miércoles , 30 noviembre 2022
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“La adoración del Cordero Místico” de los hermanos Van Eyck

  • La integridad del políptico se ha visto comprometida en varias ocasiones

Por: Franck Fernández Estrada(*)

Fuente: Diario de Yucatán

Si hacemos una encuesta ante nuestros allegados preguntándoles cuál es el cuadro más famoso e importante seguramente la respuesta será “La ‘Mona Lisa’ de Miguel Ángel”. Pero en pintura, como en casi todas las cosas de la vida, existe un “top ten”. Un lugar de honor es ocupado por un políptico (es decir, una obra formada por múltiples cuadros) que se lo debemos a los hermanos Hupert y Jan Van Eyck.

Para verlo es necesario desplazarse hasta la ciudad de Gante, en la actual Bélgica. Lo podrá ver en la hoy catedral de San Bavón de esa ciudad. He tenido la suerte de verlo dos veces en mi vida, siendo la primera de ellas de la mano de una gran conocedora, la madre de mi mejor amiga, mujer de enorme cultura.

El hecho de que hoy día podamos disfrutar de la belleza de este cuadro con nuestros propios ojos ya es en sí un gran milagro. Este cuadro ha sufrido un sinnúmero de vicisitudes desde que fue pintado. Fue robado 13 veces, tomado como garantía para el pago de un rescate, ha escapado de dos incendios, fue múltiples veces repintado para adaptarlo al gusto de alguna persona importante del momento y sus 20 piezas fueron repartidas por los cuatro puntos cardinales.

Hablar de “La adoración del Cordero Místico” es ardua tarea, sobre todo por su larga historia, el sentido teológico del cuadro en sí y por el valor pictórico de la gran obra de arte.

Fue encargado por el comerciante y político de la ciudad, Joos Vijd, y su esposa Elizabeth, lo que les permitió ser representados en ambos extremos de la obra. Es un políptico porque está formado por 12 tablas de roble preparadas y unidas todas entre sí, como en un vitral. Lo peculiar es que es la única obra del mundo que es un políptico formado por 12 elementos y 20 paneles. Los paneles centrales, que son los mayores, son fijos. Los ocho restantes, unidos en cuatro y cuatro, se pueden abrir y cerrar gracias a un juego de bisagras como si de ventanas se tratara.

Los dos postigos de la obra permanecían cerrados y se habrían para mostrar el interior de la obra en todo su esplendor y tamaño los días de fiestas religiosas y los domingos. Esto permite que haya paneles pintados por delante y por detrás dando una mayor vista a la obra.

El trabajo probablemente fue encargado en 1426, cuando Gante era una ciudad extremadamente rica gracias al comercio y a la producción de tejidos. Esta activa ciudad formaba parte de la Liga Hanseática, conato del capitalismo y la globalización.

La obra fue encargada a Hubert van Eyck, a quien se le debería la concepción de la obra y quien seguramente también trabajó en alguno de los paneles. Nunca los expertos podrán saber qué parte del trabajo lo realizó Hubert y qué parte Jan, su hermano menor, porque Hubert murió en 1426. El trabajo fue terminado entre 1430 y 1432. También queda claro que participaron miembros de su taller, al menos en la aplicación de los colores.

El cordero sacrificado

El tema principal y sobre el que gira la obra es el cordero que se entrega en sacrificio por la redención de la humanidad. Por cordero entendemos Jesús (Evangelio de San Juan 1:29,36, Apocalipsis 5-8). El panel central está rodeado de una serie de paneles que representan desde el pecado inicial de Adán y Eva hasta la presentación de Jesús en carnero sacrificial rodeado por confesores, padres de la iglesia, santas mujeres, coros de ángeles y otros personajes, todo pintado con una extraordinaria precisión y belleza. Se sabe que en su realización se utilizaron incluso pinceles de uno o dos pelos para representar los detalles más pequeños.

En el panel central de “La adoración del Cordero Místico” no existe perspectiva lineal, que para estas fechas ya había sido descubierta por los pintores italianos, sino que se encuentran en una perspectiva atmosférica, dando un espacio uniformemente difuminado por el color, la forma y también la textura. Todo eso da la impresión de que los personajes flotan en el Edén, todos atentos a la adoración del cordero.

