jueves , 8 octubre 2026

La paz se extingue

Rolando Castillo Tun*

Fuente: Diario de Yucatán

La Blanca Mérida, la pacífica Mérida; títulos que ennoblecían a todos los ciudadanos oriundos de estas tierras yucatecas, pero que actualmente han sido olvidados en su esencial establecimiento cotidiano.

Para quienes estamos acostumbrados a vivir en la relajante libertad que nos ofrece la paz, los recientes acontecimientos ocurridos en nuestro Estado han encendido alarmas de preocupación.

Porque de ser una comunidad abiertamente fraterna y promotora de valores trascendentales de sana convivencia, hemos optado por encarnar la lucha y violencia como actitudes inherentes a la personalidad del ciudadano yucateco.

Estamos relegando la hermosa fraternidad que nuestros antepasados nos heredaron a través de las fiestas, ceremonias religiosas y laboriosidad del día a día.

Y esto viene a tema porque al mirar las noticias y redes sociales, las escenas espantosas de la agresión y quema de una persona en el municipio de Chemax, en el oriente del Estado, consecuencia de una riña callejera entre pandillas denominadas: “Los sureños” y “Los norteños”, son claro exponente del grado al que la violencia está escalando entre nuestros jóvenes.

Si bien traemos a la memoria, el año pasado en el municipio de Tekit, se dio la muerte a otro sujeto por causa de la agresión y severas quemaduras, consecuencia del incendio con gasolina sobre su cuerpo.

Mas, no obstante, mirando a profundidad el actuar de las autoridades estatales, el miedo se agudiza, porque la indiferencia reflejada en el discurso y la instauración de acciones para combatir de raíz la brutalidad, resultan mínimas e imperceptibles.

Diera la impresión de que el manual ideológico implementado desde Palacio Nacional, el cual nos dicta que todo está de maravilla en nuestro país, es el mismo que ahora se aplica en nuestra entidad.

Porque no es posible que las crisis en rubros de seguridad, aplicación de justicia y exposición de los promotores de ventas camufladas de tóxicos estén en incremento.

De hecho, la reciente agresión perpetrada con arma de fuego a un individuo el pasado 2 de octubre en el fraccionamiento Montes de Amé, da testimonio claro de estar perdiendo el control de la seguridad y abriendo las puertas al crimen organizado.

Ciertamente los discursos oficiales pretenden maquillar el ambiente que prevalece en nuestros municipios y capital, pero es un secreto a voces el veloz aumento de corrupción e impunidad que en ellos hay; con tristeza se contempla el ascenso de la violencia en las fiestas tradicionales, la intensificación en consumo de substancias nocivas en los adolescentes y jóvenes, haciéndolos transitar por las calles como zombis sin rumbo.

Por lo tanto, resulta de urgente reflexión la toma de decisiones rigurosas en la implantación de métodos de acción para contrarrestar tan crudas realidades.

Nos prometieron, de parte del gobierno, la aniquilación de la corrupción e impunidad, pero el enquistamiento de la inmoralidad dentro del mismo sistema político está destruyendo la hermosa convivencia de la sociedad yucateca.

Veladamente la concordia en las instituciones y sociedad va desapareciendo poco a poco, el manejo deshonesto de programas y recursos económicos destinados al combate de los males generados por la descomposición del tejido social es un triste escenario ya implantado.

De tal forma que la exposición a ser víctimas de la política actual que privilegia y solapa a los malos funcionarios, e intenta reprimir a quienes en el ejercicio del derecho a la libre expresión denunciamos la oscuridad del gobierno y sus políticas, es indiscutible.

Por eso, analicemos a conciencia el poder que tiene nuestra próxima elección y sufragio para revertir el efecto de complicidad de nuestras instituciones gubernamentales, a fin de reivindicar la armonía y paz entre nosotros los ciudadanos y nuestras poblaciones.— Mérida, Yucatán

padrerolandocastillo@icloud.co m

*Sacerdote católico

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