Edgardo Arredondo Gómez (*)
Fuente: Diario de Yucatán
- “La formulación de un problema es más importante que su solución”.— Albert Einstein
Méridea, 15 de agosto de 2026.- La escena se volvió viral. El hombre caminando en bata clínica, por momentos con cierto desparpajo; en la extremidad izquierda con un vendaje de Jones (algodón), del otro lado sosteniendo una bolsa de suero, a las afueras del nuevo hospital O’Horán, buscando el transporte para dirigirse a su domicilio.
La suerte del reportero: un videógrafo detectó lo que estaba pasando, y cubrió la nota. El paciente palabras más, palabras menos, decía haber abandonado el nosocomio debido a la falta de atención oportuna. Como suele ocurrir en las redes sociales, los comentarios iban desde lo desfavorable de la situación de la atención pública, pasando por la victimización no solo del sujeto en cuestión, sino también del mismo corresponsal que ya formaba parte de una estrategia conspiracionista.
Todo parece indicar que algo hace cambiar de opinión al lesionado que regresa al día siguiente. Ahora un nuevo video se hace viral, en donde en un ambiente de chacota y media, el hombre se desdice de todo lo dicho unas horas antes y termina reivindicando al nuevo hospital. Desde luego, una vez más, como suele ocurrir: comentarios a favor, en contra y hasta diríamos una “pamba” a la persona que aparece acompañando al prófugo.
El asunto no tiene nada de trivial, de hecho tiene muchas aristas, y hay una que para mí es la más importante y a la que quiero referirme, y es sin duda un factor que está contribuyendo a acrecentar un problema que no es exclusivo del nuevo hospital, sino prácticamente de todo el sector público, y en particular lo que concierne a pacientes lesionados.
A la par de un sistema de salud público saturado, con lastimosas deficiencias, desabasto de medicamentos y de insumos que en palabras del Dr. Julio Frenk ha ocasionado un retroceso de 40 años, se tiene por otro lado un tremendo contraste entre un espectacular avance tecnológico que, a su vez, provoca deshumanización, un nocivo mercantilismo y, lamentablemente, el riesgo de que las nuevas generaciones caigan en malas prácticas. Ya hemos comentado que, si este retroceso nos lleva a una medicina de cuatro décadas atrás, pues sería pertinente revisar: ¿qué se hacía en aquel entonces? y mi comentario va enfocado al tratamiento alternativo al quirúrgico: el conservador, en particular el ortopédico.
La situación ya es habitual. Pongamos el caso del paciente referido, que no está grave, que llega a un hospital público para atenderse. Fracturas en muñeca o un tobillo, que no forma parte de un politrauma.
A pesar de poder ser manejado en forma conservadora (esto es colocando un yeso, con o sin manipulación) se le dice de entrada que su caso es quirúrgico, que debe ser ingresado. Acepta, solo que con el detalle de hacerlo en un servicio de urgencias atestado de enfermos, los afortunados en camillas, algunos en sofás y una gran parte en una silla de plástico; por lo general, se les coloca un vendaje de algodón o una férula, se les canaliza (cuando esto en la mayor parte de los casos no es necesario) con el argumento de administrar analgésicos; si se trata de un tobillo: una caja para elevar la extremidad y así llevársela, muchas veces con la luz prendida las 24 horas, a veces con problemas para alimentarse o ir al baño.
Una prueba de resistencia que bien podría formar parte de un reality show; y así pasan las horas, los turnos, la respuesta es la misma: “cuando haya cama…, sube a piso”, y ahora se agrega un componente más: “solo que llegando a piso no hay garantía que se opere… pronto, puede llevarse hasta dos a tres semanas”. En efecto, esto lamentablemente es así, al menos en el IMSS. La consecuencia común y esperable, viene la “operación fuga”, como el caso descrito que es lo menos común, y lo más frecuente la sugerencia inducida, muchas veces por el mismo personal, de irse a operar a un medio privado, por supuesto con un “tufo de contubernio”. El detalle es que, si en efecto el paciente requiere manejo quirúrgico de una fractura aislada y no está grave, no tiene factores de riesgo, puede ser egresado para reingresar en una fecha programada para cirugía, y pasar en su domicilio esos días; pero también se da la situación del paciente ya en piso, que su cirugía no se lleva al cabo por falta de espacio o tiempo quirúrgico, pero además porque el médico asignado argumenta no operar si no tiene tal o cual implante o equipo de rayos X, señalando que no se hace responsable y caer en mala praxis por no contar con lo que solicita. Y aquí es cuando vienen situaciones que sin ser parte de un tema de brecha generacional, corresponde no solo a criterios sino a ser prácticos. De entrada, detectar los casos que se puedan manejar en forma conservadora y hacerlo; los resultados también son favorables y sin entrar en fatuos debates, no deben soslayarse las complicaciones inherentes a un acto quirúrgico.
Hay que analizar en forma crítica el problema y regresar a ser eficientes y resolutivos. Estamos hablando de la atención en hospitales públicos. Poner orden en el sentido de unificar criterios de manejo. En el IMSS se cuenta con las Guías de Práctica Clínica (GPC), entre ellas las de Traumatología y Ortopedia que comenzaron a emitirse de forma masiva y estandarizada a partir del año 2008, coordinadas por el Sistema Nacional de Salud y el Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud (Cenetec), órgano de la Secretaría de Salud de México, creado en 2004 que evalúa y gestiona tecnologías médicas y equipo. Útiles para orientar con las recomendaciones basadas en evidencia científica. Ayudan al personal médico a decidir el mejor diagnóstico, tratamiento y prevención de lesiones del sistema musculoesquelético, abordaje clínico y quirúrgico en adultos y niños. Hay que regresar a ellas y de ser necesario actualizarlas, con un sentido realista en un país donde no podemos jactarnos de procedimientos robóticos o cibernéticos de alto nivel cuando no podemos resolver lo básico.
En contraparte, desde luego, revisar un argumento muy válido de las nuevas generaciones que, se niegan a tal o cual manejo y temen una demanda. No olvidemos que la SCJN resolvió que se puede acusar directamente al médico que trabaja en las instituciones; la vía ordinaria es procedente en lo personal, para exigir la responsabilidad patrimonial del Estado procede la vía administrativa. Con la incertidumbre de cómo se impartirá la justicia, en la era del acordeón.
Ser resolutivos en el sistema de salud público es un tema prioritario.— Mérida, Yucatán
(*) Médico y escritor
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