

Para eso sirve un Congreso: para deliberar, no para practicar taxidermia legislativa ni mantener iniciativas congeladas como un helado de Polito.

Los diputados de Morena deben ofrecer una explicación pública y coherente, no vaguedades ni la coartada de que es competencia federal. El Congreso local puede exhortar, solicitar estudios y defender a Yucatán. Negarse a discutir no es prudencia institucional: es una genuflexión con vocabulario parlamentario.

Si la negativa obedeció a una orden superior, tengan la gallardía de admitirlo. La disciplina partidista puede ser comprensible; la obsecuencia es distinta. Un legislador no fue elegido para ser altavoz de una dirigencia ni mobiliario con dieta mensual, sino para representar a los ciudadanos, aunque incomode a quienes reparten candidaturas.

La pregunta es ineludible: ¿pueden mirar a sus seres queridos y decirles que se negaron a revisar una tarifa más justa porque, desde algún escritorio, alguien consideró inconveniente discutirla? ¿Pueden asegurarles, sin eufemismos ni rubor, que antepusieron la defensa de Yucatán a la consigna del partido?

Levantar la mano en el Congreso toma segundos. Sostener la mirada en casa exige más entereza.

Yucatán no les pide un favor. Les exige cumplir con su deber. El calor no espera los tiempos políticos, los apagones no leen boletines y las familias no tienen por qué pagar, además de recibos desmesurados, el costo del sometimiento legislativo.

Conviene que anoten una fecha: 2027. Para entonces quizá la memoria ciudadana resulte menos indulgente que la disciplina partidista.

Volverán a colonias y municipios con la camisa tapizada de logos guindas, sonrisa pródiga y súbita vocación por escuchar. Redescubrirán mercados, prodigarán abrazos y quizá posen junto a un ventilador en un gesto de solidaridad reservado para la temporada electoral.

Pero la reelección no la concede una cúpula ni premia la obediencia. Se gana con resultados, congruencia y votos. Los yucatecos soportamos calor, apagones y recibos onerosos, pero no amnesia. Recordaremos quién defendió a Yucatán y quién prefirió la sombra de una consigna.

Las órdenes superiores pueden decidir una votación legislativa; lo que no pueden decidir es el voto ciudadano. Y en 2027 algunos podrían descubrir, con tardío estupor, que la boleta electoral tiene memoria y sabe cobrar los recibos pendientes de una política de cuarta: pródiga en consignas, pero miserable en resultados.— Mérida, Yucatán

(*) Ex presidente del Colegio Yucateco de Arquitectos, A.C.

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