miércoles , 17 agosto 2022
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Ernest Hemingway y Cayo Hueso

Los amores del escritor y su Premio Nobel de Literatura

Franck Fernández Estrada(*)

Fuente: Diario de Yucatán

Es muy agradable poder viajar y pasearse por la Florida. Los atractivos son innumerables, amén de que es el paraíso del consumo. Uno de los mayores atractivos turísticos de este estado de la Unión Americana en el rosario de islas de se introduce en el Canal de la Florida, canal que separa este país de Cuba. Desde hace muchos años, estas islas están unidas por un gran puente hasta llegar a la más conocida de todas ellas, Cayo Hueso, Key West en inglés. También es la isla más al sur y en ella se encuentra el punto más meridional de ese país.

Durante el siglo XIX, muchos cubanos se asentaron en Cayo Hueso, dedicándose fundamentalmente a la fabricación de puros. Ellos trajeron el limón criollo o lima, ingrediente fundamental del postre típico del estado de la Florida, el South Florida Key’s Lime Pie. Importante fue la relación comercial entre el puerto de La Habana y el puerto de Cayo Hueso. Eso fue ya hace muchos años, antes de la degradación de las relaciones entre los dos países. Eso contribuyó a que se instalara una línea de ferris entre los dos destinos, así los visitantes podían visitar uno y otro país acompañados de su coche.

Del otro lado del Atlántico, para el final de la Primera Guerra Mundial, un Franco francés devaluado hizo que muchos norteamericanos viajaran periódicamente o de plano se instalaran en Francia. La década de 1920 fue la conocida como “los famosos años locos”. Esos años fueron particularmente locos en París. Fue de esa época que un joven norteamericano se instala en París, donde se casa con otra norteamericana. Estoy hablando de Ernest Hemingway que estaba llamado a convertirse en un gran escritor. El matrimonio de Ernest con Hadley Richardson pronto pasó a un triángulo amoroso, cuando la rica heredera Pauline Pfeiffer se empecinó en quedarse con el apuesto galán norteamericano. Después de un divorcio con Hadley, Ernest y Pauline se casaron. Al salir embarazada la segunda esposa, decidieron regresar a Iowa, junto con la familia de la feliz mamá, pasando por la Habana. Tenían la intención de llegar a Key West por el famoso ferri y atravesar todos los Estados Unidos en coche hasta Iowa. La idea inicial era quedarse solo unos días en Cayo Hueso, pero conocieron una hermosa propiedad que estaba en venta y decidieron comprarla.

Como casi todas las casas de Cayo Hueso, la casa en cuestión era toda de madera, construida en 1851. El generoso tío rico de Pauline pagó los 8 mil dólares que costó la propiedad y, después del nacimiento de su primero hijo, Patrick, vinieron al pequeño pedazo de paraíso que habían encontrado al sur del gran país. Hemingway tenía la costumbre de confundirse con los oriundos del lugar donde viviera. Cayo Hueso no fue la excepción. Tenía una férrea disciplina de trabajo. Se despertaba a las 6 de la mañana, tomaba un desayuno rápido y comenzaba a trabajar durante toda la mañana hasta la hora del almuerzo. Después se tomaba libre la tarde, dedicándose mucho a la pesca, pero también a visitar el Sloppy Joe’s de la Duval Street. El Sloppy Joe’s de Cayo Hueso era la continuación natural del famoso Sloppy Joe’s de La Habana, a tan solo unos pasos del Parque Central de la capital cubana, que se encuentra en la calle Zulueta. Fue reabierto no hace mucho, después de innombrables años de indolencia y olvido.

Fue en este bar de la Duval Street que se encontró con Martha Gellhorn y de ella se enamoró. Pauline se daba cuenta de lo que estaba pasando. Fue en esos momentos que Ernest Hemingway decidió partir a España donde se desarrollaba la cruel Guerra Civil de 1936 a 1939. Ese viaje era la escusa oficial de que iba a España como reportero de guerra. En realidad, lo que sucedía era que Martha Gellhorn ya lo esperaba en Madrid.

Los años 1931 a 1939, en los que vivió en su casa de Cayo Hueso, fueron los años más productivos profesionalmente hablando. Dentro de sus muros escribió su muy conocida novela “Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls”) que después fue maravillosamente llevada al cine interpretada por Ingrid Bergman y Gary Cooper. Durante el tiempo que estuvo en Europa también aprovechó para irse de safaris a África con el fin de cazar animales. Mientras tanto, Pauline estaba sola con sus hijos, Patrick y Gregory, el segundo hijo. Ella pensó que si le construía a su esposo una piscina en los jardines de su propiedad (la primera de Cayo Hueso), reflexionaría su esposo y volverían a una feliz vida familiar.

Sin embargo, los planes de Pauline se vieron trastocados. Cuando llegó Ernesto y supo del enorme gasto incurrido en la construcción hubo una gran disputa. El asunto es que en aquellas fechas no había agua corriente en Cayo Hueso. Hubo que hacer un sistema especial de purificación de agua de mar para alimentar la controvertida y costosísima piscina. Estos trabajos costaron 20 mil dólares, cuando la propiedad en sí solo había costado 8 mil unos pocos años antes. La pelea fue grande. Él le reclamaba quererle quitar hasta el último centavo. Sacó un centavo de dólar de su bolsillo y gritándole: -Si quieres de mí hasta mi último centavo, aquí lo tienes. Acto seguido se lo tiró al piso. Pauline recogió la moneda y decidió incrustarla en el concreto, al borde de la piscina, debajo de una placa de vidrio. Allí se encuentra todavía.

Otra cosa singular de esta casa son los descendientes de un gato que tenía Ernest Hemingway. El gato en cuestión se llamaba Snowball. Fue adoptado en la casa de Cayo Hueso porque siempre han sido buenos estos animales para tener a raya desagradables visitas de ratas y ratones. Lo particular es que Snowball y sus descendientes tienen seis dedos, es lo que se llama polidactilia. Snowball llegó al poblado porque Cayo Hueso era un puerto muy importante de paso de barcos y para los marineros tener a bordo un gato con polidactilia era como un amuleto de buena suerte.

Después se casaría con Mary Welsh Hemingway, también periodista como las precedentes. Con ella vinieron los años de residencia de Cuba, al sur de La Habana, en el poblado de San Francisco de Paula, en la Finca La Vigía, que es como se llama su paraíso habanero. Allí también trabajó Hemingway con gran disciplina, dejando sus tardes siempre para el descaso, los deportes, visitas a famosos bares y, en particular, la pesca el alta mar. Con el deterioro de las relaciones de su país natal con el país que había adoptado como suyo, la familia Hemingway tuvo que abandonar Cuba. Para Ernest fue un terrible golpe abandonar su casa, la Finca La Vigía, que era el paraíso. A partir de ese momento cayó en una gran depresión que, unida a su lamentable enfermedad, lo llevaron a cometer suicidio. Fue en La Vigía donde escribió su más conocida obra, El Viejo y el Mar. Esta novela le valió el Premio Nobel de Literatura de 1953. En esta novela, Hemingway narraba las experiencias de un pescador del pequeño poblado de Cojímar, al este de la ciudad de La Habana.

Si quiere ver personalmente la medalla de oro que Hemingway recibió en Estocolmo, solo tiene que ir a la Ermita de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, cerca de Santiago de Cuba, donde, como muchos otros, el famoso escritor americano de nacimiento y cubano de corazón la obsequió como exvoto a la Patrona de Cuba.

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(*)Traductor, intérprete y filólogo, correo electrónico: altus@sureste.com

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