Entre los personajes de los otros paneles aparecen Joos Vijd, su esposa Elisabeth, San Juan Bautista, San Juan el Evangelista, Apóstol, una escena de la anunciación con el Arcángel Gabriel y la Santa Virgen, al profeta Zacarías, las sibilas Eritrea y Camuna… Sobre la escena principal vemos a Dios Padre señalado por el dedo por San Juan Bautista. Aún los teólogos y expertos en arte no están de acuerdo es si realmente se presenta a Dios Padre o a Jesús. El Cordero de Dios se encuentra sobre un altar en el centro del panel. De una herida de su pecho, alusión a la causada por Longino, mana la sangre que se vierte sobre un cáliz, representación de la eucaristía.

La integridad de la obra, comprometida

Los avatares de esta obra durante su vida han sido muchos. Veamos algunos de ellos. Escapó de la iconoclastia durante la reforma de Lutero que se oponía al culto a las imágenes. El Ayuntamiento de Gante pretendió regalárselo en su momento a Isabel I de Inglaterra. Durante la invasión a Flandes posterior a la revolución de la francesa, los soldados franceses se lo llevan a París en 1795, siendo devuelto a la caída de Napoleón por solicitud expresa de Luis XVIII de Francia. En 1816 los paneles laterales, a excepción de Adán y Eva, fueron comprados por Federico Guillermo de Prusia y fueron expuestos en la Gemäldegalerie de Berlín. Uno de los puntos principales del Tratado de Versalles de 1920 posterior a la Primera Guerra Mundial trataba sobre la devolución de esta obra a Gante.

Durante la ocupación alemana de Bélgica en la Primera Guerra Mundial se ocultó para que no se lo robaran los alemanes. En 1934 se robaron los paneles de los Justos Jueces que tenía detrás el de San Juan el Bautista. Pronto el segundo panel fue devuelto a la catedral como muestra de que realmente los ladrones tenían el panel de los Justos Jueces. Nunca se ha podido encontrar este panel y lo que vemos en estos momentos en su lugar es una reproducción. Con el fin de que quede claro que es una reproducción, el autor agregó al rostro del personaje principal el rostro del Leopoldo III, rey de los belgas durante los años 1930.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue robado por los alemanes que lo llevaron al castillo de Enrique IV en Pau en previsión del gran museo que Hitler pretendía organizar con todas las grandes obras robadas al finalizar la guerra. Ante el evidente triunfo de los aliados, fue llevado con otras grandes obras de la pintura y escultura mundial, muchas de ellas robadas a ricos judíos, a unas antiguas minas de sal cerca de Salzburgo donde había una temperatura constante de 7°C y una humedad relativa de 70%. Fue descubierto por una brigada del ejército norteamericano dedicada especialmente a recuperar y devolver a sus originales propietarios todas las obras de arte robadas por los nazis. Hitler había dado la orden de dinamitar la mina para que se perdieran para siempre esas obras antes de caer en manos enemigas.

Gracias a una gran contribución monetaria de la fundación Getty de California, “La adoración del Cordero Místico” durante los últimos años ha sido sometida a un minucioso estudio con el fin de encontrar todos los lugares donde era imperioso un trabajo de reparación. Después de retirar capas de pintura, aceite, resinas aportadas durante los últimos siglos y polvo también se encontraron todas las modificaciones que, por gusto de las autoridades responsables del políptico, habían añadido. Es el caso notorio de Adán y Eva, que habían sido púdicamente ataviados con pieles de animales para ocultar su desnudez.

Pero el más flagrante de todos los cambios fue realizado aún en el siglo XV. Es el propio rostro del cordero. Alguien decidió que debía tener el rostro de un verdadero cordero con los ojos a ambos lados del rostro y un hocico prominente, propio de ese animal. Estos trabajos han demostrado que los hermanos Van Eyck le habían dado un rostro humano a este cordero, con ojos que escudriñan la mirada del espectador y un hocico que es más una nariz humana que otra cosa. Después de todo es el rostro del Señor el que fuera representado. Durante todos estos siglos hemos estado viendo una obra diferente a la concebida por los dos hermanos Van Eyck.

 Sinceramente esta inmensa obra, con dimensiones de 3.5 x 4.6 metros en su integralidad cuando se encuentra abierta, merece un estudio detallado por todos aquellos que aman la pintura, el arte, la historia y el simbolismo teológico que representa. Se puede ver hoy, siempre en la catedral de San Bavón, en la capilla original para la que fue concebida, la capilla dedicada al comerciante Vijd. Se encuentra detrás de un gran vidrio antibalas y protegida por todos los sistemas de seguridad que brindan las técnicas actuales. Sinceramente es una gran obra que todo ser humano debería ver al menos una vez antes de morir.

(*)Traductor, intérprete y filólogo,  correo electrónico altus@sureste.com

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