viernes , 24 abril 2026
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Rodrigo Llanes Salazar: Crisis climática y Tren

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Cuando era adolescente y escuchaba o leía la expresión “calentamiento global”, venían a mi mente las dramáticas imágenes de osos polares en bloques de hielo derritiéndose. Recuerdo cuando científicos y activistas ambientalistas advertían que si la temperatura aumentaba dos grados las consecuencias serían devastadoras.

En ese entonces, el calentamiento global parecía algo distante, ya sea en el espacio, en los polos que se encuentran muy lejos de la península de Yucatán, o en el tiempo, en un futuro en el que las principales víctimas del cambio climático serían las futuras generaciones, no la nuestra. Hoy, la situación es completamente distinta. El calentamiento global ya no me parece el escenario de novelas o películas de ciencia ficción postapocalípticas, mundos devastados, tóxicos, contaminados, en donde escasea el agua y apenas hay aire limpio para respirar. El ambientalismo ya no es una acción para reclamar solo por el bienestar de las futuras generaciones. El cambio climático y sus efectos devastadores son ya un contundente presente.

Aunque aún hay personas e incluso líderes políticos —entre ellos Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil— que niegan la existencia del cambio climático o minimizan sus efectos, en general, la conciencia ambiental se ha extendido, por lo menos entre las generaciones más jóvenes. La “Encuesta Intergeneracional Actualidad Latinoamericana GDA 2019” de “El Universal” señala que los dos temas que más preocupan a las generaciones “Y” (jóvenes de entre 24 a 36 años, los milénials) y “Z” (jóvenes de 23 años o menos) son la corrupción de los gobiernos y los daños al medio ambiente. Pero mientras que a los milénials les preocupa más la corrupción (77.8%) que a los más jóvenes (72.5%), a la generación Z le importa más el problema de los daños ambientales (77.1%) que a la generación Y (63.1%). No extraña entonces que sean personas muy jóvenes, como Greta Thunberg, quienes hayan protagonizado algunas de las protestas más visibles para exigir que los gobiernos actúen ya. Para esta generación, el cambio climático no es un problema del futuro, es su problema actual.

Jóvenes activistas como Greta Thunberg exigen la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, acabar con los subsidios a los combustibles fósiles, entre otras medidas. En contraste, la conciencia ambientalista en muchos sectores se ha expresado principalmente en medidas para reducir el uso del plástico. Desde luego, estas medidas son necesarias y bienvenidas, pero las acciones contra el cambio climático no pueden reducirse a renunciar a los popotes de plástico o a remplazar las bolsas de plástico por otras de cartón o tela. Se necesitan acciones más amplias y contundentes.

Ahora, en Yucatán, la pandemia de Covid-19 y la tormenta “Cristóbal” se han presentado como expresiones devastadoras del cambio climático. Aunque en realidad no hay consenso, algunos especialistas han vinculado el surgimiento de la actual pandemia de coronavirus a la creciente deforestación, la extinción de especies, la producción de carnes y derivados en granjas industriales, entre otras acciones que contribuyen a la aparición de nuevos patógenos zoonóticos. Por otra parte, diversos estudios científicos han documentado que los océanos se están calentando a una velocidad mucho mayor de lo que solíamos pensar.

Por ejemplo, Lijing Cheng y sus colegas publicaron un artículo el año pasado, en la prestigiosa revista “Science”, en el que señalan que los océanos se están calentando aproximadamente 40% más rápido de lo que había estimado un comité científico de las Naciones Unidas cinco años atrás. Cheng y sus colegas argumentan que este calentamiento ha contribuido a que incremente la intensidad de las lluvias, al aumento de los niveles del mar, a la destrucción de los corales, entre otros problemas (“How fast are the oceans warming?”).

En zonas húmedas, la combinación del aumento de la temperatura y del nivel del mar provoca más tormentas con una capacidad más destructiva, como han documentado numerosos artículos revisados por Camilo Mora y sus colegas en un artículo publicado en “Nature Climate Change” (“Broad threat to humanity from cumulative climate hazards intensified by greenhouse gas emissions”, 2018).

