Mirada antropológica
Rodrigo Llanes Salazar (*)
Fuente: Diario de Yucatán
En la bellísima y aclamada película “Retrato de una dama en llamas” (2019), Marianne, una joven pintora, debe retratar en secreto a la también joven Héloïse, quien, en contra de su voluntad, está a punto de casarse con un noble milanés. La directora de la película, Céline Sciamma, se ha referido al filme como un “manifiesto sobre la mirada femenina”.
Ganadora del premio a mejor guión en el Festival de Cannes de 2019 y estrenada en México el pasado mes de abril —en plena pandemia—, “Retrato de una dama en llamas” aborda efectivamente el intercambio de miradas de sus dos protagonistas mujeres. Pero la película también ha formado parte de la discusión en torno a la “mirada femenina” en el cine. En parte, el desarrollo de este concepto se ha inspirado en un ya clásico texto de la teórica del cine y feminista británica Laura Mulvey publicado en 1975, “Placer visual y cine narrativo”, en el que empleó el concepto de “mirada masculina” en el cine.
Basándose en el psicoanálisis de Freud y Lacan, Mulvey plantea que el inconsciente formado por el orden dominante —es decir, un orden masculino— “estructura las formas de ver y el placer en la mirada” en el cine. “En un mundo ordenado por la desigualdad sexual —escribe Mulvey—, el placer de mirar se encuentra dividido entre activo/masculino y pasivo/femenino. La mirada masculina determinante proyecta sus fantasías sobre la figura femenina que se organiza de acuerdo con aquélla”. Mulvey retoma una ilustrativa frase de Bud Boetticher: “Lo que importa es lo que la heroína provoca, o más bien lo que representa. Es ella, o el amor o miedo que inspira en el héroe, o la atracción que él siente hacia ella, la que le hace actuar en el sentido en que lo hace. En sí misma la mujer no tiene la menor importancia”.
Para aclarar, no es que en el cine con mirada masculina no haya mujeres mientras que en el cine con una mirada femenina sí las haya. Ni siquiera son los temas en sí mismos los que definen la mirada femenina, sino la manera en que son abordados. Por eso, la película “La vida de Adèle” (2013) fue severamente criticada por ser filmada desde una mirada masculina, incluso patriarcal, en el que la relación lésbica abordada en la cinta responde a las fantasías de los hombres heterosexuales.
A fines del año pasado, la BBC publicó una serie de listas de las cien mejores películas en diversas categorías, entre ellas las cien mejores dirigidas por mujeres. Al respecto, la propia BBC publicó un artículo en el que se pregunta ¿qué es la “mirada femenina”? En el texto, el editor de cine Phil de Semylen reconoce que es más fácil definir la mirada femenina por lo que no es: no cosifica la figura femenina ni la remplaza por personajes para las fantasías de los hombres, tampoco enmarca las escenas de sexo con temas comunes de la pornografía dirigida a hombres (BBC Culture, “Top 100 films directed by women: What is the ‘female gaze?’, 2019).
Tomemos como ejemplo el puesto número 2 de la lista de la BBC, la extraordinaria película de Chantal Akerman “Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce 1080 Bruxelles” (1975). En este filme se aborda meticulosamente la vida cotidiana de una mujer y sus quehaceres domésticos como la limpieza de su departamento o la preparación de la cena para su hijo. Jeanne, la protagonista, se prostituye, pero no vemos las escenas de sexo, solo sabemos que duran lo mismo que le lleva preparar una cena. Akerman logra una representación crítica del trabajo doméstico y del trabajo sexual al que han sido sometidas las mujeres, y la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir comparó el repetitivo trabajo doméstico de Jeanne con la tortura que sufre Sísifo.
Regresemos a “Retrato de una dama en llamas”. La película está ambientada en una isla al norte de Francia a fines del siglo XVIII. El estatus y la riqueza de la familia de Héloïse está yendo a menos, por lo que su madre arregla un matrimonio entre la hermana mayor de Héloïse y un noble milanés. Al inicio de la película nos enteramos que la hermana de Héloïse se suicida al arrojarse de un acantilado, por lo que ahora es ésta el prospecto para casarse con el noble milanés. Como parte del arreglo matrimonial, la madre de Héloïse debe enviar un retrato de su hija, pero ésta se resiste a ser retratada. Se niega al arreglo matrimonial, pero también a la mirada masculina.
