Sara Lovera
Fuente: El Sol de México
No es ficción, aunque a veces lo parezca. La violencia machista dentro del hogar es una tragedia nacional de la que ni la sociedad ni los gobiernos se hacen cargo. Es la síntesis de las relaciones cotidianas de la vida en pareja, una realidad estudiada en todas sus aristas desde hace 50 años.
Estadísticas, estudios de caso, testimonios y una larga lista de delitos y protocolos son inútiles cuando urge una verdadera política pública, inversión y acciones integrales para detenerla.
La violencia en el hogar es la puerta, el aviso y la evidencia de hechos con consecuencias nefastas que pueden llegar al feminicidio. Sus víctimas ocupan camas de hospital y, frecuentemente, llegan a la morgue.
El violentador no es un enfermo ni un “monstruo”, sino un hombre común, pobre o rico, sin educación o con estudios de doctorado; vago o campesino, profesionista o técnico, obrero o supervisor. Son muchos, no todos, pero están en todas partes: en nuestras familias, en el trabajo; pueden ser padre, tío o hermano, industrial o comerciante. Su violencia deja heridas perennes en millones de niñas y niños que la presencian y la reproducen.
El fenómeno debe verse en profundidad, con políticas integrales. Ya es tiempo. Se les puede detectar fácilmente, porque un golpeador suele ser un mal trabajador, un patrón o jefe destructivo, un pésimo funcionario público, un manipulador político y un corrupto.
La ingeniera nuclear María Felicia Jiménez se atrevió a hacer públicos videos que documentan las agresiones que vivió a manos del doctor Víctor Rodríguez Padilla, reconocido experto en economía y política energética, colaborador durante más de 40 años del sector energético, profesor de posgrado, fundador y consultor de diversas organizaciones no gubernamentales, además de ex director de Pemex.
Los videos, viralizados, ocupan los comentarios de asombro e indignación. Saber que un respetable integrante del gobierno es capaz, simplemente, de golpear y arrastrar por el piso a su esposa revela a un hombre sin temor, un marido enojado que “perdió” los estribos —ahora sabemos también de sus corruptelas—, convertido en un destacado integrante del pacto patriarcal. Igualito al magistrado Filiberto Terrazas Padilla, acusado por Claudia Delgado en 2015 de golpearla y sacarla de su casa.
Semejante es el caso del ex edil y ex asesor legislativo de Morena, Óscar Edmundo Aguayo Arredondo, procesado por golpear a su esposa y regidora morenista en el Ayuntamiento de Guanajuato, Celia Carolina Valadez Beltrán. ¿Y olvidamos a Noé Castañón Ramírez, hijo del ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), acusado por su ex pareja, Mayte López?
La lista es interminable. No se respeta la Ley 3 de 3, que impide que cualquier violentador identificado llegue a una candidatura o a un cargo público. A las mujeres nos llaman privilegiadas por tanto andamiaje jurídico para prevenir y sancionar la violencia machista, aunque la sola acción judicial no es suficiente. En montones de casos, ellos son encubiertos por las autoridades, los partidos políticos y los sindicatos.
En el caso del exdirector de Pemex, a quien se le sigue proceso en prisión, se trata de una justicia selectiva, dice Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios, aplicada solo porque la denuncia fue pública y se viralizó, mientras millones de mujeres que piden protección no la consiguen y, muchas veces, pasan de víctimas a perseguidas.
Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran un aumento de la violencia dentro de los hogares, con cifras críticas: 750 casos denunciados al día. En mayo de 2026, el Informe de Violencia contra las Mujeres documentó 25 mil 470 delitos de violencia familiar. Es una cruda realidad. El Estado está rebasado; no puede o no quiere. La violencia machista se deja pasar como algo “natural” y cotidiano. Habría que trascender la indiferencia oficial para tomar en serio esta tragedia. De lo contrario, el discurso de paz y humanismo mexicano quedará en eso: en un discurso, nada más. Veremos.
- Periodista. Editora de Género en la OEM y directora del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y del Caribe, Semlac.
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