Federico Döring
Fuente: El Sol de México
Mérida, 7 de septiembre de 2026.- Claudia Sheinbaum dijo en su segundo informe: “Los servidores públicos tenemos la obligación de comportarnos con profunda responsabilidad, pero, al mismo tiempo, con sencillez y humildad. Durante muchos años, mientras millones de mexicanas y mexicanos trabajaban todos los días para salir adelante, el gobierno se fue alejando de la gente, de sus necesidades y de su realidad. Se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos, y se gobernaba para unos pocos. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación”.
Esas palabras hoy no valen la tinta en la que fueron impresas. La historia y los militantes del Cártel de Morena las han puesto en el cesto de la basura.
Un botón de muestra es la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, quien gusta de usar artículos de alta gama, como relojes Cartier, ropa Moncler, bolsas de diseñador y anillos con diamantes, valuados en cientos de miles de pesos, al tiempo que presume sus lujos en fotografías tomadas en yates, acompañada de su prometido, el procurador ambiental de Tlaxcala, Iván García Juárez, quien usa un Rolex valuado en más de 200 mil pesos.
La amiga de Josefina Rodríguez, también secretaria de Turismo, pero de Puebla, hace unos días presumió su asistencia a una boda en Asturias, España —cuando horas antes, según sus redes sociales, había estado en Tehuacán—, usando sandalias de la firma francesa Hermès, cuyo valor en el mercado supera los 22 mil pesos, y un Rolex con un costo superior a los 150 mil pesos.
El director de Birmex —empresa pública encargada de la importación, distribución, comercialización y gestión logística de medicamentos, vacunas e insumos médicos—, Carlos Ulloa, adquirió en efectivo dos departamentos que valen más de 22 millones de pesos, además de haber realizado 19 viajes internacionales, mientras los mexicanos siguen padeciendo la falta de medicamentos en las instituciones públicas de salud.
La gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, ha realizado 166 vuelos en aviones privados: 97 a su nombre y 69 a nombre de su esposo, Omar Terrazas García. La mayoría de estos vuelos han tenido como destino Orlando, Florida, y Vail, Colorado. La hora de vuelo en las aeronaves utilizadas —entre ellas, modelos Learjet, Gulfstream y Hawker— costaría, en promedio, 6 mil dólares, lo que situaría cada viaje a Orlando en alrededor de 406 mil pesos y uno a Vail en cerca de 812 mil pesos.
Los hijos de López Obrador, “Andy” y “Bobby”, se reunieron recientemente con Daniel Asaf, exjefe de la Ayudantía de la Presidencia, y dos empresarios de la compañía JDBL, cuyo giro es la importación de combustibles. La reunión fue en el restaurante Magazzino, en la colonia Condesa, que fue cerrado exclusivamente para ellos. Mientras afuera los esperaban escoltas en sus camionetas, adentro departían con vinos de más de 20 mil pesos por botella.
El gusto de “Andy” López Beltrán por la vida de excesos ya había quedado demostrado hace unos meses, cuando se reveló su viaje a Tokio —también acompañado de Daniel Asaf—. Se hospedó durante quince días en el Hotel The Okura Tokyo, uno de los más caros de la ciudad; pagó una cena de más de 47 mil pesos, compró ropa en la tienda de lujo Prada y adquirió una pieza de arte de Yayoi Kusama con un valor superior al medio millón de pesos.
Y así podríamos seguir con el viaje en primera clase de Layda Sansores a Madrid el mes pasado, donde se le vio comprando en la tienda departamental El Corte Inglés y en la boutique Gianvito Rossi; o con el impresentable Fernández Noroña, viajando por el mundo en primera clase a costa del Senado mientras fue presidente de esta Cámara.
El líder de la secta morenista, López Obrador, no se cansaba de pregonar que los funcionarios debían vivir en la justa medianía, con moderación y sin lujos. Hasta se atrevió a decir: “Si ya tenemos zapatos, ¿para qué más? Si ya se tiene la ropa indispensable, solo eso”.
Nadie le hizo caso, pero al menos durante el sexenio pasado los morenistas se esforzaban por evitar escándalos por sus excesos.
Ahora, en el sexenio de Sheinbaum, los morenistas no tienen ningún empacho en presumir que disfrutar de las mieles del poder ha sido el mejor negocio de sus vidas. Hasta parece una competencia por mostrar quién puede derrochar más dinero en excentricidades. Y de aquel par de zapatos obradoristas, pues ya nadie se acuerda.
La gran pregunta es: ¿por qué con ella ya no lo disimulan ni le hacen caso en sus exigencias de austeridad y con él sí lo respetaban a pie juntillas?
Vicecoordinador de los diputados del PAN
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