Aquí es donde entra en escena Marianne, quien es contratada para hacer el retrato de Héloïse sin que ésta lo sepa. La madre de Héloïse le anuncia a su hija que Marianne es contratada como compañía y, así, las dos jóvenes dan caminatas en la costa, durante las cuales Marianne debe observar discretamente a Héloïse; debe estudiar sus rasgos y detalles en público, a plena luz del día, y pintar a partir de la memoria en privado durante la noche, a luz de vela.
Huelga decir que la cinematografía de la película —dirigida por Claire Mathon— es espectacular. Ver el impresionante azul del cielo y del mar en estos momentos de encierro es una dicha. Estos paisajes contrastan con los austeros pero íntimos interiores con luces tenues.
Aunque está situada a fines del siglo XVIII y algunos de los temas abordados —como el matrimonio arreglado— puedan parecer anacrónicos, la película aborda algunos de los temas que más ocupan a los feminismos contemporáneos: la crítica al patriarcado, el aborto —dos momentos climáticos de la película son, precisamente, la práctica de un aborto y una representación del mismo—, la sororidad en la que se borran —aunque sea temporalmente— las diferencias de edad y de clase, las relaciones lésbicas, entre otros. Estos temas son abordados sin demagogia ni melodrama.
Así, a pesar de que los hombres apenas están presentes en la película, la autoridad patriarcal forma parte del ambiente: desde luego, en costumbres como el arreglo matrimonial —a pesar de la voluntad de las mujeres—. Pero también en el campo artístico dominado por hombres —a Marianne, por ser mujer, no le es permitido pintar hombres y los cuadros suyos que son exhibidos llevan la firma de su padre—.
¿Es necesario recordar el cartel de las Guerrilla Girls en el que cuestionan “¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum?” En el cartel, las Guerrilla Girls nos recuerdan también que “Menos de un 5% de los artistas de las secciones de arte moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos”. En otras palabras, para la mirada masculina, las mujeres son musas, modelos o amantes, no autoras.
Desde luego, en la película también encontramos actos de resistencia y de determinación por parte de las mujeres, los cuales son fundamentales. Muy probablemente, la hermana de Héloïse se suicidó para escapar del matrimonio con el noble milanés. Héloïse, por su parte, se resiste a ser retratada para su futuro esposo. En la segunda escena de la película vemos a Marianne lanzarse al mar desde un pequeño barco, tripulado por hombres, para rescatar una caja con sus lienzos. El primer retrato de Héloïse que hace Marianne es cuestionado por la primera, a la que la segunda le responde que hay “reglas, convenciones, ideas”. Se refiere a la pintura, pero es claro que ambas desafiarán reglas, convenciones e ideas dominantes.
En un ensayo incluido en la edición de Criterion Collection (número 1034), la crítica Ela Bittencourt señala que la película “presenta el acto de enamorarse no a través de la lente de la conquista y posesión (una mirada esencialmente masculina, podría decirse), sino a través de la igualdad entre dos amantes, creando una realidad en la que cada una pueda ver a través de la otra”.
Desde luego, el problema de la mirada masculina y la mirada femenina va más allá del cine. Recientemente, en el contexto de la pandemia de Covid-19, algunas mujeres han declarado sentirse más liberadas al usar cubrebocas, pues no sienten —o sienten menos— la presión de sonreír, de ser complacientes con los otros, principalmente con los hombres.
Como explica un reportaje de “The New York Times”, no se trata simplemente de expectativas de la interacción social entre hombres y mujeres, sino también de asuntos laborales y profesionales, pues se espera que las mujeres que ejercen ciertos trabajos sonrían y sean “atentas”. Claro, esta liberación coexiste con la triplicación de las actividades domésticas y de cuidado realizadas por las mujeres durante la cuarentena, por lo que miradas críticas como las de Akerman y Sciamma, entre muchas otras cineastas, siguen siendo muy necesarias.
rodrigo.llanes.s@gmail.com
Investigador del Cephcis-UNAM
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