lunes , 17 enero 2022
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La 4T y el periodismo

Antonio Salgado Borge

Fuente: Diario de Yucatán

Letra escarlata

El Presidente ha decidido colocar la letra escarlata sobre Carmen Aristegui y la revista “Proceso”.

El ritual de colocación ocurrió durante una mañanera e incluyó un mensaje duro y revisionista.

AMLO envió a sus seguidores es el mensaje siguiente: no deberían titubear a la hora de poner a Aristegui y a “Proceso” en la canasta del periodismo enemigo. Estamos ante un periodismo cínico pues pretende ser objetivo, progresista e independiente para justificar el hecho de que no está “del lado del pueblo”.

El Presidente sabe que el principal obstáculo a que se enfrenta su mensaje es el lazo afectivo que unió a sus seguidores con Aristegui o con “Proceso” durante los últimos sexenios, cuando su periodismo crítico era un oasis para quienes se oponían a gobiernos derechistas corruptos o represores. Pero piensa que este lazo puede ser roto cuando se apela a su carencia de fundamentos.

Según el Presidente, “Carmen Aristegui pertenece al grupo que apoya al bloque conservador…La gente en nuestro movimiento pensaba que Carmen Aristegui era una periodista de vanguardia… yo tengo otra opinión… [cuando me entrevistaba] buscaba ponerme en entredicho como buena periodista conservadora”. Por su parte, “Proceso”, “ha tenido “una línea editorial que no es afín a la nuestra” desde los tiempos de Julio Scherer.

La revisión presidencial no deja margen para dudas. No es momento para sentimentalismos. Aristegui y “Proceso” hacen un periodismo tan objetivo como el de Carlos Loret de Mola, tan independiente como el de Joaquín López Dóriga y tan comprometido con las causas sociales como el de TV Azteca o Televisa; es decir, un mal periodismo.

De lo anterior se desprende que los seguidores de AMLO no tienen mucho que lamentar ante el rompimiento al que les exhorta el Presidente.

Pero hay una duda que si ha quedado flotando en el aire: ¿cómo determinar cuál es el periodismo al que deben acudir los seguidores del Presidente? Esta interrogante no es trivial. Si se va a estampar la letra escarlata sobre medios o personas con el prestigio y trayectoria de Aristegui y de “Proceso”, es necesario acudir a criterios para distinguir entre el buen y el mal periodismo.

El problema para el Presidente y sus seguidores incondicionales es que normalmente acuden a dos criterios que no pueden defender sin contradecirse.

El primer criterio consiste en tomar como referencia los tres valores periodísticos mencionados por AMLO cuando letraescarlatizó a Carmen Aristegui y a “Proceso”: objetividad, independencia, y compromiso con causas sociales.

Estos valores no han salido de la nada. Si bien establecer criterios suficientes para calificar como “buen periodista” implica un debate controvertido, es fácil aceptar que objetividad, independencia, y compromiso con causas sociales son valores necesarios para obtener esa calificación.

El camino se complica para el Presidente y sus seguidores cuando se revisa con cuidado su posición respecto a cada uno de estos valores.

La objetividad periodística es un criterio epistémico que consiste en tomar hechos como punto de partida y seguirlos hasta sus últimas consecuencias. Esto implica el reconocimiento y publicidad de eventos que pueden ser contrarios a los intereses de una persona o proyecto de gobierno. Y al menos hasta ahora, no he escuchado que el Presidente reconozca a algún medio, periodista, reportaje o nota crítico hacia su gobierno.

Esto significa que todo es perfecto en la 4T o que la objetividad no es un valor que se premie en el periodismo. Como lo primero es evidentemente imposible —ningún gobierno, por bueno que sea puede ser perfecto—, lo último debe ser cierto. Por el contrario, el Presidente suele considerar “objetivos” a medios como “El Soberano”, “Regeneración”, “Revolución 3.0” o “Sexta W”.

Probablemente hará lo propio con La 4TV, el canal de YouTube de la Cuarta Transformación que se anuncia como un espacio donde “cabrán todas las voces”.

La independencia tampoco parece ser un criterio disponible para el Presidente y sus seguidores. Para fines periodísticos la independencia relevante es aquella que se exhibe hacia los poderes políticos o económicos.

Sin embargo, el Presidente ha sido consistentemente claro. Para ser buen periodista es necesario estar “identificado” con su movimiento o ser fiel al mismo. Es decir, el “buen periodismo” implica una suerte de dependencia: se recibe ese título como premio a la adaptación de lo que se dice a lo que conviene al movimiento.

