viernes , 4 septiembre 2026
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Entre dunas, moches y mala praxis

Francisco Javier Rodríguez Vadillo*

Fuente: Diario de Yucatán

Mérida, 3 de septiembre de 2026.- Las Dunas de Pepe Chapur dejaron de ser solamente el nombre de un desarrollo inmobiliario. Se han convertido en metáfora de lo que hoy significa invertir en Yucatán.

Antes de colocar un simple chan block hay que sortear permisos, prevenciones, criterios cambiantes y funcionarios obligados a aplicar la ley, no a inventarla. Cumplir la ley ambiental no es negociable; tampoco convertir la tramitología en carrera de obstáculos.

Hace unos días estaba con mi hermano, un destacado empresario de origen libanés, en su templo del conocimiento y la sabiduría por City Center, bebiendo el champagne de Yucatán —coquita en envase de vidrio—, cuando, con sigilo de halcón, me susurró al oído:

— ¿Por qué no escribes de lo que está pasando en Yucatán?

Me comentó que Pepe le había dicho que yo no lo había defendido. Mi amigo le respondió que quizá no había leído entre líneas.

Y así fue. Mi postura estaba ahí, entre líneas. No a favor incondicional de un empresario o proyecto, sino de algo más importante: la certeza jurídica de quien invierte, cumple, genera empleos y arriesga su patrimonio en Yucatán.

He conocido expedientes que, al llegar a cierto escritorio, parecen entrar en otra dimensión.

En uno de esos casos —por prudencia omito nombres y ubicación— se presentó una Manifestación de Impacto Ambiental modalidad Particular. Después comenzaron, de manera desproporcionada, a solicitarse elementos propios de una evaluación Regional.

Para explicarlo sin doctorado adquirido en Itzimná: es como llevar un volchito al taller del maistro May y descubrir en la factura refacciones para un tractocamión Kenworth.

—Maistro May, pero yo traje un Volkswagen.

—Sí, arquitecto, pero son evaluaciones del taller.

Ni el volchito se convirtió en Kenworth al cruzar la sombra del jabín, ni una MIA Particular se vuelve Regional porque alguien ordene evaluarla como si lo fuera.

Eso ya no es una duna. Es el cerro de Muna, con demasiadas preguntas sin respuesta.

En este mundo de permisos he escuchado, a través de terceros, historias sobre cantidades que supuestamente facilitarían autorizaciones. En un caso se hablaba de siete dígitos.

Que un empresario crea que un permiso defendible necesita además el famoso “moche” representa una enfermedad institucional. Cuando aparece ese virus, desaparece la certeza jurídica.

El funcionario deja de parecer servidor público y comienza a parecer un mercader del sí.

El sí cuesta. El ma’ es gratuito.

Mientras no llega, la carpeta duerme congelada en Hielos Heredia.

Pierde el empresario, pero sobre todo pierde Yucatán: inversión, empleos e impuestos.

Pepe Chapur manda una señal más que preocupante: dejará de participar en un grupo de promoción de inversiones por lo que considera falta de seguridad jurídica.

Cuando un peso pesado del empresariado yucateco dice que ya no quiere invitar a otros a invertir aquí, Houston, we have a problem. Y el problema no es solo big: es very, very BIG.

Cuando las organizaciones empresariales y cívicas guardan silencio habría que preguntarse por qué. Quizá sea por aquello que gritaban en los estadios mexicanos hasta que la FIFA intervino.

Yucatán necesita inversión, empleos y empresarios dispuestos a arriesgar su taak’in aquí.

Existen tribunales, amparos y responsabilidad patrimonial del Estado. Pero ningún inversionista sueña con invertir cien millones de varos para pasar años litigando contra el gobierno.

La mejor política económica es sencilla: reglas claras, plazos claros, trámites simples, funcionarios elegidos por capacidad —no por parentescos o cuotas de partido— y cero gestores de milagros.

Donde debería haber una vía rápida como la Florida’s Turnpike rumbo a Sawgrass Mills —de esas que ciertos políticos conocían de memoria en Florida, aunque últimamente por el tema de las visas ya no esté para presumirse en sus redes—, malos funcionarios siguen levantando dunas burocráticas.

Querido Huacho: ya es hora de salir como Máximo Huacho Décimo Meridio, al frente de las valientes legiones de la costa de San Felipe hasta el Punto Put, con armadura, decisión y, si quieres, camiseta de algodón egipcio debajo. Como en anuncio de Bachoco: nohoches y bien puestos.

Póntela para que quien cumpla la ley invierta sin atravesar una duna nueva cada semana. Eso trae certeza y cientos de empleos.

Don Víctor Cervera Pacheco, amado u odiado, jamás de medias tintas, entendía esa parte del oficio. Cuando Yucatán necesitaba abrir una puerta, la pateaba como Bruce Lee.

Si seguimos colocando obstáculos donde debería existir una Autostrada del Sole, tendremos que esperar cuatro años más a que llegue La Chula a derribarlos.

Y conociéndola, sospecho que no utilizaría una humilde patadita protocolaria.

Sería una mawashi geri al estilo Van Damme o Jackie Chan, con buena técnica y mejor puntería… procurando que caiga justo al mentón del mentecato burócrata empoderado en cuyo escritorio, según cuentan, se pidió el famoso “moche”.— Mérida, Yucatán

*Ex presidente del Colegio Yucateco de Arquitectos, A.C.

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