martes , 14 julio 2026

Pagar caro y vivir a oscuras

Francisco Javier Rodríguez Vadillo

Fuente: Diario de Yucatán

Mérida, 14 de julio, 2026.-  En la editorial “El calor no vota… los yucatecos sí” advertimos que, en Yucatán, la electricidad dejó de ser una comodidad para convertirse en una necesidad básica. Ventiladores, refrigeradores y aires acondicionados son indispensables para proteger la salud y sobrevivir a temperaturas capaces de derretir hasta las promesas de campaña.

También señalamos que las tarifas deberían considerar la humedad y la sensación térmica. Una cosa son los grados del termómetro y otra los que siente un yucateco intentando dormir sin aire acondicionado.

La respuesta institucional fue refrescante: un silencio tan profundo que ni siquiera necesitó ventilador.

El apagón del sábado 11 de julio confirmó que aquella exigencia no era exagerada. No fue una velada romántica ni un programa para fomentar la convivencia familiar. Fue la paralización de hogares, comercios, oficinas y talleres; alimentos perdidos, ventas suspendidas y aparatos dañados por variaciones de voltaje.

¿Quién responde por esas pérdidas?

La CFE posee una extraordinaria eficiencia selectiva. Para enviar recibos, aplicar recargos o suspender el servicio, funciona con precisión suiza. Pero cuando falla su infraestructura y amplias zonas quedan a oscuras, adquiere la velocidad de quien, tendido en una hamaca, apenas estira el pie para seguir meciéndose.

La electricidad puede ausentarse durante horas. El recibo, curiosamente, jamás sufre apagones.

Restablecer el servicio no borra las pérdidas. La CFE debe explicar la falla, evitar que se repita e indemnizar los daños comprobados.

El gobierno de Yucatán tampoco puede refugiarse en que “eso le corresponde a la CFE”. Representar al estado significa exigir explicaciones y demandar inversiones para modernizar la infraestructura.

Don Víctor Cervera Pacheco —amado u odiado, pero jamás a medias— habría pateado las puertas de Palacio Nacional hasta regresar con una respuesta. Nadie podía reprocharle falta de carácter para defender a Yucatán.

Y si para que lo escuchen el gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena —a quien aprecio y considero amigo— necesita tomar su guitarra y cantar, al estilo de Juan Gabriel, “Yo quiero ver de nuevo luz en toda mi casa”, que lo haga. Si la serenata incluye la voz angelical de su talentosa hermana María San Felipe, mejor todavía.

Que cante, gestione, reclame o lleve serenata a la CFE; pero que defienda a las familias. No puede permanecer como espectador mientras Yucatán paga recibos de primera por un servicio de tercera.

La amistad permite hablar con franqueza. Cuando el gobierno estatal evita reclamar para no incomodar al federal, su prudencia empieza a parecerse demasiado a la complicidad. La coordinación entre ambos funciona perfectamente, siempre que consista en coordinar el silencio.

El Congreso tampoco puede lavarse las manos, aunque algunos legisladores hayan convertido ese ejercicio en disciplina olímpica.

En septiembre de 2025, el diputado Álvaro Cetina Puerto, del Partido Acción Nacional, presentó un exhorto para revisar las tarifas y el servicio eléctrico. La propuesta fue desechada por el Congreso local el 14 de octubre. Morena y sus aliados pudieron respaldar una exigencia que afecta a familias y empresas, pero prefirieron impedir que avanzara.

Si eso es defender al “pueblo bueno”, entonces yo soy el Profesor Zovek, célebre escapista mexicano —para información de las nuevas generaciones—.

Quizá consideraron que los recibos elevados fortalecen el carácter, que los apagones fomentan la convivencia familiar o que sudar durante horas forma parte de la transformación nacional.

Defender al pueblo no consiste en discursos huecos ni sonrisas frente a una cámara. Se demuestra al votar y enfrentar al poder, incluso cuando viste los mismos colores del partido.

No pedimos electricidad gratuita ni privilegios regionales. Exigimos tarifas acordes con nuestra realidad climática y un servicio continuo, seguro y eficiente. Pedimos que la CFE cumpla con aquello que cobra.

El apagón del 11 de julio debe marcar un límite.

La CFE debe responder. El gobierno federal debe invertir y mejorar la infraestructura. El gobierno estatal debe defender a Yucatán. Y el Congreso debe explicar por qué prefirió apagar también el debate.

Las campañas de 2027 durarán unas semanas, pero las omisiones afectarán durante años. Los ciudadanos po drán olvidar discursos y fotografías sonrientes. Lo que no olvidarán es quién los dejó a oscuras y quién se negó a defenderlos.

Porque el calor no vota.

Pero los yucatecos sí.

Tenemos buena memoria y, a diferencia del servicio eléctrico, esta no se interrumpe.

En las próximas elecciones llegará otro recibo.

Y esa factura la pagarán en las urnas quienes hoy creen que gobernar consiste en apagar la luz, coordinar el silencio y hacerse patos.

Con una diferencia: Merlín nació así; ellos eligieron serlo.— Mérida, Yucatán

(*) Ex presidente del Colegio Yucateco de Arquitectos A.C.

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