Asimismo, en un artículo publicado en la reconocida revista “Nature” a fines del año pasado, Timothy Lenton y sus colegas argumentan que los efectos del cambio climático han provocado que el planeta se acerce a “puntos de inflexión”, es decir, a cambios abruptos e irreversibles. Para Lenton y sus colegas, nos encontramos ante una “emergencia climática”, expresión que el diccionario Oxford nombró la “palabra del año” en 2019 (“Climate tipping points -too risky to bet against”). Gracias a trabajos como los de Lenton y a publicaciones como la de Oxford, cada vez hablamos más sobre “emergencia climática” o “crisis climática” y no solo sobre “calentamiento global” y “cambio climático”. Son palabras que expresan un mayor sentido de gravedad y urgencia.

Así, la organización Greenpeace publicó el pasado 12 de junio un comunicado en el que denuncian que las “inundaciones en la Península de Yucatán demuestran las graves consecuencias del cambio climático”. De acuerdo con Greenpeace, “con el cambio climático las tormentas son cada vez más frecuentes y violentas, lo que causa daños severos en las comunidades más vulnerables, que además han sido sistemáticamente despojadas de sus tierras para imponer megaproyectos turísticos o agroindustriales que agudizan la deforestación de la selva maya, tal es el caso de las granjas porcícolas”.

En su comunicado, Greenpeace advierte que el desarrollo de proyectos como el Tren Maya también pone “en riesgo a la región y al país”. Al respecto, el pasado 16 de junio, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) ingresó ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para la construcción del Tren Maya en la ruta Palenque a Izamal. Medios de comunicación como “El Universal” han reportado que, de acuerdo con la MIA, el gobierno desmontará “más de 11 mil árboles en fase 1 del Tren Maya”, incluyendo cinco especies que se encuentran en riesgo.

Fonatur ha respondido que es “FALSO que se vayan a talar 11 mil árboles. La MIA contempla 6,637 individuos arbóreos afectados en el tramo Palenque-Izamal. Habrá programas de reforestación y acciones de mitigación. No compartas #FakeNews, revisa la MIA por ti mismo y compruébalo”. Lo cierto es que el problema de los daños ambientales del Tren Maya van más allá de los 6,600 u 11 mil árboles que se talarán.

En primer lugar, no sabemos cuáles serán todos los impactos ambientales del Tren Maya, ya que no todo el proyecto contará con estudios de impacto ambiental. Sobre esta cuestión, Alejandro Olivera, representante en México del Centro para la Diversidad Biológica, explicó que solo se evalúa “un tramo de Yucatán a Chiapas. Esto es como construir un fraccionamiento y evaluar individualmente el impacto de cada manzana. Con ello es claro que la evaluación será de forma fragmentada y parcial del sistema ambiental regional de la península de Yucatán” (“Excélsior”, 18-6-20).

En segundo lugar, como se informó a inicios de mes, el Tren Maya usará diésel ya que, a pesar de ser altamente contaminante, es menos costoso que la alternativa eléctrica. Asimismo, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental ha advertido que el Tren Maya puede ocasionar diversos daños ambientales: además de la deforestación de 2,500 hectáreas de selvas húmedas y secas, tendrá impactos en Áreas Naturales Protegidas; ocasionará pérdida de hábitat, fragmentando y bloqueando pasos de fauna; contribuirá al desabasto de agua en zonas como Calakmul; generará ruido que puede afectar la orientación de murciélagos y otros animales, entre otros problemas.

Aunque los daños ambientales del Tren Maya se han advertido desde que se anunció el proyecto, la reciente publicación de la MIA del proyecto provocó que ayer se realizara una inédita marcha en Mérida en contra de la construcción del Tren. Como informó Diario de Yucatán, decenas de manifestantes, en su mayoría jóvenes, marcharon del Remate de Paseo de Montejo hasta el Monumento a la Patria.

En plena pandemia, las y los manifestantes marcharon con cubrebocas, guardando distancia, portando pancartas con consignas como “No al Tren Maya”, “Prefiero la selva maya”, “Prefiero la biodiversidad”, “El tren no es maya”, “La naturaleza se rebela, nosotros somos su voz”. Expresan el estado de emergencia climática en el que nos encontramos. “No estamos contentos de salir de nuestras casas, pero definitivamente esto es mejor que quedarse callados o cruzados de brazos, mientras estas injusticias tienen lugar en nuestra región”.

Suscribo sus denuncias y pienso que el proyecto Tren Maya —que no solo es un tren, sino una serie de centros urbanos y turísticos cuyos impactos desconocemos—, debe ser cancelado y los recursos deben destinarse para enfrentar la crisis actual de la pandemia y la crisis económica por venir.— Mérida, Yucatán

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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