No se vale decir aquí que el buen periodismo es el que está a favor del pueblo. Este postulado es problemático por ambiguo. ¿Qué debemos entender por “pueblo? ¿Qué significa estar a favor de éste? Ciertamente sería inaceptable plantear que “estar a favor del pueblo” es sinónimo de “estar a favor del Presidente” porque la de éste es la voz pueblo.

Hemos visto que ni el Presidente ni sus seguidores pueden ser tomados en serio cuando utilizan el criterio basado en los valores objetividad, independencia o apoyo al pueblo. Por ende, sus críticas al periodismo de Carmen Aristegui o de “Proceso” por su supuesta traición a estos principios son, por decir lo menos, un despropósito.

Es momento de pasar al segundo criterio al que el Presidente y sus seguidores incondicionales acuden para distinguir al “buen periodismo”.

Este criterio implica tomar al toro por los cuernos y aceptar sin rubor el siguiente postulado: para calificar como “buen periodismo” es necesario y suficiente ser incondicional al Presidente y a su proyecto.

Algo similar parecen tener en mente algunos intelectuales de izquierda, como el “El Fisgón”. Para este histórico cartonista, el mejor periodismo es el que defiende fielmente a un proyecto en el que cree. Si se cree en AMLO, entonces se debe defender fielmente a su proyecto.

Respeto y admiro sinceramente a algunos de los intelectuales o periodistas que han aceptado este criterio. Sin embargo, considero que en este caso se equivocan rotundamente. El hecho de que un periodista esté convencido de un proyecto no es suficiente para hacerle buen periodista —ni, dicho sea de paso, para hacer de ese proyecto un buen proyecto—.

Por ejemplo, en Estados Unidos algunos reporteros y analistas creen genuinamente en los despropósitos y teorías de conspiración promovidos por la ultraderecha. Me cuesta trabajo aceptar que para El Fisgón y compañía estas personas, que dicen e inventan lo que sea necesario para defender al ultraconservadurismo, pueden calificar como “buenos periodistas”. Sin embargo, esto es lo que se sigue del uso de su criterio.

Otro problema es que este criterio para distinguir al “buen periodismo” presupone que el proyecto o y el líder que le dirige no pueden perder el rumbo. Los desvaríos o transmutaciones terroríficas no son ni inéditos ni disparatados. Pero siguiendo este criterio alguien se convertiría en “mal periodista” si dejase de defender sin reservas a un líder o a su proyecto.

Finalmente, la fidelidad periodística puede transformarse en complicidad fácilmente.

Muestra de ello es que durante el siglo pasado varios intelectuales y periodistas de izquierda defendieron a capa y espada a genocidas como Stalin y a Mao.

En este sentido, llama la atención la incapacidad de algunos periodistas de contradecir o criticar públicamente al Presidente cuando éste pone entre paréntesis ideales en nombre del proyecto. Esto explica su silencio o sus maromas retóricas para defender al Presidente cuando éste embiste contra periodistas verdadera e históricamente objetivos, comprometidos con causas sociales e independientes.

Confrontados con la necesidad de elegir si ser fieles al Presidente o a los principios exhibidos por colegas que en otros tiempos hubieran merecido todo su reconocimiento y respeto, algunos periodistas e intelectuales han optado por el Presidente.

Hemos visto que el Presidente y sus seguidores no pueden defender los dos criterios que utilizan para separar al buen y al mal periodismo sin contradecirse.

Esta contradicción es todavía más evidente cuando se consideran dos escenarios extremos.

Escenario 1. Imaginemos que el “buen periodismo” que defiende el Presidente triunfa y que se convierte en el único periodismo disponible en México.

Si este fuese el caso, todos los medios serían como “El Soberano”, “Regeneración”, “Revolución 3.0”, “Sexta W” o incluso “La Jornada” en su versión presente. Lo que tendríamos entonces sería sinfonía mediática de loas a la Cuarta Transformación y al hombre que ahora la encabeza.

Escenario 2. Imaginemos ahora que todos los periodistas en México son como Carmen Aristegui y que todos los medios son como Aristegui Noticias o “Proceso”. El resultado sería un universo de medios probadamente críticos e independientes de cualquiera que sea el gobernante en turno.

¿Cuál de estos dos escenarios nos ofrecería un mejor periodismo?— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo).

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