lunes , 17 enero 2022
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Verificación de la 4T

Democracias bajo ataque

Denise Dresser (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Hoy, alrededor del mundo, las democracias se encuentran bajo ataque por líderes electos que retienen la fachada de la democracia mientras evisceran su sustancia. ¿Llegó el momento de sonar la alarma en México? Aquí un ejercicio ciudadano para saberlo, porque para impedir la regresión hay que identificarla.

Palomeé si la descripción corresponde con la realidad:

*El líder asegura que representa la voz del “pueblo”, emprende una cruzada contra quienes determina que no forman parte de él, y pinta a críticos u opositores como corruptos, golpistas, subversivos, antipatrióticos, o instrumentos de intereses extranjeros. Proclama que sus rivales representan una amenaza existencial a la “seguridad nacional”. Utiliza la narrativa de “ellos” contra “nosotros” en un amplio rango de temas, y vende a los competidores como enemigos y traidores. Explota agravios sociales legítimos para acentuar divisiones y polarizaciones preexistentes.

*El líder agranda la discrecionalidad del Poder Ejecutivo y asume control de la burocracia, el Ejército y el aparato de seguridad. Se arroga oportunidades para influenciar a los medios y a la economía. Se monta sobre o crea redes de empresas del Estado unidas a amigos/aliados/oligopolios en el sector privado que se vuelven vehículos para el patronazgo y la corrupción. El capitalismo de cuates se convierte en un componente central del control gubernamental, y el Estado mafioso se expande.

*El líder que llega al poder a través de elecciones democráticas ataca —desde adentro— a instituciones y normas, con el apoyo de alguna porción del electorado. Eso exacerba la disfuncionalidad del Estado, y aumenta la insatisfacción con el andamiaje institucional. La falta en la confianza en las instituciones se vuelve la justificación para la radicalización de las políticas públicas, y la captura del gobierno por sus facciones más extremistas.

*El líder logra la cooperación o el doblegamiento del Poder Legislativo, mediante la condescendencia del partido gobernante y sus aliados, que abdican a su papel de vigilancia y contrapeso. El Ejecutivo coloca trabas crecientes a la transparencia y la rendición de cuentas. Cada vez es más fácil desplegar recursos públicos para perseguir a enemigos políticos. Decretos, memorándums y órdenes van suplantando acuerdos y consensos legislativos.

*El líder rechaza o demuestra un bajo compromiso con las reglas democráticas del juego. Rechaza o viola la Constitución, utiliza métodos extraconstitucionales para otorgarle poderes a las Fuerzas Armadas y cuestiona la legitimidad de las autoridades electorales. Le importa más ganar que mantener el orden constitucional, incluyendo la integridad electoral, y por ello empuja reformas para asegurar la mayoría o la sobrerrepresentación de su partido. Con frecuencia recurre a ejercicios de democracia plebiscitaria para saltarse las normas acordadas.

*El líder promueve leyes que debilitan a la sociedad civil, y toma acciones punitivas contra críticos en partidos rivales, la comunidad científica y educativa, el movimiento feminista y ambientalista, o los medios, a los que intimida. El líder tiene lazos con grupos armados, fuerzas paramilitares u otras organizaciones que promueven la violencia ilegal. Tácitamente endosa la violencia de seguidores contra opositores de su gobierno y alaba a otros gobiernos que toman medidas represivas.

*El líder se aboca a destruir, debilitar o estrangular presupuestalmente a las instituciones de “rendición de cuentas horizontal” en el Poder Judicial, el Poder Legislativo, y las agencias nominalmente independientes como los bancos centrales, que —en ocasiones— se vuelven cómplices de su propia eutanasia política. Coloniza o elimina o desacredita a agencias especializadas del Estado encargadas de proveer datos objetivos sobre el presupuesto, el cambio climático, la salud pública y la evaluación de programas gubernamentales.

*El líder —un maestro de la ambigüedad y la ofuscación— erosiona la democracia de manera incremental, lo cual le permite ir avanzando sin resistencia más frontal o cohesiva. La subversión gradual de las instituciones permite al Presidente concentrar y acrecentar poder, logrando que la erosión democrática sea difícil de detectar y frenar hasta que ya es demasiado tarde, y el autoritarismo electoral regresó para quedarse.

Si palomeó uno o más, preocúpese.

Ático

¿Llegó el momento de sonar la alarma en México? Aquí un ejercicio ciudadano para saberlo.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

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