martes , 21 julio 2026
Ultimas Noticias

¿Todas queremos ser solo esposas?

Angélica de la Peña

Fuente: El Sol de México

Conviene leer de nuevo a Betty Friedan para contestarnos si es verdad que la segunda mitad de la humanidad encontramos nuestra plena realización solo al ser esposas, madres y amas de casa, como el objetivo vital y esencial de nuestras vidas; bajo la premisa de que lo que pase en el mundo real es intrascendente y no es de nuestra competencia, dejándole todas las decisiones al esposo.

El idealismo de ese movimiento posterior a la Segunda Guerra Mundial, conocido como tradwife (esposas tradicionales), fue promovido por revistas, profesionales de la salud mental, las iglesias (particularmente las evangélicas) y también por el gobierno. Betty Friedan evidenció en La mística de la feminidad (1963, EU) —a partir del estudio de amas de casa de clase media dedicadas exclusivamente al hogar— que en realidad todas sentían frustración, ansiedad, depresión y un gran vacío, a pesar de tener un marido proveedor.

Friedan influyó en la segunda ola del feminismo y, con ello, en la exigencia del derecho de las jóvenes a asistir a las universidades, tener una profesión, usar la pastilla anticonceptiva e incluso a optar por no ser madres. Asimismo, impulsó la posibilidad de competir por un cargo en los ámbitos público y privado, exigiendo los mismos derechos que los hombres: ni más, ni menos.

Hoy la situación no es diferente. Quienes reviven el tradicionalismo conservador y religioso piensan que las mujeres no deben involucrarse en nada que no sea ser madres y esposas. Hace unos días en San Antonio, Texas, Erika Kirk —viuda de Charlie Kirk, asesinado en 2025 y fundador de Turning Point USA, una organización ultraderechista— revivió la propuesta del tradwife en el Women’s Leadership Summit. Este evento fue visto en varios países, entre ellos México.

No se puede negar que la pandemia causó una crisis en todo lo establecido y que, en ese contexto, revivir el movimiento conservador a favor de las «esposas tradicionales» puede generar simpatías. Sin embargo, esto también conlleva el riesgo de la eliminación del voto de las mujeres.

Cabe aclarar que esto no es una crítica a las mujeres que voluntariamente optan por dedicarse a la crianza de su familia y a las labores del hogar; esta actividad es sumamente importante y, por cierto, debe ser valorada como parte del PIB. No obstante, ante estos movimientos, debemos recordar que ningún derecho es inmutable. Aunque el derecho al voto de las mujeres se conciba jurídicamente como un precepto pétreo e intocable, si una mayoría en el Congreso vota por el «voto por familia» (household voting) para que quien lo emita sea el jefe de la familia —es decir, el marido—, nuestros derechos estarán en riesgo.

Aquí en México, ni tardo ni perezoso, un diputado local panista del Estado de México retomó la idea de un solo voto por familia para, según dijo, «evitar contradicciones dentro del mismo hogar», y lograr que prevalezcan los valores tradicionales y la unidad familiar. Todas entendimos que la consecuencia de su propuesta, además de callarnos, es eliminar el voto de las mujeres.

Más allá de que el PAN se haya deslindado de semejante sugerencia, es necesario mantenernos alerta sobre las reacciones en contra de la igualdad sustantiva y las decisiones de los partidos políticos para no cumplir con la paridad real, así como el peligro de llevar al poder a personas como el mencionado legislador.

Simular que se cumple con la paridad es el primer paso hacia una regresión que pondrá contentos a quienes, desde el ultraconservadurismo, quieren regresarnos al ámbito privado y doméstico. La consigna de «Ni un paso atrás», tengámoslo claro, no puede descansar.

(*) Defensora de derechos humanos

Deja un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *