Edgardo Arredondo Gómez (*)
Fuente: Diario de Yucatán
- Los delitos deben ser calificados según el daño infligido a la sociedad. Cesare Beccaria
Mérida, 13 de julio, 2026.- Septiembre de 1985. Me enteré de los sismos de la capital, estando de vacaciones con tres compañeros en Isla Mujeres. Ese año entramos al Servicio Social, pero desde que era alumno de cuarto grado me había “regalado” a la Cruz Roja, así que ahí seguíamos cuando seis meses después llegó a la Delegación, en aquel entonces el edificio del centro de la ciudad, un camión repleto de medicamentos, insumos y diversos artilugios que “sobraron”, por así decirlo, de la extraordinaria ayuda humanitaria donada a nuestro país, de todas partes del mundo.
Recuerdo que todo el cargamento fue colocado en un cuarto trasero habilitado como bodega, justo detrás de donde estuvo el Banco de Sangre. Quedé impresionado: del suelo al techo estaban apiladas cajas de medicamentos, sobresaliendo antibióticos y analgésicos, suturas, vendajes, material de curación, incluso equipo de rescate (hasta tiendas de campaña).
¿Qué sucedió después?… Queremos pensar que el material aparentemente fue redistribuido, mientras nos quedábamos con las manos extendidas recibiendo a cuentagotas algunas migajas. Pasó el tiempo y fue entonces que nos dieron algunas cajas de antibióticos a nada de caducar o ya vencidos, algunas de analgésicos, algo de material de curación y hasta allí.
Presos de la curiosidad unas semanas después entramos a ver que quedaba y la escena fue lastimosa. El cuarto era húmedo, aquel edificio tenía muchas goteras; dispersos en el suelo decenas de suturas, vendas, gasas, incontables cajas de medicamentos caducados. Todo sucio en medio del agua y el lodo que se filtraba al llover. En pocas palabras: material que nunca se utilizó. Tal vez desde entonces sentí esa rabia por todo lo que se desperdicia, se acapara en forma mezquina o peor se hace un mal uso de algo que es imperdonable cuando son recursos para la salud, tan grave como lucrar o ser rastreros con los alimentos.
Tal vez por eso cuando fui madurando como médico me llevé la idea de no desperdiciar, de no desaprovechar nada. Así pasaron los años y en la recién inaugurada Delegación Oriente, en 1990, logramos hacer una minifarmacia con los medicamentos que nos donaban, la mayor parte del sector salud, nos dábamos el lujo de regalárselos a la gente necesitada; y debo decirlo: mis compañeras enfermeras del Hospital Juárez me juntaban las suturas que habían quedado con un solo empaque, no aptas para el quirófano, pero las remojábamos en cloruro de benzalconio y las utilizábamos; restos de clavos o material que pudiera reusarse.
A nivel privado, jamás he comerciado con alguna muestra médica, que son gratuitas y son para darles a los enfermos.
Tal vez esa perspectiva de mirar los recursos para la salud como algo tan valioso, tenga que ver en haberme quedado más que consternado por el reciente hallazgo de las autoridades de salud federales y la Secretaría Anticorrupción de más de 18 millones de piezas de medicamentos y material de curación caducados en el Hospital Infantil de México Federico Gómez.
Sí, leyó bien: ¡caducados! Con un costo aproximado de $121 millones. Ahí encerrados, escondidos, guardados, secuestrados, llámeles como quiera, y para que duela más, una cantidad aún no declarada de medicamentos oncológicos, sí, los mismos por los cuales padres de familia y organizaciones como “Nariz Roja” clamaban justicia, esos padres de familia que además de estar rotos por el sufrimiento de sus pequeños fueron denostados, maltratados, vilipendiados por la 4T, con el miserable de Hugo López Gatell que los calificó de “golpistas”. Sí, así de este tamaño, más de 18.4 millones de piezas, valuadas en $121 millones.
Los fármacos vencidos se acumularon durante varios años según señaló el Dr. David Kersenobich.
Hay un antecedente que no se puede olvidar: En septiembre de 2022 cinco millones de dosis de vacunas antiCovid fueron tiradas al drenaje, pues caducaron en junio. No me lo cuentan. Fui testigo a fines de mayo, cuando estaba en el Congreso de Ortopedia en la CDMX, había puestos hasta en las entradas del metro, aplicando el biológico por todos lados, el ejército, el personal sanitario; ya solo faltaba el “¡bara, bara, aproveche usted la oferta, la promoción!”.
Seamos más precisos: 3 millones 409 mil 440 de la marca Astra Zéneca, obtenidas por donación, resguardados en el almacén de Birmex y un millón 631 mil 610 de vacunas Sputnik, las cuales fueron compradas, y se encontraban en el Instituto Nacional de Virología.
Se eliminaron con el rigor requerido. Vacunas caducadas cuando gran parte de la población no estaba inmunizada, con un esquema que lamentablemente pudo haber sido mejor, con tan solo haber permitido a los estados manejarlo en forma independiente y se permitiera la comercialización por empresas privadas, y jamás sabremos cuánto se erogó, todo oscuro con el argumento que la información no se difunde por seguridad nacional.
El quebranto en la adquisición de medicamentos, para paliar el desabasto generado por el gobierno de López Obrador llega ya a casi $154 millones. La presidenta señaló que la investigación de cuándo se adquirieron, caducaron y si hubo dolo es llevada por la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, encabezada por Raquel Buenrostro, con las auditorías respectivas para deslindar responsabilidades por esta presunta falta administrativa grave.
Ante esta situación, la Secretaría de Salud anunció que los medicamentos distribuidos gratuitamente tendrán una leyenda impresa visible para evitar su comercialización ilegal.
Por si faltara algo en esta historia, un elemento más de incertidumbre: el Dr. Adrián Chávez López, director del Federico Gómez, en la actual administración, presentó un informe detallado en el que denunciaba este desfalco multimillonario por las medicinas vencidas y pagos indebidos entre 2020 y 2024.
Mientras él investigaba y denunciaba a una red de corrupción sindical interna, enfrentaba fuertes denuncias por acoso sexual y laboral (hay quien dice fueron fabricadas) y un paro de labores de los médicos residentes. Fue tanto el clima de tensión que, falleció a causa de un infarto a finales de mayo pasado. ¿Qué investigaba el Dr. Adrián Chávez? ¿Qué información se llevó a la tumba?
Aquí la pregunta es: hasta dónde va a llegar la indagatoria, cómo, a quiénes van a castigar; es la salud de los mexicanos, ni más ni menos. El temor es la impunidad…, ¡la maldita impunidad!, la misma que ha protegido escándalos como el de Segalmex.
Ya no sé ni como calificar esto…, me quedo corto al decir que es denostable, despreciable, condenable, vergonzoso, reprochable, execrable, abominable, atroz, repugnante, ominoso, nefasto, mezquino y todos los adjetivos que por educación no puedo escribir ni leer en voz alta.
Así la Medicina en los tiempos de la 4T. Nos prometieron un sistema de salud como el de Dinamarca. Nos conformamos con que nos devuelvan el que había antes del 2018.- Mérida, Yucatán.
(*) Médico y escritor
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