Las consecuencias de un fallo
Antonio Salgado Borge (*)
Fuente: Diario de Yucatán
En diciembre cumpliré diez años ininterrumpidos como columnista en Diario de Yucatán y de trabajar en el ámbito académico. Mis incursiones en estos terrenos no surgieron de la nada, sino que fueron la consecuencia de la búsqueda de seguir los pasos de un puñado de individuos a los que, al menos desde mi adolescencia, crecí leyendo, escuchando y admirando.
Dentro de este grupo hay quienes, por su capacidad analítica, enfoque, congruencia y trayectoria, han marcado mi manera de entender a México y son mis referentes cotidianos. Probablemente la más relevante de estas personas es Sergio Aguayo Quezada.
Es natural, por ende, que encuentre aberrante el fallo de un tribunal contra Sergio por haber “afectado el honor” (sic) de Humberto Moreira. Hace tres años, este académico y activista afirmó que, ya sea por acción u omisión, Humberto Moreira tendría que ser considerado responsable de violaciones de derechos humanos ocurridas durante su gobierno en Coahuila. “Moreira es un político que desprende el hedor corrupto; que en el mejor de los escenarios fue omiso ante terribles violaciones a los derechos humanos cometidos en Coahuila, y que, finalmente, es un abanderado de la renombrada impunidad mexicana”, escribió entonces Aguayo.
En respuesta, este ex gobernador y ex presidente nacional del PRI demandó al académico por haber lastimado su “honor”. Originalmente, un juzgado falló a favor de Sergio, pero hace unos días magistrados de la sexta sala civil revocaron la sentencia para dar la razón al priista. La nueva sentencia concluye que Aguayo “ha causado daño moral” a Moreira Valdés, “afectando su honor”, por lo que se le condena a la “publicación o divulgación de la sentencia condenatoria a su costa, en los diarios “Reforma” y “El Siglo de Torreón”, y twitter personal del demandado Aguayo Quezada, al ser en dichos medios y formatos donde se difundieron los hechos y opiniones que constituyeron la afectación al patrimonio moral del actor…”
Por si esto no fuera lo suficientemente inverosímil, también se condena Sergio Aguayo a pagar 10 millones de pesos a Moreira “por concepto de daños punitivos”, además del pago de “gastos y costas (los gastos que se deben pagar en un proceso judicial) generados”.
Hay al menos dos motivos por los que el fallo de este tribunal constituye una pésima noticia para la democracia en México.
1) El primero surge del contraste entre los personajes involucrados. En tiempos donde se busca desde el gobierno federal imprimir la idea de un nuevo sentido moral en nuestra sociedad, el triunfo de quien representa la moral que se atribuye a los gobiernos anteriores sobre alguien que ha dedicado su vida al trabajo en pro de la democracia y el capital social positivo envía un mensaje contradictorio.
No me detendré en la trayectoria y reputación de Humberto Moreira pues, a estas alturas, son del dominio público. Para ilustrar, basta con considerar una sola nota de “The New York Times” (21/06/2016) donde se da cuenta de la multiplicación de la escandalosa deuda de Coahuila durante su gobierno, del uso de documentos falsificados en este proceso, del arresto de su encargado de finanzas por lavado de dinero y de la declaración de un empresario de ese estado sobre un supuesto arreglo financiero entre ambos. Y de que, sumergido en escándalos, Moreira tuvo que renunciar en 2011 a la presidencia del PRI.
En contraste, la trayectoria Sergio Aguayo es un camino de luces. Vale la pena revisar algunas con el fin de establecer nuestro contraste y de mostrar el perfil del individuo al que se está castigando. Sergio estudió una licenciatura en el Colegio de México (una de las instituciones educativas más prestigiadas del país. Sus estudios continuaron con una maestría (1975-1977), un doctorado (1977-1984) y un posdoctorado (1987-1988) en la Universidad John Hopkins (Estados Unidos), institución que ocupa la posición 12 en el ranking de universidades THE y la 24 en el ranking de universidades QS 2020.
