viernes , 10 julio 2026
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Tenemos otros datos…

Edgardo Arredondo Gómez (*)

Fuente: Diario de Yucaán

 “El que de otros habla mal, a sí mismo se condena”.— Francesco Petrarca

Mérida, 10 de julio, 2026.- Parecía que ya se había superado cierto sesgo en la narrativa del actual gobierno, en cuanto al tema de salud. El 23 de junio, durante la “mañanera del pueblo”, recibimos un golpe de realidad. La presidenta hizo una serie de señalamientos que pudiéramos amablemente calificar de inexactos, al comparar la situación antes y después del 2018. Algunas partes medulares:

“…Con el adicional que decidieron contratar menos médicos especialistas o muy pocos médicos especialistas, con la idea de que había que crear médicos de excelencia…, y para crear médicos de excelencia…, pues había que hacer muy difíciles los exámenes para que no pasaran… Se forman más del doble de médicos especialistas de los que se formaban en el neoliberalismo…, porque era absurdo… eso de que eran exámenes muy difíciles…, en realidad querían que entraran muy pocos… para que todos se fueran a la medicina privada… esa es la verdad”.

Aquí le aplicamos el: “¡Yo tengo otros datos!” El sistema de residencias médicas se originó formalmente en abril de 1942. Inicia con la figura del “médico residente”, con guardias de 24 a 36 horas, sin remuneración oficial, donde el pago era la oportunidad de aprender. Hasta 1960 se establece la residencia médica con aval universitario. La gratificación logra una mejoría después de la huelga de 1965. Es en 1973 que se implementa el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (Enarm), el cual regula y selecciona formalmente a los médicos generales que buscan ingresar a una residencia con un examen de conocimientos en general, que actualmente aplica la aptitud clínica, explorando la capacidad reflexiva, de cómo se confronta el médico a las enfermedades, mediante casos clínicos reales de opción múltiple. Se pregunta sobre el diagnóstico, tratamiento (médico o quirúrgico), pronóstico, etiología y prevención de los padecimientos más prevalentes y urgencias médicas en México.

Desde el sexenio anterior se cuestionó dicho examen porque: “todos los médicos tenían derecho a hacer una especialidad”, porque se necesitaban más especialistas. Hemos puntualizado que entrar a una residencia médica no es asunto de tener derecho, sino de seleccionar a los mejores, puesto que la salud no es tema menor. La cuestión es que básicamente el examen es el mismo; lo que se hizo fue duplicar el número de aspirantes admitidos, para lo cual se estableció una rebaja a los promedios requeridos. El resultado es que tenemos médicos con bajas calificaciones (incluso reprobados) que fueron aceptados. Imaginemos la tormenta perfecta en unos años más: estudiantes que se formaron desde la primaria con déficit en lectura de comprensión, con pases automáticos obligatorios. Tendremos más especialistas con una formación insuficiente. La mediocridad: sello de la casa (médicos, maestros y abogados).

Antes de 2025, el número de aspirantes que ingresaba por año a las residencias médicas se mantenía por debajo de los 10,000 lugares, después dio un salto histórico a más de 18,000. Lo interesante es que todo esto expuesto ante la presencia del Dr. David Kershenobich (a quien personalmente admiro), egresado de la UNAM y del Instituto Salvador Zubirán, por supuesto, formador nato de médicos especialistas. Dejemos las cifras en un antes y después de la 4T, con 10 mil residentes y ahora con 20 mil.

Seguimos con las imprecisiones: La presidenta afirmó que “en el período neoliberal (1982 a 2018) se habilitaron solamente 4 mil camas de hospitales y que no se contrataron médicos”. Datos de estadísticas históricas del sector salud contradicen esas cifras: en este período el total de camas pasó de 59,066 a 85,656. En el sexenio de López Obrador llegó a 96 mil 988, un aumento de 11 mil 332 unidades (11.32%), solamente superada por la gestión de Salinas de Gortari. Falso que en 36 años de gobierno solo se tuvieran cuatro mil camas más. La suma total de nuevos espacios de hospital en ese lapso es de 30 mil 586.También hubo expansión de infraestructura y personal: las unidades médicas públicas crecieron de 10,166 (1982) a 35,398 (2018) y los médicos en el sistema público pasaron de 48,971 (1982) a 164,499 (2018). Lo anterior bien documentado por Debanhi Soto Lara en el portal “Verificando”, y utilizando fuentes gubernamentales.

Si partimos de estas cifras, para el 2018 el número de camas era de 85,656 y la cifra de residentes de ingreso fue de 10 mil, es decir a cada residente de nuevo ingreso le asignarían 8.5 camas y ahora con 96,966 y 20 mil residentes, hay uno por 9.6 camas, una más. Por cierto, actualmente en Yucatán en las tres sedes hay 87 residentes de Ortopedia en proceso formativo. De nuevo me pregunto: si algún día tendremos un hospital de Ortopedia y Traumatología.

Tener más especialistas no resuelve la problemática, construir hospitales, sobre todo inaugurarlos inconclusos desde el punto de vista administrativo y logístico, tampoco es la solución. Bajo el ambiente futbolístico, diríamos que no por jugar con once delanteros se va a ganar, y por tener más estadios, se disputarán mejores partidos, mientras persistan unidades hospitalarias con carencias de insumos y desabasto de medicamentos aun no resuelto. Se presume de alta tecnología cuando hay rezago en lo básico. Esto está permeando en el tipo de médico especialista que se está formando, y disculpen no es que se vayan a la medicina privada, a ningún médico le alcanza hoy en día con estar en hospitales públicos nada más y no olvidemos que la medicina privada también son los consultorios de las farmacias de la esquina. Por cierto, se habla de una cadena de farmacias como el principal proveedor para abastecer las recetas del programa “Salud casa por casa”. ¡Vuelve el subrogatorio! Por último, no fue gol de vestidor: ahora las compañeras enfermeras ya pueden recetar medicamentos. ¿Qué necesidad de cargar otra responsabilidad a este noble gremio?; con todo respeto: prescribir es el acto médico de decidir qué tratamiento, dosis y duración necesita un paciente, mientras que llenar una receta (o recetar) es simplemente el acto físico, administrativo y legal de plasmar esa decisión por escrito en un documento.

Vimos a una presidenta retomar un discurso con toda la marca de su predecesor, y además, teniendo datos que van de imprecisos a falsos. Este tipo de instrucciones para denostar a los adversarios políticos solo demeritan el golpe de timón que en materia de la salud se está intentado. ¿Quién asesora a la primera mandataria?— Mérida, Yucatán

(*) Médico y escritor

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