domingo , 3 julio 2022
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La cara política más fea

Denise Dresser (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Todo por un beso en una película animada. Todo por una expresión de amor entre dos personas que resultan ser mujeres.

Eso bastó para mostrar la cara más fea del PAN y de los ultraconservadores con puestos en el partido. Diputadas panistas sonaron la alarma contra “el progresismo” y “la ideología de género” y el imperativo de no llevar a sus hijos al cine, para no exponerlos a imposiciones de “la izquierda radical”.

Y con ello desataron una oleada de odio a la diversidad sexual que revela cuán alejados están de imaginar un país incluyente. Evidenciaron por qué ese panismo angosto no podrá jamás ganar la elección presidencial en 2024, aunque vaya en coalición.

La oposición se saboteará a sí misma con el Efecto “Lightyear”. Las élites de Acción Nacional critican al lopezobradorismo por incitar el odio y sembrar la división, pero son incapaces de reconocer que hacen lo mismo. Refiriéndose a lo comunidad LGBTIQ como “seres antinatura” ante los cuales hay que “guardar principios” contra del “adoctrinamiento” que pervierte a “las familias normales”.

Manifestándose sobre temas de moralidad personal desde puestos públicos pagados por el erario. Demostrando cuán poco entienden sobre las nuevas generaciones y qué deben hacer como partido para tender puentes de acompañamiento y representación con las formas plurales de ser, ver, entender, hablar y amar.

Según una encuesta de El Financiero-Bloomberg, el apoyo de las y los jóvenes mexicanos a Morena registró una baja notable —de 48 a 35 por ciento— entre 2018 y 2021. El morenismo simula ser progresista pero en lo que calla y lo que dice, en lo que propone y lo que posterga, se somete a la prédica presidencial.

Y he ahí los resultados: una “transformación” mocha, macha y militarista. Un proyecto de “cambio” que no altera la realidad restrictiva sobre el derecho a decidir a nivel nacional, que no despenaliza ni regula la mariguana, que no asume el cambio climático como tema central de nuestro tiempo, que no protege la diversidad y la inclusión como podría, que no sanciona el acoso sexual o da prioridad presupuestal a las políticas de género.

AMLO hoy tiene más en común con Ronald Reagan que con Gabriel Boric. AMLO hoy coincide más con la mayoría moral panista que con la agenda progresista. Por eso, muchos votantes independientes, profesionistas, educados y jóvenes son políticamente huérfanos. No tienen a dónde ir, ni por quién votar.

Los panistas que optan por pelear batallas culturales, conservadoras y confesionales están restando en vez de sumar, están dividiendo en vez de unir.

¿Cómo puede el PAN pedirle a Movimiento Ciudadano que forme parte de la alianza opositora, si sus diputadas libran batallas para prevenir los besos?

¿Cómo ser opción para los jóvenes desencantados con la 4T, si el panismo pelea contra la diversidad y no a favor de los pobres?

La derecha no entiende que el PAN ganó la Presidencia cuando se convirtió en un “catch all party”. Cuando dejó de ser un partido de élites y se convirtió en un partido de masas. Cuando dejó de ser una coalición estrecha y se convirtió en una coalición heterogénea.

Fox obtuvo el voto de los liberales y los conservadores, de los izquierdistas y los derechistas, de los estatistas y los neoliberales, de los que van a la iglesia una vez por semana y los que nunca se paran allí.

El PAN era una organización ideológicamente compacta, pero en el año 2000 se transformó en una alianza ideológicamente dispersa. El panista promedio se volvió más liberal y más flexible que las élites de su propio partido. Agrandó su paraguas, pero lo ha ido cerrando desde entonces hasta encogerse a donde está hoy.

18 por ciento del voto. Igual que hace 35 años. Acción Nacional —aun como miembro de una coalición opositora— no volverá a ganar la Presidencia si no se sale del castillo de la pureza. Si no es capaz de diseñar una opción electoral amplia con el apoyo de múltiples mexicanos y mexicanas, feministas y ecologistas, ateos y agnósticos, homosexuales y heterosexuales, mujeres que aman a los hombres y mujeres que se besan entre sí.

No bastará con ser anti-AMLO si sigue siendo anti-derechos. “Va por México” no irá a ningún lado si un pedazo custodia los valores tradicionales y excluye a quienes no lo comparten. Si insiste en ser una fuerza política muy cerca de Dios, pero muy lejos de los besos que necesitaría para resucitar.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

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