Rolando Castillo Tun (*)
Fuente: Diario de Yucatán
“La corrupción de lo mejor, es lo peor”.- Gregorio Magno
Mérida, 6 de julio de 2026.- Cuando comenzaron sus campañas políticas los discursos estaban cargados de fuertes críticas al sistema neoliberal, a la forma de gobernar al pueblo y de hacer llegar los recursos a los más necesitados.
Decían que las instituciones habían sido secuestradas por la corrupción de funcionarios al servicio de intereses poderosos y que era hora de acabar con los privilegios de los altos mandos enquistados en las más emblemáticas dependencias como CFE, Pemex, Suprema Corte de Justicia de la Nación e INE.
Auguraban tiempos en donde la impunidad de los malos gobiernos acabaría, donde los políticos corruptos serían juzgados y sentenciados a cárcel por haberse atrevido a vender la patria.
Sus palabras fueron verdaderamente arengas que despertaron esperanzas en los ciudadanos, en todos aquellos que, marcados por la necesidad e indiferencia de las autoridades, vieron en los nuevos mesías la real instauración de una nueva época gloriosa.
Y fue así como la respuesta emitida a través del sufragio llegó para manifestar el deseo de ser gobernados por esta nueva generación de líderes bendecidos por la honestidad y pulcritud de su actuar.
Sin embargo, el tiempo nos ha conducido a contemplar una realidad distinta de las promesas vociferadas en sus campañas, la vida diaria nos ha ofrecido ser testigos de procedimientos casi idénticos o peores de los ejercidos por las autoridades del pasado.
Decían ser distintos, pero ¿cómo serlo?, si quienes hoy están en el poder únicamente cambiaron desesperadamente de color de partido para no quedarse fuera de alguna dependencia que les procure identidad y bienestar.
Si los hechos y discursos no coinciden con el entorno.
Mirar que un pato tiene la preferencia de la presidenta y no una madre buscadora, es ofensivo e inaceptable.
Cómo entender la superprotección a los gobernadores y funcionarios vinculados con el narcotráfico, cuando la insistente cantaleta es únicamente: “pruebas, pruebas”; en vez de tomar en serio la solicitud y aplicar las promesas de campaña de cero protección a los políticos corruptos.
Muchos quedamos atónitos a la constante evasiva de Claudia Sheinbaum ante los cuestionamientos sobre las problemáticas más urgentes de nuestro país; se desgastan horas en temas periféricos y pocos minutos a escuchar la crítica expresión de los ciudadanos que estamos inmersos en el mundo real y no en el diseñado para la mañanera.
Es también Yucatán, un reflejo de la misma ideología y cultura de la imagen, porque no basta con tener un nuevo edificio para la salud sino se procura lo necesario para su estable funcionamiento.
Si ha sido desde Palacio Nacional donde la creatividad de la megafarmacia, los carritos de medicamentos y otros experimentos simpáticos han servido de modelo de despilfarro para todos los otros estados de la república; en vez de escuchar las voces de los expertos en la materia y combatir directamente la problemática.
Como tampoco se solucionan los cortes de suministro de agua a la ciudadanía con préstamos millonarios si no hay seguridad de inversión de los recursos en obras que realmente garanticen el buen funcionamiento de las redes acuíferas.
Por lo tanto, nos encontramos en el período de constatación de aquello que nos prometieron, en la época de instauración de una transformación capaz de ofrecer seguridad, equidad y solidez económica especialmente para los pobres.
No obstante, una gran parte de los ciudadanos duerme aún el sueño de la confianza ciega y total en las dádivas proporcionadas con el fin de sostener la clientela electoral con miras a las próximas elecciones.
Por esto, mientras el pueblo no despierte, las falacias seguirán dominando el discurso, la mentira maquillada continuará siendo la verdad revelada y defendida por la autoridad, pero lo más peligroso será la implantación del autoritarismo cercenador de la libre expresión en nombre de la supuesta soberanía.
Ya bien declaró el escritor Francisco Martín Moreno en su libro: Ladrón de esperanzas: “Cada presidente cuenta con un período de gracia en el que su actuación es analizada minuciosamente por medio de una lupa en manos nacionales y extranjeras, insertos en un mundo globalizado.
No hay, no debe haber espacios para la desilusión ni para la frustración, ni podemos correr el riesgo de enfrentar un nuevo desastre que acarrearía consecuencias imprevisibles”.
Por lo tanto, despertemos y alejémonos del espejismo de una supuesta 4T, hasta hoy impuesta por la autoridad federal o estatal, ya que mirando con profundo detenimiento, los que pensamos eran mejores son ahora portadores de lo peor.— Mérida, Yucatán
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Sacerdote católico
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