Durante su carrera Sergio Aguayo ha acumulado 31 libros publicados y alrededor de 100 artículos académicos. La originalidad, calidad y productividad de sus investigaciones se ha traducido en 29 distinciones académicas nacionales y 24 internacionales. Otro importante reconocimiento a este trabajo consta en las invitaciones de instituciones del mayor prestigio mundial, como el puesto de profesor en la Universidad de Harvard (#3 en el ranking QS) que actualmente desempeña, o sus posiciones de profesor visitante en Universidad de Chicago (#10, QS) o en la influyente New School for Social Research, o su estancia domo Investigador visitante en The John Hopkins University y en la Universidad de Columbia (#18, QS).
Ahora bien, como parte de su trabajo periodístico, Sergio Aguayo ha escrito miles de columnas, reportajes y crónicas. Entre los medios internacionales que han publicado sus escritos están “The Guardian”, “Los Angeles Times” y “The New York Times”. Sus opiniones han sido consideradas en diversas ocasiones por medios como “The Economist” o “The New York Times”. En México, los artículos de Sergio Aguayo pueden ser leídos actualmente en “Reforma”, Diario de Yucatán y en otros periódicos. Sus participaciones imprescindibles en la mesa de análisis de Carmen Aristegui y en el programa Primer Plano en Once TV.
Finalmente, al trabajo académico y periodístico de Sergio Aguayo hay que sumar su decidida labor como activista en la defensa de derechos humanos. Ha sido presidente de organizaciones como Alianza Cívica y Fundar. Hasta octubre de 2016, había recibido 24 distinciones cívicas nacionales y 9 internacionales.
Que un tribunal haya considerado que uno de los principales referentes en activismo, academia y periodismo de nuestro país en el mundo —Sergio es referente en los tres ámbitos— deba ser castigado por ejercer su trabajo es fundamentalmente problemático. Que esta decisión sea para favorecer a alguien que, de acuerdo con lo reportado por medios nacionales e internacionales, cuando menos ha inspirado lo contrario envía un mensaje escalofriante y alienta a parte del capital social negativo que tanto daño a hecho a México
2) El segundo factor por el que la sentencia contra Sergio Aguayo es aberrante tiene que ver con sus efectos en la libertad de expresión en México. Recordemos que la causa de esta sentencia es haber dañado el “honor” (sic) de Moreira. De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México (ONU-DH), esto “afecta seriamente la libertad de expresión en México, en particular por el monto exorbitante que se le ordena pagar a un académico y periodista… La reacción cautelosa de la prensa ante esta sentencia puede ser una muestra de este efecto intimidatorio”.
Para la ONU-DH, el fallo contra Sergio Aguayo “puede tener un efecto silenciador para futuros señalamientos sobre la actuación de funcionarios públicos que pudieran tener responsabilidades en relación con violaciones de derechos humanos, debilitando la rendición de cuentas”. La justificación del fallo es relevante, pues “los estándares internacionales son claros y determinan que los procedimientos civiles deben incluir criterios que impidan que la protección al honor y reputación, bienes tutelados por los sistemas regional y universal de derechos humanos, se vuelva una herramienta de censura a quienes investigan e informan sobre las conductas de servidores públicos”. Y el fallo contra Sergio claramente apunta en este sentido.
Por los dos motivos anteriores, el fallo contra un reconocido activista, un exitoso académico y un crítico analista y a favor de un político como Moreira envía un mensaje que contrasta con el anuncio de un proyecto de nación que se presume distinto, transformador y renovador. Pero también sienta un precedente sustancialmente negativo contra la libertad de expresión y avisa cómo puede tratar México a la crítica ejercida con integridad, seriedad y profesionalismo.
La buena noticia es que la suerte todavía no está echada; en un proceso desgastante que puede durar varios años, Sergio Aguayo se irá ahora al amparo directo de la justicia federal y, muy probablemente, su caso terminará en la SCJN. En este camino, le envío a Sergio desde aquí un abrazo solidario con toda mi admiración y respeto. Si algo me queda claro es que a México no le hacen falta Humbertos Moreiras, y que le urgen más Sergios Aguayos.— Edimburgo, Reino Unido.
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@asalgadoborge
Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)
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