martes , 23 junio 2026
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Un minuto de gritos

Preguntas en espera de respuestas

Edgardo Arredondo Gómez (*)

Fuente: Diario de Yucatán

¿Qué puedo pensar a estas alturas cuando lo sueños se han roto, los anhelos están trastocados, cuando en cada gota de esta lluvia de muerte veo rostros conocidos?

¿Qué puedo elucubrar?, ¿acaso me lo podrán explicar? Mis sentimientos se revuelven en deforme amalgama en este fango de desesperanza, entre la rabia y el coraje.

Quiero un por qué, que me expliquen cómo una persona entregada a su profesión, enfermera responsable, excelente compañera de trabajo, en sus 27 años de servicio, en plena fase prejubilatoria, no le importó y estuvo al frente cumpliendo su trabajo en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

En tanto, su esposo, amigo y compañero de profesión, siguió su labor privada e institucional, con planes para la futura jubilación, después de haber cumplido con su ciclo de trabajo.

¿A quién le digo, con quién me desquito, quién me puede dar una explicación para mi colega, recuperándose del Covid mientras su esposa, madre de sus tres hijas, ya no está?

¿Qué puedo decirle a mi amigo, siempre de rostro sonriente, un buen médico, persona altruista, mi compañero de viaje en las campañas de cirugías extramuros?

¿Quién me puede decir cuándo va a terminar esta horrenda y macabra lotería?… ¿Lotería?, ¿en verdad está en manos del azar o solo es tripulada por el destino?

Pocas veces puede presentarse una situación en donde la disciplina destila, transpira, suspira por ser como nunca colectiva; en donde no puede existir un solo resquicio, donde la estúpida mezquindad de los de arriba y su falta de sensibilización, no vean la necesidad de poner en cintura a quien no entiende que esta pandemia es asunto y responsabilidad no de unos, sino de todos: ¡sí señores… de todos!

Un minuto de silencio… ¿en verdad un minuto de silencio?

Yo quiero convertir ese minuto de silencio en un minuto de gritos desesperados, colocar mis manos en el rostro emulando al siniestro personaje estampado en la pintura del Grito de Edward Munch, por todos aquellos que aún a estas alturas niegan la existencia del virus.

Quiero un minuto de gritos por los insensatos miopes que no pueden ver que la ley seca es para limitar la socialización que gira alrededor de las bebidas. Quiero lanzar un minuto de gritos por todos los que no entienden el por qué de un cubrebocas, el motivo de alejarse de sitios con aglomeraciones, que es mejor caminar que estar media hora en un paradero de camiones.

Quiero lanzar un minuto de gritos por aquellos médicos de escritorio, que no previeron, que se confiaron, que no exigieron un mejor plan estratégico; quiero lanzar un minuto de gritos y de desesperación por nuestras instalaciones hospitalarias, muchas de ellas auténticas y a veces elegantes cubos de varios pisos, sin ventilación natural, tan lejos del aire, negadas muchas de ellas de la luz del sol.

Quiero lanzar un minuto de gritos de impotencia por los médicos, las enfermeras, todo el personal de salud que están en la línea de batalla día a día, codo con codo, que se abstienen de ver a sus familias, que viven con miedo y se colocan una máscara para no solo protegerse, sino también para esconder su vulnerabilidad y los sentimientos que los doblegan.

Pero también quiero un minuto de gritos para los señores del poder; para el que dijo que esto solo era una enfermedad de “fifís” y que no le da a los pobres y que se cura con un mole de guajolote.

Quiero lanzar un grito por el médico merolico convertido en el zar del combate a la pandemia, que todas las tardes engatusa con sus números y trastocó su papel de previsor en torpe adivino; quiero lanzar un minuto de gritos para los líderes de las grandes potencias que juegan como si el planeta fuera un balón, en una loca carrera por ver quién es mejor.

Finalmente, quiero un minuto de gritos sostenidos, por quien ahora nos pide un minuto de silencio después de más de 67 mil muertos, y de haber dicho que este horror se evita con una estampa religiosa en la mano, denosta el cubrebocas y nos cambia a diario el tema de nuestros muertos, por la ocurrencia del día. Para él quiero el minuto de gritos más fuerte e incesante.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

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