miércoles , 15 julio 2026

Flagelo complejo y profundo

Othón Baños Ramírez (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Mérida, 15 de julio de 2026.- La delincuencia en México es un fenómeno complejo que no puede explicarse únicamente como la suma de actos ilegales aislados. Se trata de un problema social, económico e institucional que adopta diversas modalidades y que afecta de manera distinta a las personas, las comunidades, las empresas y al Estado. Su presencia cotidiana modifica hábitos, genera miedo, debilita la confianza en las autoridades y limita el ejercicio pleno de derechos.

Una de las formas más visibles de delincuencia es la delincuencia común, integrada por delitos como el robo a transeúnte, el robo a casa habitación, el robo de vehículos, el asalto en transporte público y las lesiones. Estos delitos suelen afectar directamente la vida diaria de la población, pues ocurren en espacios cercanos: calles, colonias, comercios y medios de transporte. Aunque en ocasiones se consideran delitos de menor escala, su repetición constante produce una sensación generalizada de inseguridad. Además, cuando no se denuncian o no se investigan adecuadamente, refuerzan la idea de impunidad.

Otra modalidad de gran impacto es la delincuencia organizada. Esta se caracteriza por la participación de grupos estructurados que realizan actividades ilícitas de manera sistemática, como el tráfico de drogas, armas o personas, la extorsión, el secuestro, el cobro de piso, el robo de combustible y el lavado de dinero. A diferencia de la delincuencia común, la delincuencia organizada suele contar con redes de operación más amplias, recursos económicos y capacidad para corromper instituciones. Su presencia afecta no solo a las víctimas directas, sino también a regiones completas, porque altera la economía local, desplaza comunidades y disputa el control territorial.

Entre las modalidades que han adquirido mayor relevancia se encuentra la extorsión. Este delito consiste en obligar a una persona, familia o negocio a entregar dinero, bienes o servicios mediante amenazas. Puede presentarse por llamadas telefónicas, mensajes digitales, visitas directas o exigencias periódicas conocidas como “cobro de piso”. La extorsión resulta especialmente grave porque no siempre implica violencia física inmediata, pero sí produce miedo permanente y afecta la economía de comerciantes, transportistas, productores y familias. En muchos casos, la falta de denuncia se relaciona con el temor a represalias o con la desconfianza hacia las autoridades.

El fraude es otra modalidad que ha crecido con fuerza, especialmente por el uso de tecnologías digitales. Incluye engaños financieros, ventas falsas por internet, suplantación de identidad, inversiones ficticias, clonación de tarjetas y transferencias no autorizadas. La expansión de la banca electrónica, las redes sociales y el comercio en línea ha creado nuevas oportunidades para los delincuentes. El problema no radica en la tecnología en sí, sino en el uso indebido de herramientas digitales para manipular la confianza de las víctimas.

También debe considerarse la violencia de género y la violencia familiar como expresiones delictivas que ocurren muchas veces dentro del ámbito privado. Amenazas, lesiones, abuso, violencia psicológica, feminicidio y otras agresiones muestran que la delincuencia no siempre se desarrolla en la calle ni por desconocidos. Estas conductas revelan relaciones de poder desiguales y contextos de normalización de la violencia.

El cibercrimen representa una modalidad relativamente reciente, pero cada vez más extendida. Comprende conductas como el robo de información personal, el acoso digital, la difusión no autorizada de datos, los ataques a sistemas informáticos y las estafas en plataformas digitales. Su importancia radica en que rompe las fronteras tradicionales del delito: una persona puede ser víctima desde su casa, mediante un teléfono celular o una computadora.

Las causas de estas modalidades son diversas. Entre ellas se encuentran la desigualdad social, la falta de oportunidades, la debilidad institucional, la corrupción, la impunidad, la desintegración comunitaria y la presencia de mercados ilegales altamente lucrativos. Sin embargo, sería un error afirmar que la pobreza produce automáticamente delincuencia, pues millones de personas en condiciones difíciles viven de manera honesta. Más bien, la delincuencia surge cuando se combinan factores de exclusión, falta de control institucional, ausencia de justicia y oportunidades criminales.

Las consecuencias son profundas. En el plano individual, las víctimas pueden sufrir pérdidas económicas, daño físico, miedo, ansiedad y cambios en su forma de vivir. En el plano social, la delincuencia reduce la convivencia, debilita la confianza entre vecinos y genera aislamiento. En el plano económico, afecta inversiones, negocios, transporte y empleo. En el plano institucional, la falta de denuncia y la percepción de impunidad deterioran la legitimidad del sistema de justicia. De acuerdo con fuentes oficiales como el Inegi y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la medición de la delincuencia combina encuestas de victimización y registros de carpetas de investigación, lo que muestra que muchas conductas no llegan a denunciarse ni investigarse.

Frente a este panorama, la solución no puede limitarse al aumento de policías o castigos. Aunque la aplicación de la ley es necesaria, también se requieren estrategias integrales: prevención social del delito, fortalecimiento de las fiscalías, profesionalización policial, combate a la corrupción, atención a víctimas, recuperación de espacios públicos, educación, empleo y participación ciudadana. Cada modalidad delictiva exige respuestas específicas; no es lo mismo prevenir un robo callejero que investigar una red de extorsión o un fraude digital.

En suma, las modalidades de la delincuencia en México reflejan la complejidad de un problema con raíces profundas que combina múltiples factores, entre ellos violencia, pobreza, desigualdad, corrupción, impunidad y transformación tecnológica.— Mérida, Yucatán

bramirez@correo.uady.mx

(*) Doctor en Sociología, investigador de la Uady

Deja un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *